TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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TÓVAR, VENEZUELA. Crónica de Rubén Darío Villafraz: "In extremis César Valencia salva la corrida"

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Segunda corrida de la Feria de Tovar


Una corrida remendada de tres hierros


En el que cerró plaza el espada cortaría con un poco de generosidad par de orejas que le abrieron la Puerta Grande, tras haberse despachado un lote de astados de muy escaso trapío para lo que debiera ser esta plaza.

 

“Finito de Córdoba” se encuentra con lote a contra estilo y Alberto Lamelas emborrona con la espada la faena de más poso de la función.

 

 

A falta de mayores emociones en la tarde, César Valencia sería “agua en el desierto” la tarde de ayer.



RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ

@rubenvillafraz

Fotos: RDV- Federico Montes

 

FICHA DEL FESTEJO

Sábado 7 de septiembre de 2019. Plaza de Toros Coliseo El Llano de Tovar. II corrida de Feria.

Con poco más de un cuarto de plaza (aproximadamente 1600 personas) en tarde soleada y con molestas ráfagas de viento en los primeros tres toros, se lidiaron reses de CAMPOLARGO (1º, 2º y 3º), LA CONSOLACIÓN (5º) y EL PRADO (4º bis), terciados de presentación, por debajo de los mínimos para esta plaza, lidiándose bajo el recurso de haber sido multados al no contarse con otros ejemplares para su sustitución; en su conjunto descastados y a menos en los engaños, destacado por ser los que más se dejaron los corridos en 5º y 6º. Pesos: 381, 380, 427, 440, 437 y 425 kilos.

“FINITO DE CÓRDOBA” (Buganvilla y oro con remates blancos): Palmas y silencio tras aviso.

ALBERTO LAMELAS (Añil y oro con cabos blancos): Silencio y silencio tras aviso.

CÉSAR VALENCIA (nazareno y oro con remates en blanco): Silencio y dos orejas, con salida en hombros.


INCIDENCIAS: El festejo comenzó con un retraso de 15 min a la hora pautada, tras desarrollarse justo a la hora pautada actos protocolarios de entrega de reconocimiento al matador de toros azteca Alejandro Silveti, así como la procesión de la Virgen de Regla por parte de la Cofradía de los Caballeros de la misma.

Destacaron en la brega Eduardo Graterol y Gerson Guerrero, y en las banderillas, Diego Guillén, Francisco "Chico" Paredes, Ramón Contreras y Víctor Meléndez.

Tovar (Enviado Especial).- No nos vamos a extender en detalles de una corrida que poca historia ha ofrecido a tenor de como venía desde antes de su salida de toriles. El parcheado encierro de Campolargo con dos toros de la familia Molina Colmenares había sentenciado por la mañana el devenir del festejo. Toros faltos de trapío, de escurridas carnes, fueron impropios y una afrenta de parte del ganadero titular para con la afición tovareña que tanto esfuerzo está haciendo estos días por asistir a toros. Y que te salgan con esto, es para pegar un grito al cielo. O en este caso que Johan Santana lo haga, pues es la afición de su pueblo la que sale perjudicada. No se lo merece.

 

“Finito de Córdoba” se le cantaba poemas a su tauromaquia, y vaya que méritos tiene por todo el bagaje que alberga, y en especial por su concepto, pero otra cosa es hacerlo con tal genero bovino como lo fue el primero de la función, animalejo escaso de todo –multado en la tablilla-, tanto que el propio torero deslucía al pasarlo de muleta, luego de haberse recreado en el saludo capotero. Detalles de torería y poco más lo que ha dejado el coleta de Sabadell intentado el toreo ortodoxo por la mano diestra. El medio espadazo ligeramente trasero, junto al golpe con el descabello necesario para recibir tímidas palmas.

Su segundo del lote, de salida había demostrado endebles fuerzas, a tal punto de derrumbarse tras el remate con media veronica en el tercio. Las protestas no se hicieron esperar asomándose el pañuelo verde para su rápida devolución, saliendo de sobrero un morucho de La Consolación, fuera de tipo, el cual su mansedumbre desde su prueba con el capote era evidente. Con los caballos varios fueron los picotazos e intentos, el cual se perdieron en la memoria para condenársele a banderillas negras. Ante dicho panorama, Finito lo que hizo fue abreviar, porque por uno u otro pitón nada claro le vio. Tras pasarlo con la espada con dificultades en reiteradas ocasiones, tibias palmas tras aviso se escucharon a la espera que este domingo cuente con mejor suerte en el género bovino que toque en suerte.

Similares cotas se vivieron con la actuación de Lamelas ante el segundo de la corrida, el cual lució en ajustado quite por tafalleras y gaoneras en los medios. Nuevamente echaría emoción Lamelas a su actuación tras el vibrante inicio de faena, en la boca de riego, cambiando por la espalda la embestida del anovillado animal, multado al igual que en el primero en la tablilla. Eso y poco más quedaría en la retina de los presentes pues luego en el toreo en redondo el toro trucaría sus embestidas bruscas y a la defensiva por ambos pitones, haciendo exponer más de la cuenta al torero jienense. El pinchazo en toda la medula, descordando al animal, completaría el cuadro de infortunios.

Mayor calado en el tendido fue su labor ante el jabonero sucio que hizo quinto, astado que tuvo una destacada pelea en varas, dos puyazos recargando, para ya en la muleta lucirse en torerísimos doblones del tercio a los medios, donde se hizo con la codiciosa embestida de «Ponce» como fue bautizado por las autoridades este toro. La mano derecha sería donde más a gusto se encontró el mencionado coleta, llevándole largo y templado, arropando en tela de su muleta al bravo ejemplar. Similar calado por naturales en breve serie molestado por el impertinente viento, para volver nuevamente a retomar faena por donde la había comenzado. Pero el burel se rajaría, a tal punto de cerrarse en tablas, donde buscaría pasaportarle, pero sus reiterados fallos con el estoque de cruceta, le hicieron perder más que un posible apéndice, a pesar de la faena haber sido rácanamente considerada sin la música por el palco presidencial.

El novillote que hizo primero del lote de César Valencia no desentonó de lo visto hasta el momento. ¡¡¡Que petardo señores!!!. Y así como eran sus hechuras así fue en la muleta del menudo torero, quien había lucido en banderillas con la facilidad y contundencia que le caracteriza. Voluntad de lucirse las que dejaría en evidencia Valencia, pero lo parada y descastada condición de animal hizo que lo realizado poco eco tuviese en el tendido. Los dos viajes con el acero necesarios dejaron en silencio su labor.

Pero quedaba en toriles el que cerraba función, un escurrido y cariavacado ejemplar que tenía como único elemento a reconocer la raza y entregada embestida que por oleadas ofrecía el burel, a las que se acoplaría César con un atropellado discurso muleteril, que a veces deslucía lo meritorio de su actuación. Las ansias de triunfo tal vez pesaron en ello. Pero la faena y el contexto era un oasis en el desierto de lo que hasta los momentos había deparado el festejo. No vaciló Valencia en irse tras la espada y cincelar el triunfo con un monumental volapié en todo lo alto sin puntilla, que tiraría “patas pa´arriba” a «Retador» para con ello los presentes dejar a rienda suelta las emociones contenidas toda la tarde, y con ello desde lo alto de la pajarera presidencial asomarse por partida doble el par de pañuelos y darle salvoconducto al mencionado torero su salida por la Puerta Grande.

Salíamos de la plaza contrariados. Tanto esfuerzo que se hace por mantener una feria taurina de este calado en este momento en Venezuela, y que el elemento central como es el toro sea lo último que se tome en cuenta. Cuando debiera ser lo principal. Por algo es la Fiesta de Toros.

Última actualización en Domingo, 08 de Septiembre de 2019 12:52