TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BARQUERITO. Escritos de confinamiento. Segunda Parte (12)

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El texto viejo, de la serie de Apartados de El Correo -previas de corrida-, es el prólogo de la alternativa de Iván Fandiño, que salió de la prueba con éxito. La mención del maestro Franco Ribate se quedó corta. Por despojarle de su segundo apellido y por no aclarar que, aunque su obra como compositor y su trabajo como director de banda arrancó en Bermeo, él era nacido en Cariñena, de familia militar.

La bitácora es registro del paseo de esta mañana, de diez a doce, con cielos nublados y algo de viento. Parte del paseo, por las nubes de la periferia. Un viaje en autobús sin mascarilla.

Salud!

 

EL CORREO. EL APARTADO. Jueves 25 de agosto. 2005

 

6ª de las Corridas Generales. Toros de El Ventorrillo (Francisco Medina).

El Juli, Salvador Vega e Iván Fandiño, que toma la alternativa.

 

TORERO NUEVO, CON NOMBRE O SIN ÉL

Barquerito

 

EL HÁBITO no hace al monje. Pero hay nombres que de puro desnudos son toreros: Juan García “Mondeño”, Juan Jiménez “Trianero”, José Gómez “Gallito”, Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez... Y tantos y tantos otros milagros sonoros de la onomástica taurina. Los toros están hechos de mimbres heterogéneos. Su historia, de nombres. Los nombres y los hombres son raíles paralelos que a veces se encuentran. No siempre.

Y  no es sólo el hábito. Hay toreros históricos, y por tanto olvidados, con nombres dificilísimos. Por ejemplo, Zacarías Lecumberri, que fue un artista y vizcaíno, y casi nadie lo sabe. Hace tres cuartos de siglo y más. Tiene un pasodoble dedicado y la Banda Municipal de Bilbao lo toca mucho. Cuando se oye por ahí, por otros ámbitos, la gente de toros lo reconoce y dice que ese pasodoble suena mucho en Bilbao. Lo compuso un músico de Bermeo, de ancestros gallegos, el maestro Franco, con perdón.

Del mismo numen surgió un día triste la melodía de otro de esos pasodobles que conviene oír en Bilbao: “Camino de rosas”. ¿Camino de qué? El toreo es pura espina. De espinar en espinar se respira. Si asomas la cabeza, te la cortan. O lo intentan. Esa es la ley. El camino de espinas lo empieza en serio esta tarde un novillero vizcaíno, de Orduña, que se llama Iván Fandiño y puede que tenga, como el inspirado Franco de Bermeo, raíces gallegas también. Hoy toma la alternativa Fandiño. Se la da El Juli. En Bilbao. Una corrida de El Ventorrillo, encaste Tamarón-Domecq. Fandiño no es un torero de los llamados de hierro, que es como se llama a los de esta tierra. Por su mineral manera de ser.

Fandiño es de otra manera más seductora, refinada y expresiva. Ha toreado poco, pero ha estado en Madrid de novillero, por ejemplo, y ha dejado un aromita interesante. De todos los vizcaínos que han tenido el honor de tomar en Bilbao la alternativa última y no tan últimamente, Iván es el de los mejores apuntes. Si no lo habéis visto, ya veréis.

El Juli. Punto. ¿Vale? Y Salvador Vega, que aquí tiene muchos novios, en el más recto sentido de la palabra. Mucha gente que lo quiere. Pero son amores toreros: te quieren si te haces querer. No basta con dejarse. Toreros de los de dejarse ha habido cientos. Con o sin pasodoble.

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DE PASEO- CdBitácora. 12 de mayo. 2020

Una colonia remota. Un cuartel. Un palacio. Una churrería. La Alemana.  Villa Rosa. Viña P. Santa Ana. El mapamundi de Malatesta. Cuatro vientos

CAMINO DEL MOEGA, en la calle del León, en busca de pan, aceite y media docena de huevos de Seseña, de la Reina del Jarama. No por el camino de flecha, la diagonal de otros días - Colegiata, Tirso, Magdalena, Antón Martín- sino ensayando ruta nueva. ¿La calle Imperial? Hoy no. Por la Concepción Jerónima, que es cabecera de dos líneas de autobús: la 31, que conduce hasta la explanada de Aluche y sigue primero hasta lo que fue “término” del paseo de Extremadura, donde la colonia de Regiones Devastadas. La misma ruta del Charleroi del disco 31, el tranvía azul que pasaba rozando las fachadas de Latoneros. Y la línea 17, que llega por Carabanchel hasta el Parque Europa.

Engaña el nombre. El Parque Europa, apéndice de las barriadas de Campamento y Las Águilas, es una pequeña colonia periférica, improvisada de los años 60, marginal, urbanismo casi cero, edificios precarios y, a cambio, un despejado horizonte sobrevenido. Lo que sobrevino fue el derribo del parque y cuartel de artillería del Regimiento 71. La caída del muro de Berlín aproximadamente. De esa época. Pero el Parque, la vieja colonia encajada entre cuarteles, siguió siendo una isla. Un verso suelto.

Hasta que la Universidad a Distancia creó, en la parada término del 17 una sede. Y, casi a la vez, un parque diminuto y umbrío que amortigua el castigo del tráfico de la carretera de Extremadura. Por ella pasan volando los autobuses metropolitanos, los verdes, los quinientos (501, 502…), los de Alcorcón y Móstoles, que no están lejos de aquí, y los de Villaviciosa de Odón. Los llamaban “las blasas”. Camionetas de la empresa De Blas. Eso fue antes de que el Consorcio de Transportes asumiera y unificara todas las redes de autobuses periféricos. En las blasas nocturnas se libraron épicas peleas a puñetazos. Estragos del alcohol. La fiebre del sábado.

La prolongación del 17 hasta el Parque se debe al gobierno municipal de Manuela Carmena. Isla sigue siendo la colonia. Todavía, pero menos  No lo es en puridad, pero parece la frontera de Madrid por el Oeste. Metro Aviación Española. Si ha llovido, se embarra el calzado. Los paisajes urbanos desolados tienen un aire cautivador. Se ve despejado el horizonte. Campo para correr. Las mudas ruinas de los cuarteles al lado.

En la calle de la Concepción Jerónima, junto al hermoso edificio de la Imprenta Municipal, lindo museo, vivió don Diego Velázquez antes de medrar y consagrarse. O eso dice una placa de rombo. El taller de marmolistas dejó de ser tal hace tiempo y pasó a bazar oriental. Antes de la Imprenta, la cuestecita de la calle está flanqueada por el muro trasero de Asuntos Exteriores, el Ministerio, y por un lateral del palacio de Viana, que es un enorme pastel amalfitano. En Viana vive la ministra. Con dos cabeceras de líneas de la EMT a la puerta: la del 18 y la del 23. Las dos conducen a Villaverde Bajo, pero por distintos caminos.

La calle, que baja desde Benavente, describe una curva de meandro en la intersección con Conde de Romanones, el célebre Romanones. Es muy armonioso el lienzo de viviendas de la margen de impares de la calle. No el otro.

La churrería de Benavente estaba cerrada a pesar de ser desde ayer la fábrica de churros actividad esencial.  “Solo para llevar”, de acuerdo, pero la sartén churrera, como los altos hornos, funcionaba a todas horas. O casi. Y te ahorra la visión del edificio ladrillero que llena la acera entera entre Atocha y la plaza del Ángel. La del Ángel no es en puridad una plaza, sino un bien cortado embudo de paso entre el nudo de Benavente y el vivero de San Sebastián y Santa Ana. Plaza, plaza, Santa Ana, desde luego. Habían levantado los precintos que cosían los castaños y los mástiles de las terrazas el otro día. He pasado entre ellos de vuelta del Moega. La vuelta: León, la Academia de la Historia, Huertas, Príncipe y Santa Ana.

He apuntado dos obras: la casa de los Dominguín, en la esquina de Príncipe y Huertas, está de lavado de cara, oculta tras andamios que han respetado la placa de rombo. La arrocería murciana, El Caldero, reabrirá cuando quiten andamios y el polvo a la calle. La tienda de grabados de Huertas, fascinante escaparate de anticuario, está de liquidación. El café que hacía frente a la puerta barroca del Palacio de Santoña ha sido vaciado. Abrirán otro.

Lo que han vaciado del todo ha sido en Santa Ana el Viña P, que era el último reducto y mentidero taurino del barrio. El barrio más taurino de Madrid: la calle de la Victoria, el Hotel Victoria, Gayangos, La Trucha y la Cervecería Alemana, única superviviente del naufragio. La tiene pintada Robert Ryan en un cuadro memorable. Era donde la tertulia de Dominguín padre. Un gran cenáculo. Ya no. Tal vez la destrucción del Viña P sea tan solo una reforma. Ni idea. Pero es que no había a quien preguntarle nada. En La Trucha, reabierta en otoño, no para, que se sepa, gente del toro.

Antes de coronar la cumbre del Moega, bajé a paso lento el tramo de Atocha entre el teatro Calderón y Antón Martín. Lo hice mirando. Hay edificios buenos, no tanto como palaciales, sino de la burguesía pretenciosa del 1900, pero están mal cuidados o parcheados en rehabilitaciones de pobre presupuesto. El teatro Calderón es, con diferencia, la construcción más lograda. Una pena que demolieran su marquesina francesa tras el desprendimiento que causó la muerte a un viandante. Teatro cerrado temporalmente. La Cubana estaba a lleno diario antes de la pandemia.

De la parroquia de San Sebastián prefiero no opinar en este momento. Hay en Madrid iglesias mejores. El pleito por el arrendamiento del jardín del vivero no ha ido a mayores. Desalojaron a los floristas y, desnudo y vacío, el local promete. Y su jardín sin siembra pero jalonado por un hermoso olivo.

En uno de los edificios mayores frente a San Sebastián instaló la Rusia de la Perestroika y el Glasnost su primer centro cultural en Madrid. Una enorme bandera del imperio pendía desde el mirador de la tercera planta. Se impartían clases de ruso, se exhibían cintas históricas de la escuela de Sergei Eisenstein pero no de sus discípulos realistas y en un cafetín menor hervía el agua de un samovar. Del cine Consulado, que fue monumental, al lado de Casa Rusia, no ha quedado ni rastro. De la sala de fiestas y baile en sus bajos, menos que nada.

Con la compra del Moega, luego de Santa Ana, hice en zigzag el recorrido hasta Sol. Núñez de Arce: qué bonitos los azulejos de Alfonso Romero de las dos fachadas de Villa Rosa. El Callejón del Gato: tiene gracia que las figuras de La Fragua de Vulcano se hayan reproducido en los cierres del garito doblado –La Fragua y, La Brasa, su hermana- para disuadir a posibles vándalos. Estaba abierta La Tía Cebolla. No Las Bravas, que esperarán al lunes. Falta uno de los espejos de la fachada.

Han cerrado la jamonería de Becerra y han puesto en su lugar una heladería italiana. Eccoló Gelato se llama. En el solar de la esquina de la calle de la Cruz y Espoz y Mina han levantado en muy poco tiempo un edificio de planta triangular. Está por estrenar entero. Vacía de terrazas la calle Barcelona. Ni una silla ni una mesa. Y lo mismo la calle de Cádiz. Me he parado ante el azulejo del Malatesta, que reproduce casi entero el mapamundi de aquella expedición ilustrada y tan mal valorada. En los cabos bajos del mural están señalados con rostros de ángeles de soplantes mofletes los cuatro vientos cabales del viaje. Me ahorro los nombres latinos. Siroco, Garbí, Gregal y Mistral. Vientos sonoros, vientos solanos.

Última actualización en Miércoles, 13 de Mayo de 2020 23:05