Poderoso y seguro el torero de Gerena, que cobró una estocada de premio en su primer turno pero pinchó al encastado sexto
Corrida muy armada y dispar de Fuente Ymbro
Pamplona, lunes, 7 julio 2025, festividad de San Fermín. (COLPISA, Barquerito).- 3ª de feria. Primera corrida de toros para diestros de a pié. Nubes y claros, fresco. Llovizna a mitad de corrida. Lleno. 19.500 almas. Dos horas y diez minutos de función.
Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo)
Perera, ovación tras aviso y silencio. Talavante, silencio en los dos. Daniel Luque, silencio y ovación.
LA CORRIDA DE Fuente Ymbro fue de escalofriante escaparate. No solo el toro de Pamplona por excelencia. Lo fueron primero, tercero y sexto, seriamente armados.
También el feo toro cornalón -segundo y cuarto, por ejemplo-. que no lleva marca de destino: ni Pamplona ni Bilbao ni el nuevo o no tan nuevo toro de Madrid. A mitad de camino entre los tres de Pamplona y los dos de quién sabe dónde, un quinto playero y por eso descabalado.
Premiada como ganadería más completa de 2024 por el jurado de la Casa de Misericordia, Fuente Ymbro estrenó el título con una corrida de condición, hechuras y edad dispares. Tres cinqueños, separados por lotes. De agosto del 19, al límite de la edad reglamentaria, el abuelo, tercero de corrida, fue el más reconocible en el tipo clásico de la ganadería. El más liviano, 560 kilos. Castaño albardado. Y con todos sus respetos en la cara, un dije. Un dije y un monumental fiasco, pues, distraído de principio a fin, la cara por las nubes, no se empleó ni en una sola baza y por ganarse un título sería el de manso con avaricia.
A pesar de los pesares, Daniel Luque, todo suficiencia, se empeñó en darle fiesta y casi casi. Habría sido milagro, porque, más que embestir, lo que hizo el toro fue pasar topando y ajeno. El final de la película fue una estocada extraordinaria. La estocada que no llegó hasta el tercer intento cuando Luque vino a rematar con un bravo y algo correoso sexto la faena más redonda de la tarde, la más vibrante y brillante, la única que provocó tan a última hora de corrida. el consenso y la atención unánimes.
El toro fue de interés y factura particulares: corto de manos, muy hondo, espectacular colgajo, paliabierto y veleto, más armonioso que ninguno. Se empleó en el caballo, y fue en ese punto el único de los seis, de aire guerrero después de picado. Luque lo había fijado con lances mandones. Y el mando, el poder, iba a ser el sello de esa faena tan de su marca justamente por el poderío y la autoridad. Capaz de someter las tendencia del toro a soltarse a la querencia clásica de los toros de Pamplona -el portón de corrales- y de gobernar los viajes que tuvieron su punto de recelo y fiereza a la vez. La capacidad para tener al toro en la mano fue sobresaliente. Tres, cuatro tandas ligadas, abrochadas con el molinete de salida y, cosido con él, el de pecho. Frente a la puerta de chiqueros fue el final de faena, final algo tardío, porque el toro protestó cuando Luque quiso adornarse con el toreo en rizo del repertorio propio y tal vez por ese exceso, y por librarse el duelo en terreno tan comprometido, el toro lo esperó cuando atacó con la espada. Para entonces se había rajado el toro. La faena, con todo, dejó muy buen sabor de boca.
El toro que partió plaza y abrió la feria, de colosal pero armoniosa armadura, fue de una bondad inexplicable. Ricos galopes de salida, al trantrán propio del ritmo del encierro, fijeza en los engaños, humilladas embestidas con recorrido por las dos manos, nobleza. Tanta bondad fue en detrimento de la emoción del riesgo. Una de las paradojas de la bravura. Perera, elegante, concienzudo, seguro y firme, le pegó no menos de cincuenta muletazos de llamativa limpieza en tandas abundantes bien tiradas. El remate de faena con circulares inversos no estuvo a la altura del rigor previo. Media atravesada y un descabello. Con el cuarto, astifino desde la cepa al pitón, distraído y al paso, Perera se puso porfión a pesar de que el toro pedía una faena de castigo y punto.
El segundo, de balcón tan amplio que literalmente no cabía en la muleta de Talavante, punteó mucho, pareció acusar una lesión en una mano, enganchó mucho engaño y acabó frenado y a la defensiva. Dos horribles pinchazos en los bajos y media en los blandos.
El quinto fue el toro más elástico de los seis, pero también el más celoso y casi pegajoso. Toro pronto, descolgado en seguida, y ahora Talavante quiso, pero quiso más que pudo. Bueno el trazo de muletazos sueltos. Muchos pasos perdidos. Faena movidita. Y una estocada tras previo pinchazo.
La plaza estaba como suele el 7 de julio, día de San Fermín...Con todas las peñas de uniforme y en pie de guerra, cantarinas y festivas, solo entregadas cuando Daniel Luque sacó el bastón de mando. En el plebiscito habitual de la fecha, el alcalde fue pitado con fuerza. Y luego las peñas pitaron a los que pitaron al alcalde. O sea, San Fermín.
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Cuaderno de Bitácora.- El dilema de siempre: si hay o no hay más o menos gente en sanfermines que el año pasado. Las imágenes de la Plaza Consistorial a la hora del cohete -el chupinazo, que tanto se resistió a salir este año- no dejan lugar a dudas. Más. Parece imposible. Pero más. No recuerdo más resistencia ni mayor movimiento de masas cuando las brigadas de policías municipales tuvieron que abrir paso entre la piña compacta de cuerpos fundidos a los maestros de La Pamplonesa y la banda municipal de gaiteros atacando el "Ánimo pues", que es la primera banda sonora que identifica los sanfermines. Las imágenes de los gaiteros con su boina encarnada y las casacas de azul vergara no tienen precio. Las imágenes y el sonido porque ni La Pamplonesa ni los gaiteros pierden el compás cuando a marchas forzadas se abren por fin paso hasta la calle Mercaderes. La pena es que la Biribilketa de Gainza, en rigor la primera melodía de San Fermín, se haya tenido que interpretar en el zaguán del Ayuntamiento un año más.
Hay múltiples versiones en la red. Vale la pena. Los músicos de Pamplona están hechos de otra pasta. No es de ahora.
En Burlada reina un solano silencio natural impropio de un mundo urbano. Al crecer la ciudad se han ido apartando de la Calle Mayor, que es el centro natural, todas las nuevas construcciones y urbanizaciones. El nuevo poblamienro de Ripagaña o Erripagain sigue siendo término municipal de Burlada, pero parece otra cosa. Nos separa el río. El río Arga. El Arga separa más que une. Y eso no es propio de un río urbano.
En el Diario de Navarra apareció esta mañana una carta de lector protestando por los excesos de las nuevas urbanizaciones de Ripagaña. Un lío. En chino, un lío.





