TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Un desafío muy igualado"

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Dos dispares toros de Saltillo y otros dos casi igual de dispares de Arauz de Robles, argumento de un espectáculo de interés

Una faena de emoción de Sergio Serrano.

Madrid, 22 sep. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 22 de septiembre de 2019. Madrid. 2º y último de los Desafíos Ganaderos. Encapotado, templado. 7.957 almas. Dos horas y media de función. Tres toros -1º, 3º y 5º- de Saltillo (Joaquín Moreno de Silva) y tres -2º, 4º y 6º- de Arauz de Robles. Sánchez Vara, saludos tras aviso en los dos. Javier Castaño, silencio en los dos. Sergio Serrano, vuelta al ruedo y silencio. Herido grave por el tercero Caco Ramos. Cornada de 20 cms. en el muslo izquierdo que contusiona arteria poplítea y nervio ciático. Operado en la enfermería de la plaza. Pedro Iturralde picó perfecto al segundo y Adrián Navarrete se agarró a modo con el cuarto toro. Pares buenos de Joao Ferreira y Fernando Sánchez.

LOS DOS PRIMEROS toros del último de los solo dos Desafíos Ganaderos de este año en las Ventas fueron los de mejor nota de la corrida. Un primero de Saltillo, blando y escupido del caballo, de noble y franco son en la muleta; y un segundo de Arauz de Robles que se empleó en dos varas y, de más a menos, claro y fijo.

Si el desafío se hubiera decidido por plebiscito, se habría llevado el gato al agua Arauz de Robles, pues a la calidad del segundo vino a sumarse la agresividad espectacular y la rara personalidad de un cuarto corto de cuello, en el tipo de lo de Gamero-Cívico, que fue, sobre todas las cosas, toro de público. De arrear con fiereza y bravuconería en el caballo –volvió grupas después de perder la pelea-, de esperar enterado en banderillas y de entregarse en la muleta cuando vino encelado, gobernado y sometido.

Toro de público, pero muy de otra manera, fue también el tercero de sorteo, con el hierro de Saltillo. Por incierto, por la forma de ponerse por delante, medir y mirar, y, en fin, por la electricidad de sus embestidas por abajo, que las hubo, y tan potentes que forzaron treguas. Apalancado, listo, fue toro de diversos matices: predador al revolverse por la mano izquierda, fiero estilo al recular tanto como al atacar. Así que, fuera de catálogo, pero en el son inconfundible de la sangre vivaz de Saltillo, ese tercero, de los de raros de ver, fue toro de mucha emoción.

Los dos últimos de corrida no tuvieron ni el interés ni la garra ni el aire de los cuatro precedentes. Un quinto de Saltillo que se aburrió en el caballo y, falto de fijeza, solo se movió de acá para allá sin terminar de emplearse y la cara arriba. Y un sexto de Arauz de Robles, el de peores hechuras de todos, que manseó en varas y salió muy escarbador, probón, zapatillero y revoltoso, a la defensiva.

La corrida se atuvo al reglamento de las concurso –acotada la zona de pica con rayas de cal en escala- pero no pudieron graduarse en rigor las distancias porque no hubo toros fáciles de fijar en el caballo, ni modo de dosificar las varas por culpa de los imponderables: un primer puyazo trasero con salída escupída, renuncias, puyazos corridos o sueltos. Como el propósito del desafío no era en realidad una prueba de concurso, se dio por bueno y cumplido el primer tercio. Iturralde picó con maestría al segundo, de Arauz, el de mejor conducta en varas, y Adrián Navarrete se agarró a lo grande con el descompuesto cuarto, de Arauz también, que apretó de fiero.

El oficio seguro y la experiencia de Sánchez Vara se sobraron para dar cuenta sin pasar apuros con el lote más equilibrado,  el saltillo a la mexicana que abrió desfile y el aparatoso cuarto. A los dos lidió y fijó con carácter, técnica y cabeza, y con los dos se entendió en faenas de distinto alcance. Más poderosa la del cuarto, más sentida la del primero. A uno y otro supo tener en la mano. Javier Castaño abrevió con el desganado pero incierto quinto saltillo y no terminó de rematar con el buen segundo una faena de notable arranque –doblones, dos series bien templadas- pero final apagado. Con público a favor de obra, Sergio Serrano protagonizó con el difícil tercero los momentos más intensos de la corrida. Por la manera de exponer, arriesgar y resolver en una faena de no esconderse y darlo todo. Sin arrebatos, trabajo de valor y aguante. En eso radicó la emoción. Con el pésimo sexto no hubo ocasión de refrendar.

Postdata para los íntimos.- Más ambiente de lo esperado. Los toros empiezan a terminar de noche. ¿En qué fase lunar estamos? Ni idea. En septiembre no se asoma la luna a los toros en Madrid. El cambio de fase trajo un par de tormentas ayer. Entra el otoño dentro de un rato. Ya mudan de color las hojas de los plátanos. En el Ideas de El País he leído sentado en el palco de prensa un maravilloso artículo de Jacinto Antón sobre Alexander von Humboldt. El gran sabio de insaciable curiosidad. Esta mañana le escuché al mismo Jacinto en el A vivir de Javier del Pino en la SER contar su relaciòn con los escorpiones en su casa de verano en Viladrau. Viladrau en el Montseny. La más templada de las cadenas catalanas de montaña. La más suave. A nada teme un alacrán
Última actualización en Domingo, 22 de Septiembre de 2019 21:46