TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Enrique Martín Arranz, a corazón abierto: «Me llamaban el reventador». Diario ABC

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Apoderado de Joselito y José Tomás, desvela los secretos del toreo y los despachos y habla de la crisis actual: «Aquí somos culpables todos». Ahora se encuentra inmerso en un proyecto «para reformar el toreo por abajo»

Rosario Pérez...

Conoce los entresijos del toreo como pocos. No hay milímetro de los despachos que se le escape. En su época dorada, como apoderado de Joselito y José Tomás, Enrique Martín Arranz echó un pulso al sistema por el camino de la independencia. Ya no quedan Arranzs en el toreo dentro de un sistema en el que, como en las orquestas de pueblo, lo mismo uno canta que toca el saxo, que representa a un artista y monta el espectáculo. Apenas quedan hombres con tal libertad. «Me llamaban el reventador». Acertada o equivocadamente, hizo siempre lo que quiso, echó un pulso a los más fuertes y puso en jaque más de una feria. Aunque no descarta del todo volver al apoderamiento -muchas son las figuras que han llamado a su puerta y alguna también se la jugó-, su impulso y su ilusión se mueven ahora en el terreno de los novilleros, el peldaño más devastado de una Fiesta en la que, en lugar de mirar tanto por las goteras del tejado de los grandes, habría que mirar por el suelo, por sus raíces. Sin ellas, nada habrá mañana.

Al fondo del taurinismo, el eco de la voz de Curro Jiménez en una entrevista con José María Íñigo: «Hacer el bien sin hacer el mal... Quedándonos con la mitad». «Aquí nos gusta llevárnoslo rápido», dice Martín Arranz. No es el único que lo piensa, pero Martín Arranz no se calla y lo dice en voz alta. Esa es una de las riquezas de un rico del toreo, que no se «casa con nadie».

Su mente se centra casi al cien por cien ahora en sus Tauromaquias Integradas, en hacer un centro internacional, una escuela online y un circuito amateur por distintas plazas. «Yo quiero que los chavales salgan preparados, para plantar cara a Talavante y Roca Rey. Yo me he hecho rico con esto y me da pena ver cómo está el toreo por abajo, y por ahí hay que empezar a mejorar. Lo que se hace con los novilleros son auténticos crímenes, como anunciarlos sin apenas hacer en Madrid, con ese pedazo de toro y los chicos sin preparar. Que unas veces sale bien, sí, como a este chico de Toledo, al que aprecio (Tomás Rufo), pero ¿y si sale mal? Que es la mayoría. Quiero que los chicos tengan las oportunidades máximas, todos los que son hijos de y los que no lo son. A todas estas criaturas hay que formarlas muy bien para el futuro. No hay derecho a hacer lo que se les hace, y me da igual que digan lo que quieran; me enfrento al que sea, al de Madrid, el de Bilbao o el de Sevilla. Estoy muy indignado con esto. Si queremos que salgan toreros, no podemos mandarles antes de tiempo al matadero, ya se encargará la profesión, que es muy dura. Llevamos así desde que empezó la otra crisis con la escasez de novilladas. Hay que arreglar esto por abajo».

Durante el confinamiento, reclutado en su finca de Talavera de la Reina, pasa horas y horas delante de folios, con ideas y documentos en los que trabajan otros más de doce discípulos, desde un inspector de trabajo a un veterinario, desde un abogado a un biólogo. «El 27 de junio hará cuatro años que Manuela Carmena nos echó del Batán», señala. Con ese aire al oscarizado Joe Pesci, asegura que no le pararán y persigue el sueño de la vuelta de la Escuela «al lugar de donde los chicos nunca debieron salir».

He empezado por el final de la conversación. Son ya casi las ocho de una tarde de domingo. Una tormenta de imponente trapío ha caído sobre Madrid. «Como se atreva a publicar todo esto, a mí me echan los taurinos y a usted la despiden», me dice. «Tranquilo, en ABC tenemos libertad». Casi cuatro horas antes, he llamado a Enrique Martín Arranz, hace tiempo que quiero entrevistarle. Me lo coge al tercer tono. Seco su tono primero. Hace años que no hablo con él, quizá desde su época activa como mentor. No ha sido hombre de muchas entrevistas en profundidad. Tras el saludo, aún sin preguntas -la realidad es que apenas habrá en una jugosísima conversación en la que reflexiona sin parar, salpicándola de anécdotas que «escocerán» pero que forman parte de la historia reciente del toreo-, se refiere al coronavirus: «Soy población de riesgo, tengo cuatro bypass y tres días antes del estado de alarma me rompí un menisco.... Cuando veo a la gente acercarse a menos de un metro y dándose besos, me pregunto: ¿dónde está el principio de responsabilidad? Lo desconocido da miedo hasta que no se consiga una vacuna, y hay gente que ha estado cerca de la muerte al noventa por ciento». Es la reflexión de Enrique Martín Arranz desde su finca toledana. Al hilo de esa tragedia, en su mente se agolpa otra, la de la muerte del Yiyo: «El año que murió vinieron el padre y el torero para que lo apoderase. Yo tenía mucho cariño a la familia, a Juan Cubero. Hablé con Cisneros y Camará. Luego lo apoderó Tomás Redondo. Ese mismo año le mató el toro».

Temido en los despachos por las empresas, Martín Arranz ha dirigido las carreras de grandes figuras como Joselito, José Tomás y Pablo Hermoso de Mendoza. Y otros también llamaron a su puerta, pero la respuesta fue no. «El año que rompió con Roberto Domínguez, vino El Juli a que yo le apoderase, que se lo agradezco en el alma». La reunión fue secreta, tanto que, rara avis, en este mundo no se tenía noticia de ella: de Talavera a Badajoz y dos coches, el del chófer y otro. «En la vida me rijo por corazonadas y no lo hice; en ese momento primó más mi criterio de futuro, de otra cosa, que el dinero. Al poco tiempo sufrí un infarto; si llego a apoderarle, no hubiese podido estar en la carretera haciendo kilómetros. Me dijo que en América podríamos poner a otra persona, pero yo sabía que en el momento que me pusiera, me pondría a pelear. Me decían José (Joselito) y Joaquín (Ramos): "¿Pero es que no lo vas a hacer?" Pues no, no lo iba a hacer. Y no lo hice. Me dejé llevar por una corazonada más que por la cosa cerebral. Una decisión así me hubiese machacado. Además, aquí hay que hacer una reforma por abajo».

Así son los principios de una conversación en la que el protagonista hila e hila el hoy con el ayer. «Cuénteme cómo ve usted el toreo», le digo. «Hay que hacer reformas desde abajo -insiste-. Lo que hacen los toreros en la plaza es importantísimo, cuando se hace bien, ojo, importantísimo, pero hay muchas cosas que se han hecho mal y que arreglar. ¿Se acuerda de las corridas televisadas de Jesulín, de Litri, de El Cordobés, de lo de las bragas y las corridas para mujeres? Jesulín es un torero muy poderoso, ojo, con muchas condiciones, pero tomarnos la Fiesta tan a cachondeo, ese mensaje que se envió al aficionado... Eso no agradaba. Aquello creo yo, sin quitar méritos a esos toreros, no nos benefició luego, se televisaba cualquier cosa».

A partir de ahí, un sinfín de reflexiones, en el orden natural en el que surgen:

Cultivar enemigos. «El toreo ha perdido el misterio, la magia, la bohemia, la ética. Jugarse la vida a las cinco con una verdad, con esa autenticidad, que de qué manera, tiene mérito, pero ¿por qué estamos tan depauperados? Los toreros de hoy no son peor que los de ayer, a lo mejor algunos muy monótonos. Antes me atacaban mucho, Navalón, Zabala, Vidal... Yo no tuve ningún amigo crítico. Cultiva enemigos, pero de los de verdad, de esos aprendes y tomas nota. Los amigos vienen solos».

Escuelas y banderilleros. «Nos hemos adocenado en las Escuelas, yo les llamo los mantenidos, no se trabaja... Sí, a la técnica y la disciplina, pero también a la bohemia, sin ser impositivos en su concepto. Me decía Luis Miguel Calvo: "Hombre, es que los recortadores hacen mucho daño". Y yo le decía: "¿Te has preguntado qué hemos hecho mal o que no hemos hecho bien? Me decía Fernando Galindo que en las escuelas han hecho muchos banderilleros malos. Y buenos, porque no se ha puesto orden en el artículo para que se hagan pruebas y para organizar el sector con seriedad. Hay banderilleros muy buenos. Cómo era ese Boni viejo, que toreaba a una mano hasta la boca de riego, o Luis Redondo. Mis respetos».

Llevárselo rápido: «Hay veces que nos hemos portado como una mierda, como con Fernando Benzo. A mí hay gente con la que no me gusta pelear, como con ese señor, que tiene todos mis respetos. Le dije que por favor no nos dejase solos a los taurinos, que los taurinos lo único que queremos es llevárnoslo rápido. Y me contestó el hombre con tristeza: "A mí me lo va a a decir que he querido hacer siete reformas y no he podido hacer ninguna..." ¿Sabe lo que tenemos? Lo que merecemos. No hemos hecho los deberes y ahora hay que hacerlos, como todo lo que está pasando en Sevilla».

Cuadrillas. «A ese torero de La Rioja, Urdiales, y a Cayetano y alguno más les voy a decir una cosa: el grandísimo maestro Antonio Ordóñez llevó hasta cuatro banderilleros. A los modestos, con llevar dos y que los paguen, no les queda ni para tomar café. Vamos a dejar de ser demagogos. Ojo, yo no quiero que los banderilleros buenos se queden abandonados, lo que quiero es que se hagan menos banderilleros y los que salgan sean buenos. Lo que me duele es que muy buenos banderilleros no puedan vivir de esto. Cuando Pirri me dijo que no podía vivir de esto, me dolió en el alma. Cuando me dicen que ya están por los nueve mil profesionales y me comentan que alguien los lleva a sueldo fijo, eso me duele. Es mejor que, en ciertas plazas y ciertos festejos, lleven a dos por su sitio, y no a los cinco de una cuadrilla al veinte por ciento. Para luego acabar demonizándolos. Al propio Simón (Casas) le dije un día: "Hay que hacer un reglamento serio". Y me dijo: «Que me hacen huelga en Valencia». ¡Pues que la hagan! Y luego me dice no sé quién: "¿Y luego los cheques de marzo quién los paga?" Si no se tiene fuerza para estar en una mesa, quítese. Aquí hay que ser valientes todos. A todos esos que defienden cien por cien todo, que se lleven a las cuadrillas y a sus familias a comer a sus casas y paguen la beca de sus hijos. ¿Somos demagogos todos? ¡No seamos demagogos! Todos son grandísimos compañeros. Las cosas, por su sitio, y menos pensar en que hablen mal o bien de uno».

Novilladas en Las Ventas. «Lo que se hacen son crímenes, crímenes consentidos por llevar a chiquillos sin preparar. ¿Para qué? ¿Para que se hagan héroes en Madrid con ese pedazo de toro? Hay que mejorar desde abajo. Aquí morimos por los pies».

Bienquedismo. «No me gusta tanto bienquedismo. Queremos tener buena imagen, ser buenas personas y lo que hay que ser es normales. Yo a Simón le aprecio mucho, y le he hecho perrerías. Le dije que yo no quiero que se cierre el Batán y me gustaría que Martínez Almeida mediara entre la Yiyo y la Marcial Lalanda. Lo que no puede decir El Fundi es que no se sienta conmigo por miedo. ¿Dónde están los resultados vuestros? Proponemos unos métodos de Escuela Superior, muy elaborados y trabajados, para que con 15 novilladas se anuncien con Roca Rey y, como decía César Girón, “que Dios reparta cornadas”. Tenemos que sacar toreros. ¿Cuántos están sacando las escuelas últimamente? ¿Qué torero ha sacado la de Salamanca? Pero no les interesa dejarlas, porque son funcionarios. Aquí la única que saca toreros es la de Extremadura, por algo será».

Semana Grande. «Antes montaban novilladas y se intercambiaban, había gente que se dejaba el dinero, que yo no digo que eso sea la correcto. A algunos que llaman golfos, yo les llamo trabajadores. Esto funciona muy mal, en las novilladas se pierde dinero. ¿Y cuánto cree que se hace en la taquillas? Se pierde, que si cuadrillas, que si Seguridad Social. Nosotros tenemos un estudio para intentar rebajarla. ¿Ahora qué hacen las Escuelas? No funcionan. Mire, yo quería hacer la Semana Grande en Talavera de Joselito el Gallo, nuestro grupo hace trabajos muy cuidados. José (Miguel Arroyo) nos dice a veces que somos un grupo de majaretas, de locos, pero yo quiero que salgan toreros y esto mejore».

Simón Casas y la Escuela. «Pedí a Simón que mediara con el Centro Taurino tras ganar el concurso de Las Ventas. Lo que lamento, le dije, es que hayas gastado 800 mil euros para que digan que han dado no sé cuántos puestos de trabajo. Con esa cantidad, lo que hay que sacar es dos figuras, y si no, el que dirige la Escuela, con todos mis respetos como torero, no sirve para eso».

Su otra época en la Escuela. «Al Boni viejo le citaba a las cuatro y media y estaba a las cuatro. Yo le tenía prohibido el alcohol y cuando se tomaba una copa se embalaba. Pues Marcial Lalanda, con fama de supersabio y tan hábil, un día que salió un toro bueno le dijo al Boni viejo que saltara de cabeza al callejón, para que saliera el todopoderoso. Y así lo tuvo que hacer, pero un día le pegó ocho seguidos con una larga. Aquí hay mucha vanidad».

Simón Casas. «A Simón la vanidad le mata, pero es muy buen empresario. Yo le dije que le regalaba seis toros para que volviese a retomar esto, se lo dije de verdad. Siento si dentro de veinte años no le hacen un homenaje. Yo le he dicho: “Simón, no pongas tanto dinero, porque si no luego hay que quitárselo a los más modestos”. El otro día hablaba yo con un registrador de Salamanca y le decía que había que ser valiente y al empresario que ponga pisos de plaza muy fuerte, un doscientos por ciento más para las cuadrillas, y a mi torero, a ponérselo entero».

¿El empresario al que más admira hoy? «A Simón es al que más respeto, aunque está en su momento más flojo».

¿Y de los de antes? «A Manuel Chopera. Me dijo una cosa por teléfono, de tal grandeza humana, de tal sencillez, de tal humanidad, que me tuvo jodido toda la vida. Le quería hacer un homenaje en el Batán, aunque no me hablo casi con los hijos. Manolo Chopera me tenía en el nivel que ponía a los hombres de verdad. Me apreciaba. Canorea también era un buen hombre. Pero tuve más enemigos, aquí y en América. A mí han sentenciado y me han querido ver en una cuneta».

Su mayor adversario. «Mi mayor enemigo ha sido José Luis Lozano. Es un adversario peligrosísimo. José Luis, de presidente del Gobierno, le da mil vueltas a todos. A ese no le llegamos nadie a las zapatillas. Ese me ha manejado, es el enemigo con el que no he podido. Es un hombre inteligente, muy sibilino, encajador, no se le pone nada por delante. Entre todos juntos, en lo bueno y en lo malo, no hacemos un José Luis Lozano. En lo bueno, José Luis; en lo malo, José Luis. Ahora no hay nadie de ese nivel para pelear con él. Un día me llamó para hablar de San Isidro, estuvimos doce horas reunidos. No se habló del tema. Hay que ser malo y perverso para tenerte doce horas reunido. Y me dijo, bueno, pues mañana nos llamamos. Si él no hablaba, yo tampoco lo iba a hacer. Algún año se la guardé. Y sin piedad, no soy ninguna hermanita de la Caridad».

Recuerdos dramáticos del ayer. «Me acuerdo ahora del hermano del Fundi, de Ángel Luis, el banderillero, en una novillada. Qué mal lo pasé, qué duro, recordaba al pobre Paquirri cuando se paró la ambulancia. Él también dijo que se parara, que se moría. Decía que el vestido estaba roto, estropeado, y yo le decía que no se preocupase, que ya compraríamos otros. En aquella ambulancia lo pasé muy mal. Hay gente a la que me gustaría ver, a esa gente que salva la vida, a médicos, a guardias que se juegan la vida por salvar a los míos. Igual que las cuadrillas, que se la juegan por salvar a otros, eso es grandioso en el toreo. Pero estamos deshumanizados y con tanto animalismo, qué pena».

Tauromaquias Integradas. «¿Sabe de lo que estoy orgulloso? Del grupo de estudiosos locos de distintas áreas que luchamos por mejorar y explicar la tauromaquia. Necesitamos una escuela online y me gustaría hacer una especie de academia de intelectuales, que se junten y hablen de cosas, hay que hacer un gran centro internacional. Por eso hay que hacer este centro de tauromaquia, que hasta turísticamente se puede ganar más de un millón de euros. Tenemos un psicólogo, un inspector de trabajo, unos abogados, un biólogo, un norteamericano experto en la comunicación, un aficionado del 7, un militar... Estoy muy orgulloso del grupo, Joselito dice que somos unos majaretas... Hablamos también del descabello y la puya. El otro día hablaba yo con Justo Hernández mientras toreaba Talavante dos toros bravos de que lo importante no es la sangre, sino lo que pelea el toro en el caballo. El Guerra decía: “Déjale que llegue”. El toro donde se ahorma es en la pelea, cuanto más baja meta la cara, más empuja, para qué queremos tanta sangre. El otro día decía Morante que a él tanta sangre tampoco le gustaba, y eso me gustó. Ojo, sangre, sí, que aquí muere el toro y el torero, no lo olvidemos. No hablo de espectáculos sin sangre, que nadie se equivoque».

Intelectuales. «Mire usted, a los intelectuales hay que atraerlos, darles motivos y que nos le dé vergüenza. Esto es único. Hay que volver a poner en valor la tauromaquia, porque en la plaza los toreros son muy buenos, pero hay que entrar en la sociedad».

Televisión. «Soy partidario de la televisión, pero no soy partidario de que a un torero le vean 30 tardes. Los antiguos decían: este es del kilometraje, que era un abono muy barato que hacían en Renfe, y había que hacer muchos kilómetros para verle. Sí a la televisión, pero con medida. Lo que no es lógico es que una tarde te la pasen ocho o nueve veces, lo que no es lógico es que los mozos de espadas y los ayudas cobren derechos de imagen. ¿Y los monosabios? Que lo cobren ellos para eso, que esos sí se juegan muchas veces la vida. No puede ser que cobre derechos un mozo y que a los modestos no les quede nada, porque las cuadrillas se llevan el 40 por ciento».

Gobierno. «No estoy muy orientado, pero hay una animadversión hacia "el coletas". Como vicepresidente, Pablo Iglesias ensucia el cargo; como ser humano, me da pena. Es un poquito cretino. Ay, lo que hizo el otro día, pero es que le tenía que haber dicho el vasco que detrás iba él. Si nos ponemos a trabajar seriamente, sin egoísmos, esos ataques no duran ni un cuarto de hora».

El cura de Segovia. «El otro día en un bautizo, un cura de Segovia dijo que con los toros nadie ha podido. Y es verdad, ni Papas, ni Reyes. Esto es del pueblo».

Crisis actual. «Analice una cuestión, lo que estamos perdiendo por arriba se gana por abajo en los populares. Somos muy egoístas los taurinos, que si los banderilleros, los picadores... Si las cuadrillas quieren hacer huelga, que la hagan. Este año en el Batán he visto escuelas de recortadores más disciplinadas que ninguna. Qué disciplina, oiga, qué orden. A mí lo que me gusta es ver torear, pero es que los recortadores hacen cosas. En el toreo, las escuelas están mantenidas. Y hay una chica, Carla, de Guadalajara, que esa tiene un valor para ser torera. Tremendo. Y otro chico de Zaragoza que su madre es más bien antitaurina y ahora apoya a su hijo».

José Tomás. «Ese es un punto y parte. Ese es un monstruo. José Tomás ha hecho cosas que no ha hecho nadie, que no sabe nadie, igual que El Cordobés, que se enteró de que unas monjitas necesitaban dinero y todo lo que ganó una tarde se lo dio. Y José Tomás, ese ha hecho muchas cosas, es punto y aparte en la plaza y fuera. Cómo no lo voy a admirar. Que me perdonen los demás, pero no me canso de decir que es punto y aparte en todo, con una rectitud, una forma de ser, de tío, de torero. Decía Belmonte que se torea como se es. Ese le ha dado la razón a Juan Belmonte».

Joselito. «A José Miguel Arroyo Joselito le ofrecieron hace dos años, año y medio, cobrar lo máximo, lo que nunca ha cobrado nadie, el doble de lo que una figura gana en Madrid, pero no fue en Madrid. Yo le dije que cómo no lo hacíamos. Y él me dijo: "¿Alguna vez hemos estado en el toreo exclusivamente por dinero?" Y rechazó la oferta, que era muy fuerte, con un joven. El empresario habló con José y vinieron los dos a verme a un saloncito, y yo luego cogí y le dije a José: "A este tío no le puedes decir que no, te preparas". Y dijo que no, y mis respetos a José. Cuando lo de Francia también nos ofrecieron ocho o diez a un buen dinero, y ni escuchar siquiera. Cuando las televisiones, nos quedamos dos o tres ferias fuera. Es muy recto en su camino. Mis respetos».

Televisiones. «Mire, le voy a contar una anécdota. Juan Ruiz Palomares, el Patas, al que aprecio mucho y es mi amigo, vino a hablarme. Cuando los Lozano se quedaron con Madrid querían hacer una exclusiva con la tele con los tres toreros más importantes. Y El Patas me dice que si no entrábamos nosotros, ellos tampoco, que no se fiaba ni del gallo ni de las plumas. Entonces la exclusiva era de 7 corridas a 7 millones y nosotros hacíamos tres corridas al mismo dinero, que no queríamos tanta tele. ¿Qué pasa? Esto se firma, pero debió haber presiones. Recuerdo un día en el Wellington que estaba Canorea, que era una gran persona, el Simón Casas actual, y se levantó. Berrocal tenía un pleito y no podía ser empresario. Entraron los Lozano. Y con su fuerza se queda este pacto un poco aparcado y se permite la televisión. ¿Quién se queda fuera de San Isidro? Joselito. Ponce ganó tres millones el año anterior; le dije: pide quince, que yo estoy pidiendo 25. Y nosotros nos quedamos fuera. Eso nos pasó con la televisión. Y luego una anécdota en Salamanca, cuando José Antonio Chopera tuvo que pagar los siete millone de televisión, más otros siete, en total 28, pegaba gritos. Y luego otro año me pasó lo mismo con el padre de José Tomás, yo y el padre de El Juli, pues otra cosa parecida con la televisión, nos quedamos solos. Que todo esto ha desembocado en que ahora Eduardo Lozano dice: "Es que hay mucha televisión". ¡Es que tenemos mucha culpa nosotros por haberlo permitido! Yo digo sí a la televisión, pero con medida, no se puede televisar todo».

Agrupación de toreros. «La casa Lozano, cuando estaban muy organizados los toreros y ganaderos para negociar la televisión -a mí un día me dijo Manolo Chopera, "tú defiende lo tuyo, pero deja a los demás"-, yo a través de los ganaderos, con Felipe Lafita, que era muy buena persona, tenía un frente común para no dejar que nos gobernaran, porque los Lozano tenían a Corbelle, a los banderilleros... Ellos dominaban. Entonces la Agrupación de Toreros la dividieron en dos, se fue Rincón, se fue Ponce... Eso está en los anales. Aquí somos muy culpables todos de lo que tenemos. Yo cuento la historia como es. A mí me dijo Ponce una vez en Teruel: "Cómo está esto". Y le miré de arriba abajo: "Suerte, torero". ¿Cómo queremos que esté? Hay que mantener actitudes, que a nosotros nos han dado hasta en el cielo de la boca. Nos han hecho campañas tremendas y hemos mantenido el tipo. Yo a veces le decía a José Luis (Lozano): "Para el dinero eres demasiado". Y él me decía: "Oye, tú no lo escupes". Claro que no, yo cuando me pongo a negociar, me pongo».

Pablo Hermoso de Mendoza. «Cuando lo apoderé, lo llevaba José Antonio Chopera, creo que ganaba nueve millones de pesetas en Pamplona, y me dijo que no iba a conseguir que ganara más. Yo le dije: "Bueno, lucharé y lo intentaré". Total que ganó once millones al siguiente. Ya más asentado yo, al otro año, le digo a los de Pamplona: he pensado una cosa, como acaba el papel, que vaya en mitad de la semana, y El Juli, que es la figura más importante, que vaya el sábado. Total, que sí, que no. Y al final les digo: "Voy a ceder en que Pablo Hermoso toree el sábado, pero tiene que ganar igual dinero que el que más". ¿Y quién ganaba más? El Juli ¿Y cuánto ganaba? 23 millones. Y eso ganó. En México también tengo muchas anécdotas. Una vez le dije: "Usted, a sus caballos, yo a las empresas, a mi obligación". Herrerías se vengó alguna vez, como cuando no dio un pase a un señor que había trabajado con nosotros y yo le dije a Pablo que no rompiera plaza. De treinta mil dólares que cobraba, lo puse a 103 mil, como a Ponce. Y luego hice un contrato de medio millón. Como rejoneador es un monstruo, como persona no me gusta».

Roca Rey. «En el grupo de José Tomás hay otro al que llamo el Cóndor de los Andes. Mucho cuidado con la quietud de ese señor. Hay otros que torean muy bien, pero este señor, en otros tiempos, otros toreros con menos, eran líderes de masas. Ese tenía que haber pasado la frontera social. Bueno, bueno, cuando la prensa publicó que había cobrado 45 mil o 50 mil euros en Roquetas de Mar, la mitad que El Juli, yo pegaba saltos en la cama. Eso no se le puede hacer a un torero que se arrima así. ¿Cómo se le puede hacer esa afrenta a ese señor? Ese tiene que ganar un euro más que ninguno. Eso me dolió en el alma, con lo quieto que se queda; si soy yo, le quito la cartera a ese Roquetas y me quedo con la plaza al año siguiente. Me da igual el empresario y el concejal. Cobro lo del anterior y lo de este; cobro esto, y si quieren, bien, y si no, adiós. Eso se lo he hecho a más de uno. Eso no se puede consentir, esa afrenta a ese señor, al que ni conozco, que tiene que ganar más que ninguno».

El bombo. «Si yo apodero a El Juli, ese no se mete en ningún globo de Simón; en el bombo que se meta Simón. Y esa coba los periodistas... Si yo voy a negociar y salvar la feria, me cobro la penalización, con un dinero fuerte, no me conformo con tomar café. O sea, que invento el bombo para dejar fuera a El Juli y luego va a salvarle la feria. ¿Pero eso qué es? ¡Me cobro todo si lo apodero! ¿A qué viene sortear el Cóndor de los Andes? Si quiero, mato Victorino que para eso soy figura, y Adolfo y Miura, porque me da a mí la gana. Y lo pido, pero no entro en ningún bombo, lo rompo. ¿Cómo queremos estar luego? Si nos humillamos en esto. Las figuras tienen que ser figuras en todo. Tíos de una vez han sido Joselito el Gallo, Luis Miguel, El Cordobés, José Tomás...

Conflicto de intereses. «Cómo va a estar esto? Si para ser empresario hay que ser apoderado y para ser apoderado hay que ser empresario. A los toreros les tratan con muy poco respeto. Y pasa lo que pasa. Si ellos no se dan a respetar, ¿quién lo va a hacer? Yo, a lo mío, y usted, a sus plazas. Yo he ido solo, por independiente. Cuando la gente ha ido derecho, yo he ido derecho. Y cuando me han buscado, me han encontrado. Unas veces habré acertado y otras me habré equivocado».

Iván Fandiño: «Me da una rabia que pagara por su vida. Nosotros estamos vivos de milagro porque no conveniamos al sistema y nos pusieron todas las trabas del mundo. Me gustaría hacerle un homenaje».

Cámaras. «Un día Canorea nos anunció y no se había hablado de la tele. Y esa mañana dice el presidente: "Que Joselito hoy no torea". Y dije yo: "Las que no torean son las cámaras. Cámaras fuera, porque el que tiene contrato con la empresa y con la afición es Joselito". Y las cámaras de TVE salieron fuera. Una vez, después de estar sin entendernos quince días, me dijo: lo que usted haga, bien hecho está». Canorea me contaba muchas cosas, entusiasmado, le apreciaba mucho. Aunque para mí siempre el torero fue lo primero.

Antonio Ordóñez. «Con Antonio Ordóñez hacíamos los pactos. "Como los dos tenemos mucho temperamento, cada trato que hagamos, cada vez pone uno las condiciones", nos decíamos. Y así estuvimos toda la vida. Una vez que toreaba su nieto -cuando salía con la hija de la duquesa de Alba- en Zaragoza con José, que estaba mucho más rodado, me dijo: "Enrique, cuando no se está, no hay que ir". Y esta anécdota la enlazaba yo por lo que me preocupa la situación de los chavales que van a Madrid, que no están hechos aún para la guerra y hay que prepararles muy bien».

Qué harían los toreros de antes. «Lo que se hace en Madrid con los novilleros es que no está bien, me rebela. No están hechos para la guerra, para terminar con Roca Rey y Talavante. Mire usted, los toreros son seres humanos privilegiados, con unas valías muy grandes. Pero sin tanto buenismo ni tanta imagen, otro gallo cantaría. Los toreros antes eran más derechos, fuera y dentro del ruedo. Porque, ¡cómo se las gastaba Sánchez Mejías! En este confinamiento, he estado pensando qué hubiesen hecho Joselito el Gallo, Belmonte, ¿qué harían para revolucionar esto, para que coja rumbo y tengamos conexión con la sociedad? Mucho cuidado con Belmonte, eh. El otro día me contaba uno que decían los Lozano que para solventar esta crisis había que ir a los pueblos, ¿pero dónde está el troquel de Manolete capaz de galvanizar a las masas? ¿De qué troquel tiramos?»

Privilegiados. «Por eso me indigna que no nos preocupemos de los chavales. Los toreros son seres privilegiados, son seres humanos con unas valías enormes con el toro. Si los toreros fueran tan valientes fuera del toro como con el toro, otro gallo cantaría. Los de antes lo eran fuera y dentro. ¿Qué haría usted Rafael el Gallo? ¿Qué haría usted Joselito, con ese ingenio? ¿Qué haría usted Belmonte, ese revolucionario? ¿Qué haría Sánchez Mejías?»

Honorarios en tiempos de Covid. «Si se dan corridas con medidas restrictivas, con menor aforo, los apoderados no deberían cobrar comisión. Y yo como ganadero, si cobro seis mil por toro, lo doy por tres mil. Todas las partes tienen que hacer un esfuerzo, toreros, cuadrillas a un veinte por ciento menos, ganaderos... Los espectadores también hacen esfuerzo. Y si hay televisión, los derechos de imagen habría que tratarlos de otra forma, para un fondo común. Y si hay banderilleros y chavales que lo están pasando mal, ser generosos y cedérselos a través de un fondo común. Al empresario tampoco hay que atracarle; si pierde, que sea poco pero siembre».

¿Maestro y apoderado de nuevo? «No lo descarto, que no me importaría volver a hacerme rico (risas), pero si no hay empresarios con fuerza, ¿con quién me peleo? Son necesarios los grandes, porque si no, me da pena. Si yo no quería ser apoderado; cuando José, llamé a José Luis Marca. No me veía por mi carácter y mi forma de ser; yo no valía para eso, me ha gustado la independencia y la rebeldía. A mí me echaron de un convento, era un tunante. Siempre he sido de impulsos, con mucho temperamento. Con Jesús Gil aprendí mucho. Soy un hombre que acepto todo lo que me ha pasado, para mal y para bien. Soy el resultado de las personas que he conocido, que he admirado. Perjudicar y daño no he querido hacer nunca; putear un poco, sí; joder a alguien, no».

Herederos de los antiguos taurinos. «Ahora no son ni aprendices. Hasta en el genio, o hasta en un alma de la caridad como Manolo Chopera al lado de los otros, los de ahora, ni aprendices. A mí me llamaban el reventador, me gustaban las cosas de justicia, nunca me he casado con nadie. Los Lozano tampoco se casaban con nadie. Ahora, aprendices».

Morante. «Tiene una torería y una categoría que no necesita acomodo. Le admiro: cuando se encaja con el toro, hay una unidad allí plena, eso llega, obsérvelo. Aguado también me gusta, es otra cosa. Y El Juli cuando los engancha de aquí a allí, como al que perdonó la vida de Domingo Hernández en Sevilla. Hay toreros muy importantes».

Solución. «En los de abajo y las novilladas, las cuadrillas son muy culpables, y los empresarios y pseudoapoderados o los falsos empresarios y apoderados, también. Ahora no hay independencia. Bueno, Ponce, con El Patas -al que tengo mucho cariño-, ha ido independiente. Luego, estoy totalmente en contra en la subida de los pisos de plaza. Al que suba el piso de plaza con esa fuerza, como hizo Simón (Casas), yo le pido luego el doble en el despacho. Y mire que apreció a Simón, y hasta con el dinero de la misma escuela se lo dije».

Integridad. «Hay que adelantarse a los tiempos, a mí no me gusta ver diez descabellos tras una estocada. Yo no sabía bien cómo era la muerte del toro y lo he aprendido ahora. Un ignorante como yo se ha hecho rico. Por eso digo que sangre, la precisa. El toreo grandioso y los postureos no valen. Nunca han salido toros tan grandes ni astifinos, qué corridones de toros. Una vez le escuché decir a dos figuras, "¿te acuerdas cuando matábamos chanquetes?". Lo de ahora tiene mucha importancia. Seamos claros: integridad en toro y torero, pero más allá puede generarse controversia, no pasa nada por la polémica. La integridad es una cosa y el puritanismo es otra».

Paz. «He vivido muchas guerras, y ahora quiero un poco de paz, y viajar por el mundo. Pero antes quiero ayudar a los chavales, mover el toreo por abajo y que el toreo vuelva a estar en la sociedad, en los intelectuales... Y pelillos a la mar en otras guerras».

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