TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SAMANALISIS Y TAUROMAQUIA. Por Carlos Horacio Reyes Ibarra

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SEMANÁLISIS. Horacio Reiba.- Futbolicidio a la mexicana

TAUROMAQUIA. Alcalino.- Historia de un cartel

 

Futbolicidio a la mexicana.- El futbol, qué duda cabe, es hoy un negocio millonario. Pero desde muy antes ha sido varias cosas más. Historia, desde luego. Y una riquísima tradición, con su fascinante entramado de ritos, mitos y leyendas. Todo eso que los serviciales dirigentes de la Femexfut, con sus pactos de gavilleros y su servilismo hacia la tele, ignoran o fingen ignorar. Pues sólo de la ignorancia o el cinismo más cerriles pudo emerger la idea de suprimir el descenso, dejando en la estacada a los equipos de Primera A como antesala para oficializar, el viernes último, mediante alevoso albazo, su supresión definitiva. Instalan en su lugar una “liga de desarrollo” que tape, al menos de nombre, lo que los integrantes del Consejo de Dueños no han sido capaces de desarrollar como parte de la actividad de sus propios “clubes”.

Segunda lectura. Ésta sería, en síntesis, el patrimonio de tantos –patrimonio emocional, material y cultural-- al que acaban de sentenciar a mansalva, en plena emergencia pandémica, la nefasta Femexfut,a través de su vocero Enrique Bonilla. No más descensos, que desenmascaraban anualmente  la ineptitud cuando no la corrupción de determinados dueños de equipos, adiós a la mal llamada liga de plata, económicamente inviable según que según otro partiquino de Televisa de apellido Irraragorri, dueño de Santos y Atlas después de haber proclamado, solemne y oficialmente, que para 2017 estaría abolida en México la multipropiedad. En fin.

Pero el ssunto de fondo apunta más allá. Hacia el norte, para ser precisos: se trata de reproducir la fórmula gringa –franquicias sí, descensos no--, con la esperanza de fusionar algún día la Liga MX con la ML. La gavilla lo sueña como el gran golpe financiero, la manera de superar el creciente desinterés de las diversas aficiones del país –regla confirmada por alguna que otra excepción--, inducido por la mediocridad del espectáculo; sería, en realidad, la manera perfecta de diluir en territorio apache lo que queda del futbol mexicano y casi condenarlo a la extinción.  Si quiere usted una comparación entre el poderío económico de los EU y el raquitismo de los dueños de por aquí, no tendría más que ver lo que será el Mundial 2026: diez partiditos en canchas mexicanas y más medio ante públicos gringos.

Ojalá que la pandemia trastorne esos y otros planes diseñados por el enemigo, y este teclado en el que escribo se convierta en chicharrón.

Daños colaterales. Obviamente, tal medida arroja al desempleo a más de dos centenares de futbolistas y una cantidad ingente de empleados que trabajaban para los equipos de la Primera A. Con suerte, los más jóvenes podrán ser recontratados, puesto que la nueva liga –verdadera liguilla ésa sí-- nace con límite de edad fijo en 23 años, ni uno más.  Así, los gavilleros consiguen desembarazarse de la “regla de menores”, otro de sus intentos de taparle el ojo al macho, que les resultaba tan incómodo como llevar los zapatos en el pie equivocado. De la MLS parecen haber tomado la idea de refaccionar económicamente a la recién engendrada “liga de desarrollo”, a razón de 250 millones de bilimbiques a repartirse entre sus franquicias durante las próximas cinco temporadas. Nada dijo Bonilla de limitar la contratación de foráneos. Tiene sentido: el incesante trasiego de troncos forma parte de los lubricantes del sistema.

En cuanto a la sedicente Asociación de Futbolistas Profesionales, apenas le otorgaron sus amos el derecho al pataleo. Un sindicato legalmente constituido habría resguardado, aunque fuera un poco, los derechos de los profesionales defenestrados. La clase de sindicato que los propios futbolistas, por egoísmo y miedo a sus amos, nunca se atrevieron a formar.

Decesos lamentables y ansia por reanudar. Aunque a la deriva y sin contar con nosotros, el mundo sigue rodando, a diferencia de los balones, quietos y en reserva a nivel global. Del goteo de noticias resultante anotamos dos defunciones de exfutbolistas, casualmente ingleses ambos: por culpa del coronavirus falleció Norman Hunter (76 años), extremo derecho, ícono del Leeds United y campeón del mundo con el Equipo de la Rosa en 1966; y 78 tenía al morir Peter Bonetti, legendario guardameta del Chelsea que, presa de la maldición que amenaza a todo portero, perdería todo su crédito internacional por un flojo desempeño en el memorable partido de cuartos de final jugado en León el 17 de junio de 1970, y en el que Inglaterra perdió el título al caer ante Alemania por 3 goles contra 2: Bonetti, suplente ese mediodía del gran Gordon Banks, fue responsabilizado por al menos dos de los goles que configuraron la dolorosa derrota del campeón defensor.

Mientras en América el silencio encubre el desconcierto, lo que no es nuevo, en Europa, la industria del futbol se atiene a exigencias económicas irrenunciables y las ligas de cada país ya planean la vuelta a la “normalidad”, es decir, la reanudación de sus respectivos campeonatos. Como la televisión, también allá, es el principal alimento de sus finanzas, se plantea incluso que los partidos sean a puerta cerrada, con tal de que los compromisos adquiridos se vayan cumpliendo y sus ingresos no se sigan evaporando.

La excepción es Bélgica, que dio por cancelado el actual torneo de liga y tendrá que atenerse a la furia represora de la UEFA, cuya primera reacción fue el anuncio de expulsión del futbol belga de todas las competencias internacionales de la temporada 2020-21. Tanto de clubes como de selecciones.

No será la UEFA el FMI, ni el Banco Mundial ni las calificadoras de riesgo, pero está claro que lo grande se refleja en lo pequeño.

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TAUROMAQUIA. Historia de un cartel

Tres decenios después de que Gaona inmortalizara en Sevilla a “Desesperado”, otro leonés se convertía en el triunfador de una feria de abril en la Maestranza. Porque si bien Jesús Córdoba Ramírez nació incidentalmente en Winfield, Kansas (07.03.1927), su familia era de León y en León se formó  como hombre y como torero. De los Tres Mosqueteros –aquel terceto novilleril que causara sensación en 1948—Jesús representaba la pureza, la comprensión del toro y la elegancia natural. No tuvo una carrera fácil ni de éxito sostenido, pero lo que hizo en la feria abrileña de 1953 forma parte, por su propio mérito, de la historia grande del toreo mexicano en España.

Doble suspensión para empezar. Aunque figuraba Córdoba en los dos carteles iniciales, tuvo que esperar a los dos últimos días de la feria para presentarse ante los sevillanos. Y todo a causa de la copiosa lluvia que se precipitó sobre la ciudad bética el 18 y el 19 de abril, cuyas corridas hubieron de ser diferidas a los días 24 y 25 con la forzada ausencia de Antonio Ordóñez, herido de gravedad por un Tassara en el festejo del martes 21.

Miuras. Jesús Córdoba debutó en Sevilla con una corrida de Miura, que despachó con el cordobés Manuel Calero “Calerito” y el madrileño Jerónimo Pimentel. La temible divisa andaluza envió un toro excelente –“Calerito” alcanzó con él el triunfo más importante de su vida-- y dos que se dejaron torear, o así lo parecieron en manos del mexicano; la crítica fue unánime al considerar que debió desorejarlos a ambos, pero nunca fue la espada el fuerte de Jesús, que debió conformarse con una aclamada vuelta al ruedo a la muerte de su primero antes de pasear la oreja de “Emperador”, jugado en cuarto lugar. Para Don Celes, cronista del semanario especializado El Ruedo “Estamos ante un torero de rango… (que) derrochó en todo momento serenidad, elegancia y saber tanto de capa como de muleta, sobre todo con la derecha, que maneja mágicamente. Imprimió además a lo que hizo una emoción tremenda. Y lo dio todo en ambos toros, empleando también con sumo acierto la templada izquierda… (El Ruedo, 30 de abril de 1953).

Para G. Gómez Bajuelo, del ABC, “Se ganó al público con aquellos lances suaves, reposados, vertical la figura, con que saludó a su primero. Y en el quite por chicuelinas quedaron ya definidas su clase y su personalidad. Había un torero en la plaza. Para el público, un gran hallazgo… Sus dos faenas fueron excelentes, siempre con ese sello de elegancia. Muy derecho, corriendo la mano, rematando perfectamente los pases. Girando con gran precisión en los naturales, preciosos los redondos. Siempre erguido, airoso el andar. En su primero, la espada le quitó la oreja. Dos pinchazos, una estocada soberbia y vuelta al ruedo. La segunda faena, brindada al público, fue otro derroche de esencia torera, arrullada con los alegres sones de la música. Volvió la suavidad y el mando en los redondos, el aguante en los bellísimos altos con los pies juntos, y el tirar del toro con temple cuando el miura parecía resistirse. Faena de torero de los pies a la cabeza. Y esta vez coronada con estocada hasta la empuñadura entrando decidido y saliendo trompicado por entrar mirando sólo el morrillo y porque el toro lo esperó quieto… Cortó la oreja, dio la vuelta al ruedo devolviendo sombreros y recogiendo flores y ovaciones, y mandó guardar la oreja. El mejicano sabe el valor de una oreja en Sevilla.” (ABC de Sevilla, 25 de abril)

Ese día Miura echó un toro de vuelta al ruedo, el quinto, cárdeno caribello. E ideal para el torero. “Calerito” lo aprovechó con reciedumbre cordobesa, revestida de aguante y temple. Y le cortó las orejas. Este toro pesó 470 kilogramos. Los de Córdoba, 445 y 465. Qué diferencia con los miureños actuales, repletos de kilos y malas ideas.

Remachando el clavo. Rafael Ortega, en sustitución de Ordóñez, y Emilio Ortuño “Jumillano” acompañaron a Jesús el día 25 en su segundo paseíllo, para cerrar la feria despachando toros de Sánchez Cobaleda, corrida remendada con dos de Escudero Calvo. Y de los seis no se hizo uno, triste reparto de mansedumbre, invalidez y bronquedad ante el cual harto hicieron el gaditano Ortega y el salmantino “Jumillano”, muy valientes ambos, para salir de la plaza por su propio pie.

¿Y el mexicano? “Jesús Córdoba confirmó la magnífica impresión que produjo el día anterior –escribiría Don Celes--. Al primero, toro apagado, lo citó de muy cerca y empapándolo mucho, tiró de él con temple admirable. No lo pudo aprovechar mejor. No tuvo suerte al matar y perdió la oreja. Con el cuarto, el Escudero ya aludido (inválido), se limitó a abreviar como pedía el público… el animal se había caído varias veces a lo largo de la lidia. En vista de ello el azteca pidió el sobrero, toro de Benítez Cubero que fue a más y llegó a la muleta en condiciones para que el mejicano se luciera. Se lució, efectivamente, en pases por alto, ayudados por bajo, derechazos, naturales y un excitante afarolado de rodillas. Una gran faena, que culminó en la estocada. Hubo oreja y vuelta a hombros. Todo muy justo.” (El Ruedo, 30 de abril 1953). Para Gómez Bajuelo, “El mejicano confirmó plenamente sus excelentes aptitudes toreras. Deja en Sevilla un gran cartel de artista fino y enterado. La faena a su primero fue de calidad. El Cobaleda, aunque feo y con grandes defensas, era noble, pero se fue apagando, y sólo un torero de los grandes recursos del mejicano podía haberle sacado tanto provecho… logró unos altos mayestáticos, unos redondos suavísimos y naturales del mismo género, monumentos de aguante y naturalidad que hicieron entrar en acción el metal de la banda… unos pinchazos antes de la media estocada no se interpusieron a la ovación unánime por la gran faena de muleta… (ante la invalidez del cuarto) tuvo un gesto que la público ovacionó calurosamente: obsequiar un séptimo toro, de Benítez Cubero. Lo brindó al respetable, y quiso la docilidad del toro que el mejicano le cuajara una grandiosa faena, con gran variedad de pases bajo el signo de su estilo personalísimo… dio en hombros la vuelta al ruedo, exhibiendo el trofeo triunfal de la oreja” (ABC, edición de Andalucía. 26 de abril de 1953).

Jesús Córdoba, dos veces triunfador en dos corridas consecutivas. Y felices con él los sevillanos.

Jorge Aguilar. No fue Jesús el único mexicano en la cartelería abrileña de 1953. Desde Tlaxcala, desembarcó también al pie de la Giralda Jorge “El Ranchero” Aguilar. Y pudo desorejar al primero que le soltaron, de Clemente Tassara, porque lo muleteó con asentamiento, largura y temple, pero falló al matar y todo quedó en vuelta al ruedo. Esto el día 20, en que Rafael Ortega cobró la primera oreja de la feria, porque el 23 los de Montalvo nada les permitieron a Jorge ni a sus alternantes José María Martorell y “Jumillano”.

Al final, todo de Córdoba. A la hora de resumir los sucesos de la feria, otro comentarista de El Ruedo, Justo de Artigas, fue determinante: “De los nueve toreros anunciados… el que vio la gloria rendida a sus pies fue Jesús Córdoba… La suprema belleza de sus faenas, su muleta tersa, suave y rítmica, arrebató a miles de aficionados, plenamente convencidos de que en el albero de la Maestranza había quedado consagrado un artista de los que salen muy de vez en cuando… hasta sus propios compañeros de riesgo no quitaban los ojos del mejicano, subyugados por el misterio de su fácil y elegante manera de sentir y hacer sentir el toreo… Cuando algunos creían que porque iba a salir el toro con su peligro sin disminuir esto se acababa (alusión a la campaña contra el afeitado, que estaba en voga), llega un nuevo astro a demostrar que el arte del toreo ni muere ni se extingue. Loor a Jesús Córdoba, triunfador de esta feria de claras enseñanzas, en quien han reencarnado el señorío y la elegancia torera de Fuentes y Gaona.” (El Ruedo, ídem)

Sin premio. Es difícil entenderlo, pero Jesús Córdoba no volvería a Sevilla para torear ninguna otra feria de abril. Catorce meses pasaron antes de que pudiera verse anunciado otra vez en la Maestranza, y fue por iniciativa del círculo de periodistas que organizó la corrida de la Prensa del 54, con una terna que incluía a dos mexicanos –Córdoba y Juanito Silveti—y un rondeño, Cayetano Ordóñez, hermano mayor de Antonio. Esa tarde (15.06.54), con un muy serio encierro de Salvador Guardiola, el que abrió la Puerta del Príncipe fue Silveti. Tan buen sabor dejaron ambos que de nuevo los anunciaron juntos en la feria de San Miguel, al lado de Manolo Vázquez (28.09.54). Y entonces fue Córdoba quien cortó el bacalao, con la oreja de un ejemplar de Marceliano Rodríguez por trofeo.

Sería la última comparecencia en la Maestranza tanto de Jesús como de Juan. Para que luego nos vengan con el cuento de la reciprocidad. Y con que nuestros toreros no dan el ancho.

Última actualización en Martes, 21 de Abril de 2020 01:04