TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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TÓVAR, VENEZUELA. Crónica de Rubén Darío Villafraz: " La contundente espada de Colombo"

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Última corrida de la Feria de Tovar 2019


Colombo tres orejas en el cierre de feria


El encierro de la ganadería trujillana de San Antonio, con toros más decentemente presentados que en la jornada anterior, poco se prestaron al lucimiento de la terna, pues sus descastadas, mansurronas y endebles embestidas condicionaron las cualidades artísticas de los espadas actuantes.

Finito pasó nuevamente sin mucho que decir, al igual que Orellana.


Colombo cortaría tres orejas, por la fulminante espada que le arropó faenas más de tesón y ambición de triunfo que eco artístico.

RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ

@rubenvillafraz

Fotos: RDV- Federico Montes


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de Toros Coliseo El Llano  de Tovar. III corrida de Feria.

Domingo 8 de septiembre de 2019.

Con poco menos de un cuarto de plaza (aproximadamente 1400 personas) en tarde soleada y con ligeras ráfagas de viento en los primeros tres toros, se lidiaron reses de SAN ANTONIO (Edgar Varela), en su conjunto correctamente presentados, a excepción del anovillado ejemplar que cerró festejo, variopintos de pelaje. En general descastados, con limitadas fuerzas en sus remos, a menos en la muleta, rajándose y marcando querencia en tablas.

Pesos: 485, 430, 500, 445, 483 y 440 kilos.

“FINITO DE CÓRDOBA” (Catafalco y azabache): Silencio en ambos.

RAFAEL ORELLANA (Luto y azabache): Leves palmas y silencio.

JESÚS ENRIQUE COLOMBO (Azul añil y oro con remates en blanco): Oreja y dos orejas, con salida en hombros.

INCIDENCIAS: Destacaron en la brega Eduardo Graterol y Gerson Guerrero, y en las banderillas, de forma magistral Francisco "Chico" Paredes y Ramón Contreras. En la vara buen puyazo de Alfredo Guimerá.

Dos horas y 25 minutos duración de festejo.

Nuevamente en volandas tras el corte de tres orejas Jesús Enrique Colombo, en el cierre de la Feria de Tovar 2019.


 

Tovar (Enviado Especial).- El cierre de la edición de este año albergaba un cartel de mucho interés, pero que al igual que las jornadas anteriores, solo los más dispuesto y con la capacidad en el bolsillo se darían cita en los tendidos del Coliseo. Bello adorno de la imagen de la Virgen de Regla, en su día central, en el ruedo, aun cuando motivó a más de un resbalón de parte del peonaje durante la lidia.

Los toros de San Antonio, una ganadería derivada de sementales y vacas de los hierros del Lic. Hugo Domingo Molina, dejaron mucho que desear en sus embestidas. Vaya racha que tiene esta joven divisa, que se esperaba mucho más a tenor de siempre recordarnos de ese apoteósico debut en Mérida en febrero del 2017. Pero de esa fecha a la presente, el bache es largo señor Edgar Varela. Vaya pensando una selección y poda a tiempo de tanto descastamiento como lo manifiesta unos toros de bella estampa, pero ayunos de bravura. Como lo fue el encierro de este festejo de cierre. Salimos de la plaza con la miel en los labios.

Vaya feria la que le vimos a “Finito de Córdoba”. No creo que quede mucho en el recuerdo su actuación de este domingo, pues los toros se encargaron de condicionarle su vena artística. Qué pena de verdad. Su primera labor sería un rosario de pases insulsos ante los envites desangelados del astado. Por ambos pitones no se complicaría el veterano espada, al cual se le agradece su sinceridad en no alargar trasteos donde se sabe que no hay donde sacar partido. Le mandó a las mulillas de estocada trasera y tendida.

Su segunda faena hacía augurar que íbamos a verle la mejor versión. La esperada por todos. Pero fue una mala ilusión, a tenor de la alegre salida del endeble burel, el cual ya en capote mostraba signos de su endeblez. Igual lo fue, y acrecentando asperezas en la muleta, la misma que tuvo Juan Serrano que utilizarle para “machetearle” de pitón a pitón tras acularse en tablas el astado. Tres cuartos de ración toricida, traseros y contrarios, para ser silenciado.


Lo de Rafael Orellana es también mala suerte. Venir del Perú, específicamente para esta corrida y toparse con semejante lote de bureles es para sentarse a llorar, literalmente hablando. El segundo de la función fue un mansurrón, avanto y aquerenciado que dejó por momentos intentar lucirse al espigado torero de El Llano. Pero poco más, porque ni un muletazo de postura relajada se permitió Orellana, el cual lo intentó por uno u otro lado, pero poco más había de bravura en el morlaco. El espadazo entero, contrario y perpendicular para ser silenciado, como lo fue con el que hizo quinto, otro muestrario de ayuna entrega con los engaños para lo cual Orellana sereno y sin desesperarse le despenó de tres viajes con el acero, nuevamente siendo silenciado. De las actuaciones más triste y lúgubre de este torero en esta plaza que se recuerde.


Los momentos de más entrega en el tendido vinieron a cargo del atlético Jesús Enrique Colombo, quien pasó ante el tercero como un vendaval de ganas y ambición de triunfo. No sería el toro más ejemplar para ello, colocando Jesús Enrique el complemento que requería las cortas embestidas de «Comilón», bello ejemplar al que fue poco a poco metiendo en la poderosa muleta del espada de Táriba. Faena de intermitencias, que ya en las postrimerías de esta fue acompañado por el pasodoble torero que nuevamente a destiempo autorizó el palco presidencial. La firmeza con la que se fue tras la espada, de estocada entera, ligeramente desprendida, sin puntilla, para premiársele justamente con la oreja.

Y en el que cerraba feria, nuevamente Colombo hizo gala de sus recursos para hacerse con una faena donde la ambición de abrir la Puerta Grande no desmayó nunca. El saludo con la larga cambiada cerrado a tablas fue su primer motivo de intenciones, para luego en banderillas hacerse de un tercio de insultante facilidad frente al novillote que tenía enfrente. Y con la muleta, tras brindis de labor a Johan Santana, a media alturita le ayudaria, sacándole al máximo las limitadas bondades de nobleza y recorrido del único astado que por lo menos metió la cabeza en la muleta con más claridad. El toreo efectista y a la galería primó sobre lo ortodoxo, para luego de este superficial recital muletero, disponerse sin muleta a citarle para dejar en todo lo alto el soberbio volapié que dejó sin puntilla nuevamente al toro y con ello desatarse la euforia en la plaza. Las dos orejas –la segunda excesiva para nuestro criterio- le avalaron la apoteósica salida en hombros, y el virtual triunfador de la edición de este año, tras sumarse las dos orejas de su paseíllo anterior.

Culminaba así la feria. El próximo año es el VIII Reencuentro de Tovareños. Esperemos que el elemento toro, el cual numerosas veces insistimos es fundamental, sea lo principal. De él depende en su mayoría el éxito artístico de una feria, y más con el esfuerzo que implica estos tiempos.

Última actualización en Lunes, 09 de Septiembre de 2019 20:40