TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Feria de Otoño. Crónica de Barquerito: "Fácil Luque, castigado Juan Leal"

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Un manojo de apuntes brillantes de Juan Ortega y una corrida de Puerto de San Lorenzo de dos mitades dispares

Tres toros de interés por delante y un deslucido final

Madrid, 28 sep. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 28 de septiembre de 2019. Madrid, 2ª de la feria de Otoño. Templado, soleado. 12.242 almas. Dos horas y media de función. Cinco toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile) y uno -4º- de La Ventana del Puerto, que completó corrida. Daniel Luque, saludos y silencio. Juan Leal, protestas tras dos avisos y silencio. Juan Ortega, silencio tras aviso y silencio.

Picó a modo López Candel al quinto. Buenos pares de Rafael Caricol, Jesús Arruga y Antonio Chacón hijo, que prendió al tercero un espectacular y muy celebrado par al sesgo. Arruga le hizo a Chacón, perseguido a la salida del par, el quite de la tarde.

FIELES A SU cita de las Ventas, un clásico del abono de otoño, los toros del Puerto cumplieron su fecha de todos los años. Menos pareja de lo habitual, completada con un cuarto toro del segundo hierro de la casa –el de La Ventana-, la corrida empezó más que bien: un primero de extraordinario cuajo –mucha plaza, presencia imponente- que hizo amago de saltar dos veces antes de ser fijado pero cumplió entregado en dos puyazos a salida tapada.

 

Tuvo enseguida Daniel Luque en la mano el toro y lo toreó a la verónica muy despacito. A su cargo, además, una lidia muy precisa. Quitó por saltilleras Juan Leal a tercio cambiado –tres lances, brionesa y desplante- y replicó Luque con lances ajustados. Tres y media. Noble el toro, claro por la mano diestra, renegón por la otra. Entre las rayas y el tercio una faena de Luque con su proverbial sello: facilidad, colocación, calma, toques sutiles, compostura natural y lindo manejo del toro, que, fijo en el engaño, a la sexta tanda tomó el camino de las tablas no sin un aviso previo, y en tablas dobló tras pinchazo hondo suficiente.

El buen son de los otros dos toros de la primera mitad –de parejas hechuras, sin la hondura superlativa del primero, pero muy astifinos uno y otro- tropezó con los imponderables. El tercero, que se enceló y metió los riñones en varas, pagó las secuelas de una lidia desafortunada, el exceso de capa de Juan Ortega, el mal manejo del lidiador en turno y los efectos colaterales del castigo en el caballo. Fue de banderillas en adelante, toro escarbador. Se jugó sin atender a su querencia natural de terrenos de sol, donde Antonio Chacón había prendido un memorable par al sesgo. El segundo toro–glorioso morrillo- se picó corrido, cogió de pleno en banderillas a Marc Leal pero sin herirlo y dio en la muleta buen juego. Nobleza y fijeza. Media verónica de Juan Ortega en un airoso quite a la verónica fue logro mayor.

Como un cohete el arranque temerario de faena de Juan Leal: de rodillas en los medios, el toro de largo y el cambiado por la espalda de rodillas, apertura de una tanda que iba a ser la única celebrada. Su larga deriva se encontró con el reproche de castigo del sector duro de la plaza. Por abrir Leal demasiados huecos, por acortar distancias antes de tiempo y por sacrificar la ligazón al intento de toreo en ovillo, que al toro, claro en la distancia, no le convino. Un corito de protestas. La firmeza sola, por despegada, no contó. Cuatro pinchazos sin pasar, siete golpes de verduguillo. Un inesperado quinario.

El asiento, la compostura y el modo risueño de estar, y de entrar y salir de suertes de Juan Ortega cuentan con declarados partidarios en las Ventas desde el mismo día de su presentación en Madrid. Se dejó sentir el ambiente a favor. No rompió la faena del toro de la desdichada lidia. Faltó meterlo en la muleta. Gobierno, no dibujo. Brillante formalidad. Hasta que en arrancada imprevista se fue el toro a tablas. Un feo espadazo trasero y caído fue borrón.

La segunda mitad de corrida poco tuvo que ver con la primera. El sexto, más ofensivo que ninguno, cabezudo, vuelto de cuerna, muy astifino, fue violento e incierto. Ortega le pegó antes de varas dos lances exquisitos que casi repitió a pies juntos luego. Luque se estrelló con un quite malogrado y a destiempo. El quinto, de talla nada común, fue de mutante conducta. Otra vez Juan Ortega dejó huella en un quite por sedicentes chicuelinas en campo abierto. Repitió brindis Juan Leal al público desde los medios. Como reclamando una tregua. La hubo. Descarado en los medios, de nuevo firme, aguantó el despertar del toro, que antes de irse a tablas quiso en el platillo. En tablas pretendió Leal dibujar la trenza emblema del toreo de cercanías, que en las Ventas se censura tanto. Ahora entró, pasada y contraria, la estocada al primer envite.

El toro de La Ventana, cuarto de sorteo, acaballado y trotón, distraído y sin celo, se apoyó en las manos, se rebrincó y se largó a tablas a paso ligero. Y entonces se encendieron los ánimos contra el ganadero. Como si los tres primeros no hubieran contado.

Postdata para los íntimos.- La tahona de la Cava Alta en el Madrid, muy próxima al mercado de la Cebada, gozaba de justa fama. Panecillos horneados sin respetar el rigor de los horarios de los panaderos. Era tahona de familia. No había más moda que la del pan candeal del trigo. Panecillos con pico tostado y dos estrías hendidas en la cara. Tiernos de blanda miga. Calientes, se comían solos. Probadlos con aceite de oliva bien untado, pimiento verde asado y un golpecito de sal. Sí, pero... ¿Dónde encuentro el panecillo ahora que el trigo está siendo proscrito poco a poco y los panes mínimos cerrados no se amasan ni expenden? LA baguete no ha llegado a sustituir a la barra española antigua. La hogaza es demasiado pan para uno solo. ¿La empanada gallega? No es lo mismo. La del Moega, masa aceitada sin mantequilla, en la calle del León, es exquisita.
Del pan hicieron fortuna los Baroja. Bendito el pan de Viena que dejó vivir de las letras a un novelista magistral. Abrir por donde queráis una novela de Baroja ahora mismo. Cien años después de escrita. Y está viva. Solo que en las panaderías madrileñas de los Baroja dejó un día de oler a pan. El panecillo de Viena, envuelto en papal cebolla, era y ya no es. "Un viena..!", tengo escuchado en Sevilla. Del mollete de Antequera, sobrevalorado, hablamos en otro momento.
Llegar a un pueblo de Castilla caminando antes de mediodía y sentir el aroma del horno del pueblo. El horno del pan.

 

Última actualización en Sábado, 28 de Septiembre de 2019 20:56