TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ZARAGOZA. Feria del Pilar. Crónica de Barquerito: "Se destapa Álvaro Lorenzo"

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Firma a la verónica y al natural los momentos de mayor pureza de toda la tarde y rescata de su fuente original la bernadina mexicana

Dispar y pastueña corrida de Juan Pedro

Zaragoza, 10 oct. (COLPISA, Barquerito)

Jueves, 10 de octubre de 2019. Zaragoza. 6ª del Pilar. Templado, soleado, casi estival. La capota de cubierta, desplegada y casi cerrada.9.000 almas. Dos horas y media de función. Seis toros de Juan Pedro Domecq. Enrique Ponce, oreja y oreja tras aviso. Cayetano, silencio y saludos. Álvaro Lorenzo, oreja tras aviso y ovación tras aviso. Dos espléndidos pares de Sergio Aguilar al sexto.

UNA MAÑANA y una tarde muy luminosas en Zaragoza. Un día de azul verano, ni gota de viento. Pero toda la corrida se dio con luz artificial y a plaza cubierta. Al fragor del murmullo de las chácharas se sumó la banda de música, chirriante trompetería, metal mal afinado, versiones discutibles de pasodobles del repertorio contemporáneo. Dos vueltas le dieron a La Concha flamenca con su solo de trompeta- de la partitura original- mientras Ponce se entretenía con el cuarto toro matando más o menos el tiempo. Sonó un aviso antes siquiera de la igualada.

Otro aviso de los previos a montar la espada castigó la primera faena de Álvaro Lorenzo, en cuyo final y muy de sorpresa se pudo paladear la única tanda de naturales clásicos de toda la tarde. Fueron tres, ligados, tirados de verdad y abrochados con el obligado de pecho. Llegaron muy inesperadamente porque el tercer toro de Juan Pedro Domecq, acalambrado, descoordinado y en apariencia tullido o derrengado, tardó en asentarse lo indecible.

La perseverancia y el sentido del temple de Álvaro encontraron recompensa a última hora, cuando el toro parecía para el tinte y ya era amenaza cierta el aviso. El subrayado de esa tanda tan relevante fue más torero que deportivo. El óle silabeado y no el “¡bien…!” compulsivo. Luego de los tres naturales, y vuelto en sí el toro, sacado como un conejo de chistera, Álvaro remató trasteo con una singular versión del muletazo por alto a engaño escondido, de acento tan mexicano.

En ese muletazo que el maestro madrileño Miguel Ortas patentó en los años cincuenta, cuando su asiento definitivo en México, se inspiró casi al calco Joaquín Bernadó poco después. La suerte se ha encajado en el catálogo como bernadina. Joaquín se hartó de atribuir la invención a Ortas. Ni caso. Las sedicentes bernadinas se han convertido en plaga gratuita. Se tienen por lances de riesgo, y lo son, pero nada más.

Lo que hizo Álvaro fue volver al modelo primitivo y recobrar su plástica y sus méritos genuinos. José Tomás llegó a ensayarlo unas cuantas veces. Y Sebastián Castella. Y Alejandro y Diego Silveti en sus campañas en España. Lo habrá aprendido Álvaro con la familia Lozano –el patriarca Pablo o su hijo Fernando, mentor  de Álvaro, dos matadores con experiencia larga en México- y lo tiene bien sabido. Cite frontal a pies juntos, el engaño escondido detrás del cuerpo y librado suavemente y milésimas antes de la reunión sin descomponer la figura. Fueron seis los muletazos de esa serie tan de sorpresa. A los seis siguió una tanda de cuatro sin espada y con cambios de mano, de la patente campera de Daniel Luque, ligados sin rectificar y cobrados con impecable ajuste. Y entonces sonó el aviso. La banda había dejado de tocar hacía un ratito. Y mejor así.

La tanda tan severa de naturales de alta escuela y los diez muletazos de alarde no fueron la única aportación de Álvaro, pues fue el único de terna que toreó a la verónica con real reposo y despacioso compás. En el recibo del toro de la sorpresas y en un quite breve y descarado al segundo de corrida. A los lances del saludo del sexto les faltó vuelo, pero no una soberbia media de remate. Con ella cosió una revolera muy ensayada. El quite en el quinto, de frente por detrás, muy bonito, tuvo por remate otra revolera de las que salen en las fotos y la propina final de un brionesa a suerte cargada, como la de los buenos pases de pecho.

La corrida de Juan Pedro, de traza, son y estilo dispares, fue pura pastelería. Con la excepción del  tercero, de tan tardía definición, y de un sexto venido abajo después de picado. El primero, el de mejor nota, estuvo a punto de llevarse por delante a Álvaro Lorenzo en un resbalón y le pegó a Ponce una voltereta monumental cuando salió de suerte de un primer pinchazo. El segundo salió flojito; el cuarto, como el carretón; el quinto, pastueño en grado pajuno.

Ponce se embarcó en faenas del repertorio propio, de una teatralidad exagerada, sobreactuada, empalagosa. En la segunda sustituyó el natural puro por una suerte vicaria en la que llevaba tiempo sin abundar: el cite con la izquierda a muleta vuelta, el pase desplazado y no ligado con el siguiente. Fácil, templadito y hasta primoroso con la diestra. Poco felices los intentos de toreo en cuclillas. Cinco minutos se comió una primera vuelta al ruedo oreja en mano. Cayetano tan firme como despegado, más rígido de lo que convenía, agarrotado, abusó de una de sus bazas fuertes, el toreo de brazos, pero se hizo querer en los remates de pecho a suerte cargada, que fueron contados en toda la tarde. Otra tarde interminable.

Postdata para los íntimos.- En toda una larga vida de viajero de ferrocarril, solo he perdido un tren. Fue en octubre de 1984. El intercity Madrid-Zaragoza, que tardaba algo más -hora y media- que el Ave de ahora. Pero el viaje plácido. Sin pasajeros colgados del teléfono. Eran más generosos los ventanos que los de Ave de ahora. La mitad de asientos de ahora, imitación de los de aviones de espacios agobiantes, dan a muro de vagón. El viejo intercity hacía paradas en Guadalajara, Sigüenza y Calatayud. Juraría que en Torralba o en Arcos de Jalón. Reconozcamos que los paisajes de la cuenca del Jalón, vistos desde el Ave, son singulares. Los otros, no tanto, pero también, porque el corte y el cruce de sierras y cordilleras, las escarpaduras y las arboledas, se prestan a una mirada de meditación y silenciosa gloria. La mirada privativa del tren. También tengo perdidos tres en Francia. Por las huelgas salvajes de los cheminots, que ya parecen integrados con el sistema. O conformes con él. Pero el tren que más de suele haber perdido fue uno de papel. De la pequeña enciclopedia sobre los nudos ferroviarios de Delicias se cayó en un descuido una línea fundamental: la de Bilbao-Miranda-Tudela y su continuación de Zaragoza y Barcelona. Ahora lo sirve un Alvia. Hay cercanías que remontan el Ebro hasta Tudela y Castejón. Los directos de Pamplona ya no pasan por Zaragoza. Desde Castejón se puede ir a Logroño siguiendo la línea del Ebro. El tren pega botes. La novísima o no tan nueva estación ffcc de Logroño es uno de los mayores disparates cometidos en lo que va de siglo.

Se fue un dedo a destiempo. Tengo la sensación de no haber cumplido con el día de todos los días. Lo reparo En el mismo garito donde estuve medio cenando, volví a ver, sin voz, la misma corrida de la tarde. Me pareció un espectáculo caduco, deplorable. Las imágenes mienten pero no engañan.

Saludos!.
Última actualización en Viernes, 11 de Octubre de 2019 20:19