TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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La puntilla a los toros. Artículo de Antonio Burgos. Diario ABC de Sevilla

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El toro bravo, con las medidas contra las corridas, va camino de especie en riesgo de extinción

Aunque se ha reconocido oficialmente que los toros son cultura y sus competencias han pasado al ministerio de tal nombre, a muchos aficionados le da la sensación de que el Gobierno está aprovechando el Covid para acabar con la Fiesta Nacional. Más por nacional que por fiesta. Y para dar la razón a los animalistas. Si en las medidas de ayuda que ha concedido Cultura en plena crisis ha tenido en cuenta al teatro, al cine, a la música, nadie se ha acordado de los toros, para deleite de antitaurinos. Al suspenderse las fiestas populares, la temporada taurina ha quedado inédita. Desde La Magdalena de Castellón, las Fallas de Valencia, la Feria de Sevilla o San Isidro en Madrid, no

se ha dado en España no digo ya una corrida de toros, sino ni una novillada sin caballos. Los ganaderos se han quedado con las corridas en sus fincas, sin embarcar camino de las plazas. Aunque sí camino de los mataderos, para sacrificar tanto toro que sobraba en las mil explotaciones de ganado bravo que mantienen la riqueza ecológica de la dehesa, que viene a ser como una inmensa reserva natural, un Doñana que no le cuesta al Estado un euro mantenerlo en su pureza natural. Los toros que no se han lidiado en Madrid o en Valencia han seguido comiendo pienso todos los días, con cargo al bolsillo del ganadero. Por eso estiman que al menos 10.000 toros bravos han sido sacrificados en los mataderos, en muchos de los cuales no admitían ya más animales bravos, porque no tenían capacidad de almacenar tanta carne. Ha habido ganadero de bravo que ha mandado al matadero casi la mitad de su cabaña, sobre todo de esos toros con cinco años que no pudieron lidiar el año pasado y que con una hierba más, con seis, no podrán servir ni para los por otra parte también suspendidos «bous al carrer», los toros de la calle de las fiestas del Levante español.

 

A pesar del IVA que dejan los toros a las arcas públicas, muy superior al que devenga el cine español, calculan que, sin recibir la menor ayuda oficial, más que los ERTE o los ICO que se haya buscado cada empresario, las pérdidas de las ganaderías de bravo son de al menos 77 millones de euros. Y la ruina personal de todo el mundo del toro, quitando a los cabezas del escalafón. No es Enrique Ponce todo lo que reluce. Los que lo han pasado y lo están pasando francamente mal, al borde de la ruina de sus hogares, sin que entre un euro, sin que nadie acuda en su ayuda, son los servidores de la Fiesta de los que nadie se ha acordado: banderilleros, picadores, mozos de espadas, veedores. El que Cañabate llamaba «el planeta de los toros» ha sido el gran ignorado, como la riqueza de las 220.000 reses bravas que antes del descaste de los embarques al matadero pastaban en las dehesas, de inmenso valor ecológico, mantenidas de su bolsillo por los ganaderos.

Y si durante los duros días del confinamiento nadie se acordó de los toros, al llegar la Fase 3 de la desescalada y volver a autorizarse los espectáculos públicos, peor que hayan considerado a la Fiesta. Ha sido para darle la puntilla. Mientras los cines y teatros pueden abrir al 50 por ciento de aforo del local, en las plazas de toros el decreto del Estado de Alarma exige que se garantice una distancia de seguridad de 9 metros cuadrados entre espectadores, cuando en la barra de un bar son sólo 2 metros. Coincido con Jesús Bayort: «Esto es una prohibición encubierta de los espectáculos taurinos». Las plazas de toros, con estas normas, difícilmente llegarán al 10 por ciento de espectadores. ¿Quién da toros así, con menos de un cuarto de plaza y un máximo de 800 espectadores en el caso andaluz? No sólo está en peligro la Fiesta, sino el toro bravo como especie única. El toro bravo, con las medidas contra las corridas y las exigencias de aforo, va camino de convertirse en especie en riesgo de extinción. ¿A que vamos a tener que acabar pidiendo para el toro bravo los mismos derechos que para el lince ibérico?

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