Espectáculo muy pobre, toros parados, a la espera
Ferrera se arma de ilusión y oficio para salvar dignamente la papeleta
Calita, firme
Colombo se estrella con un sexto de sentido
Madrid, miércoles, 13 de mayo de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 5ª de feria. Soleado, ventoso. 18.848 almas. Dos horas y media de función.
Seis toros de Partido de Resina (antes Pablo Romero).
Antonio Ferrera, silencio y división al saludar tras aviso. Ernesto Tapia “Calita”, silencio en los dos. Jesús Enrique "Colombo", silencio tras aviso y silencio.
Brega sabia de Rafael González con el sexto.
DEL AIRE, ESTILO Y personalidad de los pablorromeros clásicos hubo detalles contados pero relevantes. Las hechuras y la seriedad. El brío general al asomar y emplearse en carreras vivas sin llegar a fijarse o tardando un mundo en hacerlo. Todos, con la excepción del sexto, que iba a convertirse y no para bien en el protagonista de la corrida. Fue el toro diferente. Y lo fue en todo.
Al caballo acudieron mal que bien, remoloneando en algunos casos, pero rindiéndose en el peto, salvo el cuarto, que se escupió de un segundo puyazo. Al sexto, emplazado de partida, tardo, escarbador, no hubo más remedio que echarle el caballo encima para tratar de sangrarlo. Después de picados, se pararon todos, salvo el primero, un toro de mucha agilidad que se revolvía en un palmo. El segundo fue andarín y mirón. Muy distraído, el tercero se amarró al piso. El cuarto, frenado, las manos por delante, pegó muchos derrotes. El quinto solo se empleó en medios viajes y nunca dos seguidos. No se llegó a ver en la muleta el sexto,
El primero fue pronto en banderillas. Los demás esperaron y forzaron pasadas y pasadas de los banderilleros sin clavar. Valiéndose de su oficio, Jesús Enrique Colombo, torero banderillero por excelencia, completó tercio con el tercero a base de llegarle mucho y de buscar toro por los dos pitones. Con el sexto no hubo manera. Tras vanos intentos por reclamar con la voz, y a pesar de los sabios capotazos de Rafael González para encelar al toro y sacarlo de las rayas, Colombo entró por la mano izquierda, pero se le fueron al suelo los dos palos. Al cabo de cuatro o cinco pasadas en falso, renunció y cargó el muerto a los dos peones en turno. José Manuel Mas hizo casi lo imposible: dejar tres palos. No es que el toro esperara, es que, resabiado, cazaba moscas. Fue, además, veleto, el más ofensivo de los seis. El trago fue amargo.
Ninguno de los toros descolgó propiamente, la cara por las nubes, pero Antonio Ferrera, paciente al límite, medio consiguió con tenazas sacarle al cuarto media docena de viajes limpios por abajo y por la mano izquierda. Hizo valer Ferrera su experiencia, su instinto de sabueso y su capacidad. También y sobre todas las cosas, su determinación, aunque sus dos faenas, las únicas de la tarde, se pasaran de tiempo. La del cuarto ganó en intensidad. Con gran habilidad, metió el, brazo para clavar trasera una estocada al primero. Y arriesgando, cobró una entera desprendida y ladeada con el cuarto, que tuvo muerte muy resistida. Ferrera renunció a descabellar y dejó al toro morir solo y de bravo. Su buena colocación y sentido de la lidia libraron de apuros a picadores y banderilleros. Una tarde más que suficiente.
Calita, firme siempre. se embarcó con el segundo en una faena justificatoria, honrada y fatigosa, pero sin brillo, convencional. Con el quinto, el que más arriba echó la cara en todas las bazas, lo volvió a intentar en serio, la muleta al morro, incluso cites frontales, pero para estrellarse con solo medias embestidas. A este toro lo mató por arriba de excelente estocada.
Parsimonioso y ligero, Colombo se peleó en tediosa porfía salpicada de tiempos muertos con el tercero. Luego, desalentado, abrevió con el imposible sexto.





