TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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AZPEÍTIA, Guipúzcoa. Crónica de Barquerito: "Curro Díaz, en el patio de su casa"

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Corrida muy desigual de Salvador Gavira

Dos toros notables y con ellas firman faenas de chispa Ginés Marín y el propio Curro

Serio, distinguido y capaz Ángel Téllez

Azpeitia, 2 ago. (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 2 de agosto de 2019. Azpeitia. 3ª y última de la Feria de San Ignacio. Soleado, templado. 2.400 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función. Seis toros de Salvador Gavira García. Curro Díaz, saludos y una oreja. Ginés Marín, una oreja tras aviso y silencio tras un aviso. Ángel Téllez, saludos tras aviso en los dos.

EL PRIMERO DE CORRIDA, muy badanudo, mayúsculo colgajo y papada de pavo, y el cuarto, el mejor rematado de los seis, salieron en el tipo tan original de la ganadería de Gavira, que es la que ahora está tratando de recuperar uno de los vástagos del difunto Antonio Gavira. Serios por delante, peso ligero, con plaza los dos toros, que resultaron de signo y condición muy dispares.

Después de corretear y apretar, el primero rodó por la arena, claudicó –y eso iba luego a hacer más veces-, salió tronchado de un medido puyazo trasero, patinó y se derrumbó en banderillas, y llegó a la muleta inválido. Para general sorpresa brindó Curro Díaz al público. En cuanto venía obligado, se desparramaba sin remedio el toro. Pausas y paseos del torero de Linares fueron casi árnica para el toro, que muy a última hora se quedó debajo y le pegó a Curro una voltereta terrible. La taleguilla añil y oro, rasgada por un pitonazo en la nalga.

Sería doloroso, pero Curro aguantó hasta el final. Una buena estocada fue rúbrica de una faena entrecortada pero salpicada de pinceladas buenas. De la enfermería salió Curro antes de soltarse el tercero de corrida. Una generosa banda de esparadrapos donde la cogida. A cambio del percance, la fortuna de llevarse el mejor de los solo cinco toros negros de la corrida, un cuarto de bello cuajo que galopó de salida con ganas, humilló repetidor, cumplió en un puyazo cobrado al relance y apenas tardó en romper.

Toro de buen son. Un desarme por la mano izquierda dejó sin despejar la incógnita de si habría tenido por ella la misma entrega que por la diestra. Por ella y solo por ella fue, en los medios primero y casi en las rayas después, una faena de logros y calado desiguales. De recorrer mucha plaza, y no solo porque es costumbre en Curro separar las tandas con paseos larguísimos. En Azpeitia Curro es algo así como el torero de la casa. Los chispazos se celebraron. El asiento y el empeño, también. Y una estocada cobrada a ley pero de efecto muy retardado. En tablas se levantó el toro malherido hasta tres veces, Curro renunció a descabellar. La agonía del toro, aplaudido en el arrastre, provocó algunas protestas.

En el balance de la corrida, además del buen cuarto, contó el único colorado del envío, un segundo carifosco –la huella de algún semental de Salvador Domecq- que se movió mucho y bien. Fijeza y nobleza. Toro pronto y con entrega que solo en vísperas de la igualada escarbó sin previo aviso. La faena de Ginés Marín fue como la horma del zapato. Acoplado al son del toro –se prodigó con el capote en suertes mixtas-, se recreó en los muletazos a pies juntos, trabajó mucho más con la mano derecha que con la izquierda, aunque la zurda sea en su caso la mejor de las dos que tiene. Espaciada en pausas y paseos, faena de tandas más cortas que largas, de airosos remates. El todo llegó a la gente. Las temeridades –sedicentes bernadinas- tanto como el repertorio canónico, la soltura y una gracia ligera.

Ya no hubo más toros propicios que llevarse a la boca. Ni el quinto de la tarde, que, después de fijado en doblones notables, se paró casi en seco, y Ginés, tan fino con la espada por norma, pinchó hasta seis veces. Ni tampoco ningunos de los dos del lote del joven Ángel Téllez, que, igual que Ginés, era nuevo en Azpeitia. Novedad de interés por su seriedad, entereza, firmeza y recursos. Torero de corte académico, aparentemente frío de cuello, pero con un perfil de pureza muy particular.

La manera de ligar el natural con el de pecho –clave de bóveda del clasicismo-,  y de hacerlo no una ni dos sino unas cuantas veces, todas ellas con pulso y riesgo, fue la huella del estreno de Téllez en plazas del norte. También, su sencilla manera de resolver dificultades. El tercero, tardo, hizo hilo y repuso viaje, y el sexto, de noble fondo pero remolón y sin celo, los dos pusieron a prueba la pericia del torero: ni un pisotón, ni un paso atrás, la muleta por delante y sentido del temple, que no es un sentido común. Tan serio trabajo no provocó a los músicos –siempre afinados- y los dos trasteos pecaron por concienzudos de largos.

Postdata para los íntimos.- En el casco antiguo de Azpeitia, de lo que fue la villa amurallada, hay tres edificios de arquitectura civil muy notables. La casa de Anchieta -una rareza mudéjar del siglo XVI, solo que reconstruida cuando estaba a punto de venirse abajo-, la casa Altuna, cuya fachada norte es un original ejemplo de barroco neomudéjar, otra rareza en el País Vasco, y la Casa Basozábal -ahora Basazábal- que es un ejemplo todavía más raro de arquitectura del Renacimiento.

De los tres edificios creo que el mejor es Basozábal. Solo que la trama urbana del caso viejo no deja disfrutar de su hermosa fachada, la entrada noble. La fachada posterior, que da al río y tiene vistas muy bellas. no tiene el empaque de la principal. Fue la casa del obispo Martín de Zurbano, natural de Azpeitia, igual de Juan de Anchieta -maestro de capilla de la Reina Isabel de Castilla (la Católica). El Ayuntamiento ha restaurado el palacio de Zurbano, personaje muy influente en la corte de Carlos I, con muchísimo mimo, sin atender a lastres historicistas, y lo ha convertido en un centro cultural que apenas ha echado a andar. El espacio interior está muy logrado, porque no es fácil meter luz en un edificio tan opaco. Una claraboya ha obrado el milagro. Se han acondiconado las cuatros columnas de un patio italiano y se han preservado los viejos muros de piedra del país, tan venerable. Aquí creen que las piedras tienen poderes divinos. Y no sabría decir que no.

La casa Anchieta, frente a la parroquia, acoge desde los años 80 otro centro municipal con auditorio. Es una de las joyas de la ciudad. No conozco en Azpeitia recinto más elegante. Fuera del casco cuenta como edificio singular el Palacio de Emparan. Y en la salida hacia Zumaya y el mar, la vieja leprosería y la ermita de la Magdalena, el más frágil de todos los templos. Con su arcaico puente de piedra todavía en pie. Por debajo pasa apacible el río. Pero esa es otra historia.

NOTA DEL EDITOR.- Esta corrida fue transmitida en directo por movistar televisión. El diestro Ginés Marín brindó la faena del quinto toro de la tarde, a este ilustre y querido critico taurino, Ignacio Álvarez Vara "Barquerito", que ocupaba una delantera de grada, bajo el tejadillo. Visiblemente emocionado recogió la montera del diestro que le dedicó esa faena con las siguientes palabras: "Barquerito, aquí en su tierra, con mi admiración y mi respeto a una dedicación en una vida dedicada al toro. Un cronista taurino para la Historia. ¡¡Va por usted!!.". Como estoy seguro de que a esa distancia Ignacio no pudo escuchar lo que le dijo, ahí queda...
Última actualización en Viernes, 02 de Agosto de 2019 21:13