Corrida tan seria como propicia de Victoriano del Río
El torero extremeño se entiende bien con un notable segundo y no tanto con un buen quinto
Castella se despide de Pamplona
Pamplona, 10 jul. (COLPISA, Barquerito).- 6ª de feria. Muy caluroso. 19.500 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función.
Seis toros de Victoriano del Río.
Castella, silencio tras aviso y silencio tras dos avisos. Emilio de Justo, una oreja y ovacion. Borja Jiménez, silencio tras aviso en los dos
LOS DOS TOROS de mayor volumen de la corrida de Victoriano del Río se jugaron por delante. El promedio de los dos superó los 600 kilos. Dieron muy buen juego. El primero, un señor toro, colorado, enmorrillado, remangado, tan astifino como los que fueron asomando después, codicioso y repetidor, se pegó dos costaladas antes de banderillas y pareció desinflarse después, pero humilló como los buenos. Ritmo constante. El segundo, colorado claro casi jabonero, capuchino y calcetero, atacado, corto de cuello, pudo con el tonelaje y fue toro de buen son.
Vivieron destinos distintos. Castella se embarcó con el primero en trasteo monótono de desiguales y flacos logros. De partida, muletazos de abajo arriba que sirvieron al menos para asentar al toro, más de acompañar el viaje que de dominarlo, hasta que pudo tomar algo de color la pelea. Péndulos y final de toreo del revés, un circular inverso y un desplante frontal sin trastos a toro parado. No hubo manera de cruzar con la espada. Cinco pinchazos, media atravesada, un aviso.
En un quite por chicuelinas de Borja Jiménez se dejó ver el gigante segundo. Vestido de sanferminero, estaba Morante invitado en el burladero de la Casa de Misericordia y Emilio de Justo le brindó la muerte del toro. Una faena bien planteada, apertura de doblones genuflexos bien tirados, elección de terreno fuera de las rayas donde el toro vino a gusto y pronto, y resolución sin dudas. Seguro y firme, poderoso y templado -una excelente tanda con la izquierda en el corazón de la faena, que rompió plena entonces- y listo para terminar a tiempo, rematar con manoletinas antes de cobrar una gran estocada.
Se aplaudió en el arrastre al primero. Y más todavía a este segundo.
Luego empezó el desfile de toros, cuatro, tres negros y un sexto colorado, que promediaron apenas los 540 kilos. La diferencia de caja y cuajo -una bajada de casi cien kilos entre segundo y tercero- no se hizo notar: la corrida vino entera muy armada por delante. Y más que cualquier otro, tercero y quinto. Los lotes se harían en función de la artillería. Muy frágil, seguramente acusando una lesión en frío derivada del encierro, el tercero, saludado por Borja Jiménez con dos largas cambiadas en tablas y apenas picado y sangrado, perdió las manos demasiadas veces. Los malos apoyos se tradujeron en cabeceos al revolverse. Todo lo cual condicionó una faena tesonera que solo tuvo brillo último en una tanda breve de naturales de frente precedidos de un molinete de rodillas. Una fea estocada chalequera soltando el engaño.
Cuarto y quinto dieron juego. El cuarto, veleto, encelado en el caballo, fue toro franco y noble. El quinto, con el que Emilio de Justo dibujó los mejores lances de la tarde -la verónica encajada de ajuste y brazos tensados-, se empleó sin duelo y fue claro por la mano derecha. Castella brindó al público, y se tuvo la sensación de que era su despedida de Pamplona. Emilio hizo lo mismo -va por ustedes- pero sin idea de despedirse sino de abrochar la tarde a modo.
Castella, fiel a una fórmula fija, firmó una faena maratoniana sembrada de pausas y 9cortes de fluido, sellada por los muletazos recortados y marcada por el tancredismo de última hora. Entre pitones el torero de Beziers sin que pasara nada. Media estocada. Se echó el toro, pero cuando Castella saludaba y se despedía desde los medios, se levantó y barbeó las tablas recostado en ellas. Sonaron dos avisos. Emilio se entendió enseguida con el buen quinto, lo pasó despacio por la mano buena, la diestra y, con todo el pescado vendido, tomó la decisión de cambiarse de mano, dejar al toro cambiar de terreno y de pronto se esfumaron las ideas y se cortó el hilo. No hubo modo de cuadrar al toro, Media estocada al fin.
Borja Jiménez le encontró el cómo al sexto toro, tan serio como el que más, y con la mano izquierda cuajó dos tandas de rigor. Faena declinante, sin embargo,. Toro a menos. Media defectuosa. Un aviso, Se sabía de antemano que iba a ser corrida larga.
======================
Cuaderno de Bitácora.- Donde más se notan las lluvias de invierno en Burlada es en La Nogalera, que es una suerte de parque salvaje, es decir, natural, sin demasiada huella humana. Está en la margen izquierda del río. Muy alta la hierba y más tupido que nunca el arbolado -fresnos, plátanos de sombra, supongo que nogales- y por eso puede echarse mano de la expresión clásica: "lugar ameno".
Ameno y solitario. No solo porque el parque es de fines de semana -hay veladores de madera con asiento de banca- sino porque ahora mismo se está construyendo un camino fasfaltado que suba hasta el llamado Mirador de Erripagaña.
Erripagaña es el barrio más moderno del municipio de Burlada. En lo alto del talud. Parece otro mundo. Si no fuera por la huelga de autobuses- "la huelga de las villavesas"- me habría acercado a conocer a estos nuevos vecinos que han cambiado el llano y la vega del Arga por la altura de la meseta, que es la meseta de Pamplona.
La vega: los huertos de Burlada, en el ejido de la villa, están cercados y custodiados. Habrán abundando los robos. Robar tomates, por ejemplo.





