Un excelente tercero, un peligroso y fiero quinto y un cuarto pronto y noble
Román no remata con la espada una faena feliz
Oficio de Escribano, que cobra una de las estocadas de la feria
Para Pepe Moral el lote de sufrir
Sevilla, domingo, 26 abril 2026 (COLPISA, Barquerito).- 16ª de abono y última de Feria. Primaveral. 11.000 almas. Dos horas y cuarenta minutos de función.
Seis toros de Miura. El segundo bis, sobrero.
Manuel Escribano, ovación y una oreja. Pepe Moral, silencio en los dos. Román, ovación en los dos.
UNA CORRIDA MUY GRANDE de Miura. No solo el promedio de 630 kilos. Fue la alzada y cuando no la alzada, la anchura, los pechos, las culatas. Corrida bien armada, con más plaza que ninguna otra de la feria, que un año más cerraban los miuras. La reducción de la fiereza en Miura se deja notar. No tanta violencia como se gastaba. Ni mucho menos. Y, sin embargo, hay caracteres antiguos que se mantienen tan frescos como solían. Para empezar, la salidas: la manera de enterarse en cuanto se sienten los toros al descubierto en el ruedo. Enterarse y amenazar con volverse, descararse, buscar con la mirada en el tendido o por encima de la barrera. Y, además, guerrear cuando tratan de sujetarlos en el burladero de espera después de banderillas, donde es ya ley moderna cerrar por sistema los toros como si fueran a amarrarlos. Entonces respira el toro de Miura con acento fiero muy particular. El primero de la tarde saltó olímpicamente al callejón por la zona de sol, junto a la puerta de cuadras y cuadrillas. Fue el único de los seis que se pegó de cabezazos contra el peto de pica. Todos sin excepción fueron prontos al caballo. El segundo de sorteo se empleó tanto que se enceló un buen rato y perdió las manos tras soltarse. Fue devuelto.
Quinto y sexto aguantaron serio castigo en varas. El cuarto se pegó unas carreras locas con la misma velocidad con que lo miuras corren los encierros de San Fermín. El sobrero bramó de dolor o pena.
Los hubo cárdenos y castaños. Faltó el negro obligado. La pinta del cuarto, castaño muy oscuro, listón, bragado, no abunda en la casa. Tampoco su formidable anchura. Hubo, por lo demás, de todo un poco. Un tercero de notable estilo por las dos manos, embestidas acompasadas, humilladas y con una virtud casi exótica en Miura: alegría.
También fue muy noble el cuarto, que de salida había pegado algún porrazo. Fijeza y bondad, pero no poderes tuvo el primero, genio el segundo y dureza de pedernal, listezay sentido un peligroso quinto que bramó casi tanto como el sobrero, se revolvió por las dos manos y se defendió con una agresividad que los demás no tuvieron. El sexto, toro con recámara, tardo y segundas intenciones, fue, sin contar el quinto, el hueso más sensible de la corrida. Por la manera de medir. Con el toro de la alegría Román se entendió con su particular desenfado, buena colocación, la verdad de enganchar las embestidas por delante y ligar sin ahogarse, con facilidad y sitio. Y hasta un final en redondo de tres a cámara lenta. Música, una fiesta. Pero no pasó con la espada. Sí lo hizo, y con estilo de estoqueador con el sexto, al que nunca perdió la cara, sino que apostó en porfía de riesgo. A manos de Pepe Moral vino a parar el tremendo quinto, que solo se prestaba a un macheteo de urgencia y lo esperó a la hora de la igualada. Media muy habilidosa tras pinchazo y dos descabellos. Al sobrero le pegó de salida lances de muy buen aire y debidamente jaleados por la parroquia de paisanos de Los Palacios, donde tan sabrosos tomates. Demasiados cabezazos pegó el toro, que cortó en banderillas y topó bruzo en la muleta. Escribano, que ha convertido el irse a porta gayola en una automatismo y los tercios de banderillas en episodios complejos, tumbó al buen cuarto de una extraordinaria estocada sin puntilla. Según guion tantas veces repetido, faena sembrada de paseos y paseos, coreografía ensayada, donde hubo tandas buenas y algún muletazo de arte. Asentado siempre, se manejó sin sufrir con el toro que saltó, abusó de pausas, desplantes y guiños al tendido y atacó con la espada sin esconderse.
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Cuaderno de Bitácora.- En el pequeño escondite de la Sala X del Museo se exponen las tres obras que Zurbarán hizo por encargo para la cartuja de Santa María de las Cuevas.
Las tres son dignas de estudio. Te puedes sentar frente a ellas y mirarlas con la misma calma que despiden las tres. Como el ayuno y la abstinencia obligadas por la regla de la orden. La figura del Papa Urbano VI.que no es un retrato pero lo parece, es tan potente que se come la del propio San Bruno, que es el coprotagonista de la obra y de la serie. Los blancos de Zurbarán deslumbran.
Menos gente que otras veces en el jardín del Museo, donde los artistas y artesanos. Por la mañana, muchas maletas con ruedas por todo el barrio. Es ya un sonido de la ciudad.
San Eloy: cerró la Boulangerie de Colette, a la que tan fiel fui. Pero un desayuno a la francesa no podía competir con el sevillano de Doña Carmen o del Picadero, que ha cambiado de nombre y dueño. Ahora es Patio de San Eloy. Pero con más luz que el otro patio de la calle.
En las rebajas de la sastrería London se venden uniformes de sevillano a buen precio.
En el comedor de las Hermandades, la sucursal del Donald en Canalejas, un tentador menú: almejas al Tío Pepe.





