Cogido al rematar con la espada una poderosa faena y corneado en el muslo derecho
Recompensa sentimental de dos orejas
Corrida de impropia conducta con un sexto peligroso
Sevilla, jueves, 23 de abril de 2026. (COLPISA, Barquerito).- 13ª de abono. Nublado, primaveral. No hay billetes. 12.500 almas. Dos horas y media de función.
Seis toros de Victoriano del Río. Tercero, quinto y sexto, con el hierro de Toros de Cortés.
Manzanares, silencio en los dos. Roca Rey, silencio tras aviso y dos orejas. Herido muy grave por el quinto. Javier Zulueta, silencio y vuelta.
Curro Javier, que reaparecía tras larga convalecencia, bregó a modo con el tercero y saludó tras prender al sexto dos pares de suma dificultad.
Parte facultativo: "Herida por asta de toro, en cara interna, tercio superior del muslo derecho que presenta una trayectoria total de 35 cm, con una descendente de 20 cm y una ascendente de 15 cm, que produce extensa rotura de músculos vasto interno y sartorius, disecando y contusionando en prácticamente toda su extensión el paquete vasculo-nervioso femoral superficial, sin producir lesión vascular. Exploración y lavado de herida, hemostasia de ramas vasculares femorales y musculares, aplicando hemostáticos. Se comprueba hemostasia efectiva. Drenaje aspirativo en ambas trayectorias. Aproximación de planos músculo aponeuróticos y piel. Pronóstico: Muy Grave,
PARA ABROCHAR en triunfo una faena a un quinto toro nada sencillo Roca Rey se echó con la espada literalmente encima de él. Salió de la reunión prendido por el muslo derecho. Prendido y zarandeado en unos momentos de angustia. Se tuvo desde el momento de la cogida la impresión de que la cornada -pendiente el parte médico- sería grave. En el traslado a la enfermería, muy cerca del lugar del percance, fue perdiendo mucha sangre. Probablemente porque la estocada cayó perpendicular, el toro, aculado en tablas, tardó en doblar y lo hizo defendiéndose.
En el recibo, por mandiles, la suerte en que mejor se compone, Roca dibujó dos medias al desmayo de buen aire. Buen aire tuvo el toro, pronto en el caballo, poco castigado y apenas sangrado en la segunda vara. Venido arriba en banderillas, apretó en los dos primeros pares y esperó en el tercero. Roca debió se sentirse obligado a apostar por él.
Era el segundo de los dos toros con que se había anunciado en la feria -dos más el pasado domingo de Resurrección- y, visto el balance de los últimos ocho días -Morante, Borja Jiménez, David de Miranda…-, no se podía ir en blanco la tarde, que venía torcida porque la corrida de Victoriano del Río, su predilecta de siempre, de pobre nota, no estaba dando la menor alegría.
Al toro que partió plaza, primero de los dos de Manzanares, le hizo un quite por saltilleras, tres con revolera y larga, toda una declaración de intenciones que tuvo rotunda confirmación no con el primero de lote, que se vino abajo a mitad de un largo trasteo desorientado, pero sí con este quinto que iba a venderse caro y a herirlo.
Los cinqueños de las dos ganaderías de Victoriano del Río suelen ser toros de mucha entrega. No este, un punto reservón, encogido por sistema. Roca abrió faena de rodillas por alto primero, en redondo después. Carnaza o no, fue un comienzo encendido y provocador que sacudió la modorra ambiental después de cuatro toros sin mayor historia. Y en seguida vino un trasteo de no poca tensión, de mano baja y poderosa, obligando al toro y trayéndoselo toreado. En distancia corta, donde se sentiría más seguro, firme de verdad, y sin insistir por la mano izquierda porque en el primer intento sufrió un desarme y en el segundo no quiso el toro. Con el desarme se paró la música -es castigo tradicional en Sevilla, y estaba sonando ese maravilloso pasodoble que es “Gitanillo de Triana”- y Roca tuvo que recomenzar para abundar por la diestra. En los pases de pecho, echó el toro la cara arriba, todo un aviso. En la segunda mitad de esa.segunda parte de faena Roca jugó con los circulares cambiados de rápido efecto, cosidos con el redondo en la suerte natural. Y un intento de trenza que no prosperó. Y al fin la estocada, la cornada y un triunfo manchado de sangre.
El toro que vino después, otro de los tres cinqueños, fue el más agresivo de todos, intratable por la mano izquierda, peligroso por la diestra. Un esfuerzo casi titánico del joven Javier Zulueta, tratado con particular cariño. A porta gayola había esperado al toro, que se le vino encima sin hacer por él, y le pegó lances muy airosos. Faena de tensión porque el toro desparramaba la mirada y al tercer viaje se enteraba y obligaba a Zulueta a rectificar. En el peligro venía la emoción propia del caso. Una estocada de mérito.
Ausente y desconfiado, inseguro, Manzanares pasó de puntillas, pero la gente se acabó enfadando con él. El hermoso jabonero cinqueño que hizo tercero se paró, pidió que le llegaran mucho -lo hizo Curro Javier con una lidia excelente- y se acabó frenando y sin pasar. Estocada y susto, porque el estoque de cruceta en un primer intento salió apalancado y rebotado al tendido. Y no pasó nada.
=========
Cuaderno de Bitácora.- La iglesia de San Miguel fue conocida hasta su derribo como "la parroquia" porque lo era de ese punto de Sevilla donde comienza el camino que lleva a la Alameda de Hércules, vulgo "la alameda". Creo haber aprendido (lección de Álvaro Pastor) que el derribo en los primeros compases de la Gloriosa -la revolución de 1868, que en Sevilla tuvo marcado acento anticlerical- se debió a un desmán municipal.
Las tallas de San Miguel, no sé si alguna pintura también y otra materia sagrada, fueron víctima de saqueo y se repartieron en distintos templos. En el de San Antonio Abad, donde la hermandad de El Silencio, están enfrentadas en un amplio zaguán y patio las de San Cayetano y Santa Rita. En el patio hay una mesa cantarera donde se alinean en los días de procesiòn búcaros blancos en hilera como los de los bodegones de Zurbarán.
En el lugar donde estuvo la Parroquia se alzó durante muchos años y hasta hace poco el edificio llamado "de los sindicatos". Cuando los sindicatos cambiaron de domicilio, un empresario guipuzcoano, de Loyola, entre Azpeitia y Azcoitia, construyó un hotel, levantado y concluido en menos de un año. Adscrito ahora a la cadena Sercotel. Todo a un paso: la plaza del Duque, Capitanía, La Campana, Sierpes, San Eloy, la Magdalena San Pablo, y a cosa de 300 metros el Donald.
En la esquina de la calle de Trajano, donde el hotel Donluciano, hay una pequeña imagen de San Ignacio de Loyola precisamente. Un santo que se libró de la quema de 1868, de infausta memoria para la Compañía de Jesús





