TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Castellón revisitado..Por Barquerito...

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Bitácora. 22 de marzo, 2020. Madrid, .

En la fachada noble de la FEMP, justo enfrente de casa, todavía luce colgada de balcón a balcón y junto a los mástiles la pancarta de reclamo del 8 de marzo. Pancarta de fondo morado encendido, que hace tiempo pasó a ser un color de marca, es decir, un bandera. Una pancarta de grandes proporciones, el letrero en blanco, y en blanco el cerco de estrellas de la Unión Europea con el logotipo de la FEMP. La Federación Española de Municipios y Provincias. Llevará desplegada la pancarta unas tres semanas si no más. Ahora resulta de una frialdad estremecedora. O un dedo que acusa. De la manifestación masiva del 8 de marzo en Madrid, la reivindicación capital del feminismo, se ha dejado de hablar. Rige la ley de no señalar a nadie. Pero en cuanto abro la ventana y me asomo al balcón me encuentro con la pancarta. La tengo enfrente.

Yo estaba el 7 de marzo cerrando maletas para una quincena de forastero. Nueve noches en Castellón –del 7 al 12, y del 19 al 22- y siete en Valencia, del 13 al 18. Once tardes seguidas de toros. Este año me saltaba la quema de las fallas de la noche de San José. Los primeros días de Castellón eran de asueto, pero solo el lunes empezó el chorreo en catarata de noticias de la plaga. Esperé a que se confirmara la suspensión de todas las fiestas. La daba por hecha. Me llamé a la calma. Zabala y Zazo Frauca me dieron la noticia casi a la vez.

Desde la planta novena del Doña Lola, con su terraza corrida, se contempla a tramos la panorámica entera de Castellón. 360 grados. Con el Desierto de las Palmas al fondo. El Desierto es en realidad un parque natural y un paraje suavemente montuoso con un espeso bosque de monte bajo y abundancia de palmeras autóctonas, especie única en la flora europea. El nombre de desierto es de ascendencia bíblica y tradición cristiana. La romería del domingo tercero de Cuaresma peregrina hasta una ermita de fama milagrosa con su fuente curativa. Estaba suspendida la romería desde el viernes. Y las fiestas todas: desfiles historicistas, pregones, cabalgatas, ofrendas florales, conciertos, exhibiciones de bandas de música de siete u ocho países europeos, majorettes despendoladas, disciplina uniformada. .

Se podía pasear por la ciudad silenciosa, casi desierta. Espléndido el Parque Ribalta, los jardineros muy activos. Impecable. Vacíos los restaurantes del Grao –Rafael, La Tasca, La Ballena, Lola-,  muy pocos turista en Benicássim. El autobús de línea entre el Golf y el Voramar iba casi vacío. De ida y de vuelta. Vi cerrados bazares chinos, pero en el de Pérez Galdós compré un exprimidor de cítricos –hice acopio de naranjas buenas- y una bandeja donde aplastar plátanos, kiwis y arándanos.

También el lunes me llamaron la atención las colas en los supermercados. En el Mercadona del paseo de Morella, en El Corte Inglés de la avenida de Barcelona y en el Carrefour de la calle Mayor, donde olía a pollo asado o asándose. En la tertulia diaria del Dina la parroquia se reía el sábado del acopio masivo de papel higiénico. Como si fuera el fin del mundo, decían. Imagino que el cierre de hoteles, tan riguroso en las tres provincias de la Comunidad, no habrá afectado a la pensión del Dina, donde se recoge gente solitaria. A dos pasos del Dina, el Hospital General, que conserva sus viejos pabellones militares y creció años después y en su día como gran clínica moderna. Dentro del recinto se cuidan los patios ajardinados antiguos. El acceso nuevo está bordeado de palmeras. Alivio para pacientes, regalo para la vista.

En casa, confinado esta mañana, en el programa de Javier del Pino de la SER, el “A vivir que son dos días”, título premonitorio, he descubierto que Ramón Lobo, periodista indomable de la vieja usanza, corresponsal de guerras, lobo solitario, vive en este mismo barrio, que está partido por la frontera de la calle Segovia. Y que hace tertulia en la Librería Méndez, en la calle Mayor, que es la mejor del barrio. De dimensión humana, dedicación preferente a la literatura ficción, pero surtida de vario géneros, Dueño y encargado saben los libros que tienen, todos, y donde están. Gente de bien. El programa de Pino no ha tenido desperdicio. No suele. Solo he hecho radiozapping cuando ha salido Broncano, porque me estomaga.

En la sección de catas alimenticias del domingo ha predicado el panadero del Obrador San Francisco del que os he hablado hace poco. El de las pastas esponjosas de jengibre. Y bollos suizos de blandura infinita, bien tostados, apenas azucarados, que asoman en grandes bandejas de obrador a la hora en que salen los niños de Colegio de la Paloma o de las monjas de la calle San Pedro. El pan va saliendo con su aroma irresistible en planchas impecables. Desde el mostrador, y desde ventanales de la calle de San Isidro, se ve trabajar a los amasadores.

Mi panadero es el gallego del Moega en la calle del León, Y por nadie lo cambio. Centeno integral con nueces y los bollos de trigo que al endurecer hacen sopas muy suculentas. Millás ha recuperado un reportaje de hace un año en una de las dos grandes funerarias municipales. Bordeando lo escabroso pero sin atravesar la línea roja y combinando el reportaje rescatado con la intervención de un capellán de auxilios espirituales terminales que acude a petición de las familias solamente. Ha contado que la última palabra del enfermo antes de partir es, la inmensa mayoría de las veces, “¡Madre!”

En Radio Nacional, mientras me empleaba a fondo en la limpia de un cuarto caótico, escuché el audio de un cuento magistral de Stefan Zweig, la historia del coleccionista ciego que vive ajeno a la pérdida del valor de su colección de grabados y al uso que de ellos hacen su mujer y su hija para poder comer y resistirse a las garras de las casas de subasta. Es una delicia de cuento. Inquietante, obra maestra. Trata de una pasión –por el arte del dibujo y el grabado-, de la ceguera, de la ambición de dinero, de la arrogancia y, siendo de solo cuatro personajes, tres de familia y un experto conocedor de Dresde, muy sencillo de entender. Se sufre. La marca Zweig.

Hoy terminaba a feria de Castellón. HA llovido a mares. Habrían suspendido la corrida. Y la de ayer. Y la de viernes, con viento.

Última actualización en Domingo, 22 de Marzo de 2020 23:12