TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BARQUERITO. Escritos de confinamiento. Segunda Parte (19)

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Ya es oficial la noticia: no habrá este año toros de Semana Grande en San Sebastián. Estaba cantado. Bastaba pensar en las apreturas de los autobuses que suben hasta Illumbe y bajan al acabar la corrida. Sardinas en lata. La plaza de toros cubierta mejor ventilada de las de su género. Pero...La corrida que inauguró la Semana Grande de 2015 fue de Fuente Ymbro y la toreó Diego Urdiales, cabeza de una terna completada con Ureña y Joselito Adame. Por tercer día consecutivo, Urdiales y Fuente Ymbro juntos en este baúl de recuerdos.
La primera faena de la Semana y de la tarde, de Diego, fue de gran rigor técnico. de mucho valor y, sobre todo, de muy bella composición. Joselito Adame, todo alegría y, con ella, muchos saberes, anduvo seguro con el mejor de los solo dos toros de nota de la corrida, tan seria como desigual.

Y la bitácora, larga y fatigosa. Pisando callos, primera memoria de la Playa de Madrid, la verbena de la Paloma y un tomate de Barbastro que se puede tomar de postre y todo.

Salud!

 

EL DIARIO VASCO. Crónica de la 1ª de la Semana Grande de San Sebastián.

13 de agosto. 2015

UNA GRAN FAENA DE DIEGO URDIALES

Notable el torero de Arnedo con un toro complejo de Fuente Ymbro. Joselito Adame, acoplado y seguro con el mejor toro de una corrida donde predominó la aspereza

Barquerito

San Sebastián. 1ª de Semana Grande. 9.000 almas. Veraniego. Semiabierta la pestaña de cubierta. Dos horas y diecisiete minutos de función. Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). Diego Urdiales, oreja tras un aviso y saludos. Paco Ureña, silencio tras aviso y silencio. Joselito Adame, una oreja y palmas.

Muy ovacionados Pedro Iturralde y  Óscar Bernal, que picaron a quinto y sexto. Buena brega de Tomás López y Víctor Hugo. Pares notables de Fernando Sánchez.

EL PICANTE AGRESIVO de la casta lo puso el primer toro de Fuente Ymbro; la nobleza de la bravura bien decantada, el tercero. El uno, astifino de cepa a pitón, descarado, el más ofensivo de la corrida; el otro, pura armonía. Negro listón el primero; castaño albardado el tercero, particularmente lustroso. Fueron los dos únicos toros para celebrar dentro de una corrida de serio escaparate pero conducta y hechuras muy dispares. Los cuatro que no fueron tan distintos como los dos que sí.

La codicia, la fijeza, el temple brioso del tercero, su ritmo tan particular. El sorprendente son tan de menos a más del primero que llegó a la muleta sangrado de solo un puyazo cobrado al relance y medido, pero con docena y media de capotazos de los de darse y estirarse. Una manera de humillar, la de ese primero, que no es común ni siquiera dentro de la sangre Jandilla, su procedencia, y una velocidad al tomar engaño y repetir que tampoco. El ritmo apacible del tercero, su bondad segura, sí se avino a la preceptiva del sello Domecq.

Uno y otro cumplieron, además, con otra seña indispensable en el toro moderno: la duración, que no es exactamente resistencia, pues los dos toros fueron modelo de entrega. Con su nervio vivo y hasta alguna mirada de más el primero, que se acostó por la mano izquierda más de una vez; sin mácula alguna el tercero. El arrastre de los dos se subrayó a modo: aplausos fuertes para el primero, ovación cerrada para el tercero. El tiro de caballos tardó en aparecer un buen rato y la demora hizo presentir que pudiera cundir una posible petición de vuelta al ruedo para el toro. Pasó casi lo contrario: fue ganando cuerpo y peso la petición de oreja para Joselito Adame.

Con esos dos toros se vieron las dos faenas redondas de la tarde. De mérito mayor la de Urdiales al toro que abrió corrida, abono y semana, pues, con su carga de riesgo, el toro no consintió medias tintas ni líneas ni el menor renuncio. Faena muy distinguida. Y larga. En la mitad del camino, al cabo de cinco tandas, tuvo que tomar oxígeno el torero de Arnedo, que consintió los primeros recados del toro –dos veces se le quedó debajo por la mano izquierda, otras dos se le venció, unas cuantas escarbaduras, siempre inquietantes- pero sin sufrir un solo enganchón de engaño a pesar de lo afilado de las dos agujas y de traerse siempre prendido el toro sin escupirlo.

Luego del respiro, como una pausa a mitad de faena tan intensa, Diego le pegó al toro una monumental tanda en redondo, de cinco ligados en los medios y en semicírculo, encaje perfecto, y un cambio de mano en el remate. Y ahí quedó sentenciada la pelea. Por lo que fuera, a partir de entonces escoció el toro bastante menos. Imposible mantener el aire de la tanda mágica, pero sostenida la melodía toda del trabajo, entero en los medios, abundante, sin baches. Una bella igualada, casi rajado el toro, una estocada sin puntilla.  Y mucho antes de esa fiesta, tras cuatro lances genuflexos de solo fijar, cinco verónicas de Urdiales de ajuste y vuelo, de las buenas, y tres lances de brega soberbios. Paco Ureña le hizo al toro un valeroso quite por gaoneras, el más atrevido de la tarde.

La faena de Joselito Adame al tercero fue de signo bien distinto. Facilidad, alegría, soltura, reuniones algo despegadas en general, la sencillez de la suerte entre aliviada y descargada. Largo metraje, como si al torero de Aguascalientes, que debutaba en Illumbe, le hubieran dado tanta cuerda como al toro. Pasos perdidos cuando tocó aguantar, algún muletazo a pies juntos muy de repertorio, dos molinetes para abrir tanda, de repertorio también. Sitio, oficio, limpieza. Todo muy sencillo, salvo una estocada que iba a ser a recibir y acabó siendo a toro arrancado y casi al encuentro, pero en mínima distancia. Estocada delantera, un solo golpe con la espada de cruceta.

Y los otros cuatro toros de Fuente Ymbro, que pesaron en la balanza más que los dos propicios. Distraído, sin celo, parado el segundo. Y una faena machacona sin brillo de Ureña, que salió cogido por la pantorrilla derecha pero ileso casi al final del trabajo. Los toros de la segunda mitad de corrida fueron de ramas y estilo varios. Hondo, corto de manos, el cuarto pegó algún tornillazo incierto, le levantó los pies a Urdiales y le pisó una ceja al resolverse el percance. Muchos frenazos, pelea de mansear. De fea traza el quinto, rebrincado, de meterse mucho por el pitón izquierdo, como acusando exceso de manejo. Tesonero Ureña en trabajo pautado en paseos. Violento y artero, apoyado en las manos, el sexto, veleto, gruesas mazorcas, no paró de pegar cabezazos y trallazos, o de revolverse antes de pasar. De modo que fue más que notable la entereza de Adame para salir del paso sin volver la cara, sino todo lo contrario, antes de agarrar un espadazo formidable.

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DE PASEO. CdBitácora. 19 de mayo. 2020
Esponja de azufre. Mayores de sesenta. Puestas de sol. Simone Veil en un jardín. La Paloma. Rehabilitar Calatrava. El Perla. Barbastro. La Escala

POCO ANTES DE propagarse la plaga desaparecieron del escaparate de La Latina las dos cajitas de callicida Edi-Pa. Estaban en oferta, pero sus virtudes, encarecidas. En cada caja, una esponjita de piedra pómez sintética “que deja sus pies suaves y lisos en minutos”.  El nombre de registro: esponja de azufre callicida. El precio, tirado. Las esponjas naturales son indestructibles, esa es su fama, y se supone que la sintética de piedra pómez, tanto como las naturales. Al tacto y a la vista se hace extraña. Por el color, gris muy oscuro, pizarroso, y por su aspereza de pieza granulada, volcánica.

Una cajita sorpresa. Lo que sorprende es su peso tan liviano. Nadie se imagina que lo sea el peso de una esponja de baño seca. Ni siquiera después de largas absorciones. Pero de los poderes de la callicida se esperaría de partida algo más. Su función mayor es la de eliminar las durezas de los codos y, sobre todo, las de las plantas de los pies, más resistentes. Los callos de codo, en la infancia. Los de los pies, a partir de cierta edad. O sea, de los sesenta años.

La Latina es la farmacia más antigua del barrio. En la calle Toledo, enfrente del Hospital renacentista desaparecido hace tantos y tantos años. Los años de la peste. Si no están en el escaparate las esponjas callicidas, se habrán agotado las existencias. Clientes hay de sobra. La patente de la esponja latina, marca registrada, data de 1953. Lo aclara entre paréntesis la caja de cartulina tricolor.

En La Contra de La Vanguardia de hoy, en una sabrosa entrevista, el gerontólogo Jesús Yanguas pondera los valores de la gente mayor. Mayor de sesenta. Unos cuantos puntos clave de la conversación. El confinamiento ha confirmado en los mayores “su madurez y su libertad, su autonomía personal y sus recursos emocionales” (cita literal). “Saben encontrar sentido y grandeza a lo más pequeño y cotidiano”. “Saben integrar emoción y cognición”. Séptima de las veintiuna preguntas de Lluís Amiguet, el entrevistador: ¿no se sienten (los mayores) más vulnerables? “Por supuesto. Y saben que lo son, pero saben gestionar mejor que un chaval de veinte años su debilidad, y asumirla y darle respuesta práctica”.  Etcétera. “Son sabios”. Está comprobado que “ser autónomo y autosuficiente es primordial, media vida, y que no lo es tanto el estar solos o en pareja”.

Todo lo cual explica que parezca tan segura la gente mayor que pasea sola entre las diez y las doce de la mañana. O, dentro de un rato, entre las siete y las ocho. El cambio del  horario continental de primavera priva a los mayores de la contemplación del ocaso, no por proyectarse en él, sino para disfrutar de su luz serena. Si es en Madrid, desde el mirador de El Ventorrillo, por ejemplo. O desde la pantalla del Viaducto. O desde la cornisa de San Francisco siempre que procures no echar la vista atrás. La ley del kilómetro –el radio máximo fijado para caminar en los meses de alarma- solo amplía el perímetro del confino. Las Vistillas son regalo para los vecinos del viejo Madrid.

Son de momento inaccesibles otros enclaves señeros. El templo de Debod; los miradores de Rosales, Eduardo Rosales, el pintor romántico; la Moncloa, bien el Faro, bien la explanada del Museo de América; la Dehesa de la Villa; o de cualquiera de las curvas de las Carretera de la Playa –Cardenal  Herrera Oria-  en la bajada hacia Somontes luego de pasar el cruce de Islas Aleutianas.

Tomad el asiento de copiloto en cualquiera de las dos líneas de autobús municipal que bajan serpeando la avenida en dirección a la antigua playa, la fluvial sobre el Manzanares, y el Instituto Llorente. La 130, que viene desde Mirasierra, y la 82, procedente de la estación de Pitis. En invierno, comienza el anochecer a eso de las seis. Dos horas más tarde en primavera. Dentro de justamente un mes, a las nueve menos cuarto de la noche del 20 de junio, el Sol en Cáncer, entra el verano. Y a las cinco menos cuarto de la mañana del 21 saldrá en sol, según el infalible Calendario Zaragozano. El día más largo del año. Con la luna nueva, avisa el Calendario, “aumentará el calor” y “los nublados, abundantes, estallarán en tempestades y chubascos que mitigarán los ardores del ambiente”.

Hoy se pondrá el sol a las nueve y media. Conviene disfrutar de la última semana de silencio. En cuanto Madrid supere los requisitos del cambio de fase, los dueños de terrazas del barrio se tomarán a modo venganza. Nuestro barrio, en el corazón de la diana. A partir del lunes el Ayuntamiento aprobará para terrazas nuevos horarios –abiertas desde las diez hasta las dos de la mañana, catorce horas diarias-, permitirá doblar el espacio para mesas y consentirá hasta más allá de la medianoche voces cruzadas, ruidos y música de tralla. Una salvajada. El final de la tregua. “SOS. (firmado) Madrid Centro”: la pancarta amarilla que reivindica los derechos de los vecinos de la ciudad vieja por cientos de balcones. Sufrirán las aves de barrio, como bien las llaman los ornitólogos cualificados. Y sufrir, el gorrión más que ninguno. Se acabó el jugar en el tejadillo del jardín de Anglona. Y cantar de esa manera.

Ha comenzado la cuenta atrás del confino. La temperatura se ha disparado. Treinta grados al mediodía. La cola de Correos no pasaba esta mañana del cruce de San Isidro Labrador y, menguada, se recogía en espiral. Había más gente a las puertas del Samur social, justamente enfrente, en el despacho municipal que fue antes Casa de Socorro, y eso sigue a su manera siendo. Los que esperan frente a las cancelas del Samur se agolpan, cargan con bultos y bártulos pesados. Del desahucio te llevas contigo lo poco que tengas. La ropa de invierno puesta.

El jardíncillo  de Calatrava lleva el nombre de Simone Veil. Durante el mandato de Carmena en la alcaldía, en el cambio de nombres del callejero o en la nominación de espacios nuevos, el feminismo impuso cuotas de nombres de mujeres españolas rescatadas del olvido –maestras represaliadas después de la Guerra, por ejemplo- y, además, el reconocimiento de figuras políticas tan señaladas como Simone Veil, que fue presidenta del Parlamento Europeo y, antes de eso, la ministra de Sanidad que despenalizó en Francia el aborto. Y todavía antes que una y otra cosa, interna de Auschwitz, superviviente del holocausto junto a dos de sus hermanas. Sus padres, confinados con sus hijas, no regresaron jamás.

El edificio de Calatrava 40, de ladrillo visto pero de distintos colores, rompe con el rigor del neomudéjar preceptivo. Parece construido años después del sarampión del falso mudéjar sofocante tan común en el Madrid de 1875 a 1925. Colegios, iglesias, casas de vecinos, fábricas, una plaza monumental de toros.

Siguiendo la ruta del jardín, pasado el cruce de la calle del Águila, aparece en la explanada de Isabel Tintero -¿calle o plaza, ninguna de las dos cosas?-  la fachada de la iglesia de la Paloma o de San Pedro el Real. Fachada neomudéjar de dos torres con sedicentes arcos góticos intercalados en el cuerpo central. La Paloma es la virgen pobre de devocionario madrileño. La popular, la de barrio. El colegio de Lasalle adosado es otra pieza neomudéjar, mucho mejor acabada que la iglesia. La plaza, muy arbolada, camufla la portada de la Paloma.

El 15 de agosto sacan en procesión la imagen, que no es una talla sino un lienzo pintado rescatado de un anticuario que lo compró por el valor de la madera del marco y no por la pintura, que tiene sello de arte naïf. Procesión y verbena. La Verbena de la Paloma, la obra maestra del género chico.  “Por ser la Virgen de la Paloma, un mantón de la China, na, un mantón de la China, na, te voy a regalar” (La copla del coro de hombres). Música de Tomás Bretón. Letra de Ricardo de la Vega. El feminismo militante ha hecho la vista gorda: un boticario, dos chulapas, un cajista de imprenta, la señá Rita, “Julián, que tiés madre…!” la botillería y una jarrita de limoná. Y hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad...

De los edificios modernos de realojo de la Gran Vía de San Francisco habría que hablar no poco. Las oficinas del WWF estaban siendo sometidas a una desinfección integral. En la galería alta de cristales opacos vuelan pintadas dos golondrinas. La casa de cata de vinos de Isabel Tintero –Al Qatar- parece cerrada para siempre. La bodega de Madreño, a dos pasos, soberbia, muy completa, habrá arruinado el invento.

El 8 de la calle de la Paloma, poco antes de llegar a Madreño, es una corrala de solo dos plantas, bajo y primero. Treinta y seis vecinos. Al ver la fachada de El Perla, con su rótulo de viejo bar intacto, cabe pensar que la calle Calatrava puede llegar a tener arreglo. Costará. El Ultramarinos donde trabajaba Faustino Sobrino el de Gómez Narro ha sido remozado y repintado, pero, echado el cierre, imposible adivinar qué negocio se maneja. El taller de Encuadernación funciona. Han caído como moscas uno tras otros los muchos que había en el barrio.

En la taberna Braña, Mediodía Grande, paraba a desayunar y tapear el abuelo taxista de doña Leticia Ortiz, la Reina de España. Una placa de azulejo lo recuerda. El garaje Cantabria, al lado, es de los  antiguos. En superficie. Fachada en hastial, como los palacios de la Liga Hanseática. La espartería de Juan Sánchez, enfrente, abierta y trabajando. Se iba echando la hora. Provisiones en la Cebada: tomate rosa de Barbastro. De Barbastro de verdad. Con su sello de garantía, su precio prohibitivo y su suave textura casi dulce. Y cuatro anchoas de bote de La Escala. De Casa Sureda.

Última actualización en Jueves, 21 de Mayo de 2020 23:22