Con el mejor toro de la bella, desigual y diferente corrida de La Quinta
Rácano reconocimiento de los méritos del torero malagueño
El Cid en forma a sus cincuenta años
Notable toreo de capa de José Garrido.
Sevilla, sábado. 25 marzo de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 15ª de abono. Primaveral. 11.400 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función. Un minuto de silencio en duelo por la muerte de Alfonso Vázquez, mayoral de Fuente Ymbro, y el ganadero manchego Santiago Barrera, muerto por un toro ayer en los encierros de Beas de Segura.
Seis toros de La Quinta (Álvaro Martinez-Conradi)
El Cid, silencio y vuelta. Fortes, palmas y vuelta. José Garrido, saludos y silencio tras aviso.
ASTIFINA, en tipo y peso, muy bien hecha, la corrida de La Quinta fue una hermosura.
Un quinto cárdeno claro fue uno de los toros más bellos de la feria. No desdijo ninguno de los demás. En prueba de ganadería larga, cada uno de los seis, cárdenos todos, tuvo hechuras y hasta pintas propias. Un toro careto, el primero. Un segundo engatillado y de pelo más oscuro que ninguno. Un cuarto lucero, bragado corrido y jirón. Un sexto cargado de cuartos traseros más ofensivo que cualquier otro.
Fue corrida pacífica, de desigual empleo en el caballo. El tercero, que apretó de bravo de salida, el cuarto, que se arrancó de largo a la segunda vara, y el sexto, agresivo, fueron los de mejor nota en varas. El primero cobró tan solo dos picotazos, el segundo se enredó con las correas delanteras del peto y el quinto, el de más duración de todos, el de mas plaza también, se salió suelo nada más sentir el hierro.
No contaron los dos primeros, que encendieron las alarmas, Mansito inocente y endeble el primero, la carita alta, embestida al ralentí. Apagado, apenas medias embestidas regañadas y punteando el segundo. El Cid pareció darse importancia, pero antes de haber medido la fuerza del toro. Fortes cortó por lo sano cuando el toro empezó a venir al paso pero sin llegar a pasar. Luego empezó otra corrida.
Emplazado y abanto de partida, el tercero tomó capa con entrega y José Garrido, encajado y embraguetado, le sacó los brazos y se hizo querer. Justificada su fama de notable capotero. Probón en el comienzo de faena, el toro cabeceó al tomar engaño, la cara arriba, pero quiso bien después por la mano derecha. Por ahí fueron los momentos mejores de una faena con muletazos despaciosos pero deslucido remate. Se le hizo cuesta arriba a Garrido cuadrar el toro, que se le arrancaba cada vez que veía puesta por delante la muleta. Tres pinchazos y estocada.
El Cid abrió con el cuarto en los medios sin cata previa y en distancia. Le pegó dos celebradas tandas en redondo, ligadas, abriendo mucho al toro y llevándolo prendido. No tuvo el mismo aire una tercera y menos todavía una cuarta, con El Cid por su mano buena, la izquierda -casi una leyenda- pero ahora sin ligar ni terminar de ponerse. Al alargarse perdió la faena el rumbo inicial. Tal vez fuera toro de quince muletazos y ni uno más. El Cid le plantó un beso de mano en el testuz luego de acariciarle un pitón sin demasiada confianza. Una estocada de excelente ejecución.
Con el bello quinto llegó de mano de Fortes la faena de la tarde. Un ajuste como seguramente no se había visto en toda la feria. Nadie se había pasado tan cerca un toro ni tantas veces. Impávido, embraguetado, sin pestañear, ni una voz. Al ajuste y la firmeza se sumó un excelente juego de brazos y una muñeca bien domada para vaciar despacio las embestidas sin roces ni una sola rectificación cuando el toro amagó con venírsele encima, Ligada y seguida, lánguida manera. Un arranque de rodillas cargando la suerte, en pie hasta seis tandas de son creciente, las dos últimas, una por cada mano, las mejores. Igual de notables los cuatro muletazos con que logró la igualada. Media estocada apurada. Sonó la música, pero el reconocimiento no estuvo a la altura de la obra, Tal vez pesara que el toro se desparramara dos veces a lo largo de la faena, que fue en todo caso más una faena de Madrid que de Sevilla.
Garrido volvió a ganar crédito con el capote con el sexto, el de salida más alegre o más en Buendía de la corrida. Recibo y segunda parte antes de varas en los medios. Poco picado, un punto violento, no fue toro sencillo, pero se acabó templando al cabo de una prolija faena sin más brillo que una tanda postrera a pies juntos. Una estocada caída.
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Cuaderno de Bitácora.- Apenas puede leerse en la fachada de la Magdalena y a la izquierda de su formidable puerta tachonada el mármol que recuerda que en este mismo lugar, cuando todavía era convento dominico, fue consagrado en 1544 obispo de Chiapas fray Bartolomé de las Casas, "protector de los indios del Nuevo Mundo".
Sevillano ilustre y heterodoxo cronista de la Conquista de México. Al cabo de los siglos el estado de Chiapas sigue siendo un incombustible foco rebelde, pero por razones distintas a las que valieron al padre Las Casas su renombre. Polémica interminable. En Sevilla, pasto de curiosidad inagotable, se conoce bien el lugar donde yacen los restos de personas y personajes ilustres de la ciudad. Fray Bartolomé murió en Madrid ya de vuelta definitiva de su pelea en el Virreinato.
Poco después de mediodía ví que estaba abierta la iglesia, la parroquia de la Magdalena y entré. Creo que acababa de celebrarse un bautizo. Mucha gente joven, niños también. Muchas risas, porque Sevilla es la ciudad española donde más y mejor se ríe la gente. (Cádiz es de otro planeta, como diría Sara Morris). La gesticulaciòn de manos, especialmente la de las mujeres, es marca de la ciudad. El lenguaje de las manos, que no es lengua de signos, sino otra cosa. El templo es lujoso, Impecable la conservación, Una talla del XVI atribuida a un Cristóbal de Guadix. El Nazareno de las Fatigas, Con la cruz a cuestas y gesto desolado.





