TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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EL APARTADO. Por "Barquerito": VICTORINO AL APARATO.

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Toros de Victorino Martín para Curro Díaz, El Cid y Emilio de Justo

Victorino se estrenó como ganadero en Bilbao en 1975 y ganó por primera vez el premio de la Junta de Vista Alegre a la corrida más completa del abono. Lo ganó seis veces más. La última, en 2008. La de hoy va a ser la trigésimo segunda comparecencia del hierro y su divisa dentro de las Corridas Generales. Victorino dijo en público más de una vez que sin Bilbao no habría podido ser quien era. Genio y figura.

Van a cumplirse en otoño dos años de su muerte. El espíritu sigue vivo. En sus últimos quince años de vida Victorino compartió con su hijo desvelos, planes, ideas e investigaciones. La transición ha sido por eso muy suave. Con Victorino hijo la ganadería se ha vuelto más científica, digamos. No buscar un toro predecible, porque entonces se aguaría el vino, sino de fijar caracteres. Una depuración. El aire es el de siempre, pero, elocuente detalle, las famosas alimañas han ido desapareciendo del catálogo. Hay victorinófilos que  pretenden que el toro alimaña pase a ser especie protegida. En manos del criador queda el asunto. El promedio de la ganadería en los últimos cuatro años ha sido de sorprendente bondad. Nunca los seis buenos. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Pero en la última edición, por ejemplo, rompió el cascarón un torero que debutaba en Bilbao, el toledano Álvaro Lorenzo, que toreó a placer con la mano izquierda un excelente tercero.

El último llegado al puesto de torero-de-victorinos se llama Emilio de Justo, que solo este año en Sevilla y Madrid ha firmado dos faenas magistrales con dos toros que ni alimañas ni de pasar el rato. Hoy debuta en Vista Alegre. Puede armarla. El Cid se despide con el que fue su hierro de cabecera. Aquí mató seis de una tacada en una corrida tenida por histórica. Hace doce años. Fama perdurable, leyenda. Curro Díaz las mata de todas las marcas y con todas se entiende sin sufrir. En su última de Bilbao, el año de los desdichados mano a mano, le cortó a un victorino bueno una oreja. De ley