Rafaelillo, tras su brutal cogida en Pamplona: «Sentí el crac-crac y supe que el toro me las había partido»
Nadie se explica cómo el veterano torero de Murcia aguantó, sin apenas poder respirar, delante de la cara del toro que lo hirió hasta arrancarle una oreja: «Pensé en mis hijos, fui padre el 7 de julio».
Tiene ocho costillas rotas, siete en la derecha y una en la izquierda -"que me provocó el neumotórax"-, varias con doble fractura. Un parte de guerra aterrador, aunque un milagro también. Vivir para contar tan bárbaro percance es porque Dios así lo ha querido.





