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Se torea como se és. Juan Belmonte

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PAMPLONA. SAN FERMÍN. Crónica de Barquerito "Tres toros sobresalientes de Victoriano del Río"

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Tres toros sobresalientes de Victoriano del Río

Ferrera, a su antojo con uno, y Eĺ Juli, con otro

Un primero de corrida de soberbias hechuras y estilo particular

Pablo Aguado se estrena en Pamplona en son menor

Pamplona, 11 jul. (COLPISA, Barquerito)

Jueves, 11 de julio de 2019. Pamplona. 7ª de San Fermín. Calor. Lleno. 19.600 almas. Dos horas y cinco minutos de función. Seis toros de Victoriano del Río. Antonio Ferrera, saludos tras un aviso y vuelta. El Juli, silencio y oreja tras un aviso. Pablo Aguado, saludos y silencio. Pares muy notables de Fernando Sánchez e Iván García.

LA CORRIDA de Victoriano del Río, 530 kilos de promedio, la más liviana de cuanto va de feria, fue la que más y mejor se movió. No ha habido día de sanfermines sin que saltara un toro de 600 kilos –solo dos de Jandilla se plantaron en los 590- y a esa cota llegó el que partió plaza y desigualó una corrida bastante pareja. La expresión grave y el serio cuajo del sexto fueron excepción a esa regla.

El toro de los 600, castaño lombardo, carifosco de rubia diadema, muy lustroso, fue sencillamente espléndido. Monumental. Con sus carnes, su alzada y su cuerna apaisada. Y su gesto de bonanza. Elástico y codicioso, fijo en los engaños, se abrió tanto que pareció hasta querer soltarse. Lidiado a la defensiva, y, por eso, querencia indefinida, apretó en banderillas y tardó en romper más de lo previsto. Después de hacerlo con claro estilo, estuvo por recular, pero sin dejar de darse y tomar engaño. Había derribado en un primer puyazo. El segundo, duro, se tomó por venganza. Fue este toro de fortuna para Ferrera, que no se decidió a sacarlo fuera de las rayas. Acomodado y seguro, templado por la mano diestra, pausado, dejó sentir su autoridad. Si la querencia del toro era de tablas, con ella pudo Ferrera suficiente pero sin contrariarla. En la suerte contraria, y al encuentro, una estocada sin muerte. Tres descabellos. Como la faena estuvo salpicada de pausas, un aviso. Para toro y torero sonaron las palmas con ganas.

Los toros jugados de impares fueron cinqueños. No solo el hermosísimo castaño. También un tercero de cabos y pitones muy finos, bien cortado, y un quinto sacudido de carnes, aparatoso por remangado. Fueron de diferente condición. Nada que ver con el buen primero, ni el uno con el otro. Con el tercero hizo su debut en Pamplona Pablo Aguado, que, en crudo y antes de varas, se estiró en el saludo. Remató con media en el mismo platillo. Toro de genio en el caballo, escupido del segundo puyazo y sangrado a modo en un tercero cobrado en la puerta cuando huía de la quema. Esperó en banderillas. Toro incierto. Aguado sorprendió con un suave trato sencillo. Medicina inesperada. No bastó. Receloso, el toro respiró por la edad y se vendió caro. Por el asiento y por los apuntes de toreo de compás, linda faena. Una estocada trasera. Las peñas de sol, en tarde potentísima, no se dieron por enteradas.

El otro cinqueño, el quinto, no paró de correr y correr sin freno, como si estuviera rastreando la pista del cabestraje que lo había conducido por la mañana en el encierro. El toro se empleó en el caballo, atacó en banderillas, vino franco a engaño y El Juli no se hizo esperar ni un segundo. Brindis al público y, en el mismo punto donde la montera, un molinete de rodillas para abrir boca. Bastó el molinete para que entrara en razón el toro, que fue de ritmo y entrega sobresalientes. Ferrera había estado a su antojo con el excelente cuarto de corrida, casi jugando con él como un gato con una madeja de lana, había dibujado, ligado y cosido por las dos manos, despacito se había explayado y hasta la gente del sol se rindió. La Pamplonesa acompañó la faena con una versión virtuosa del Eduardo Gómez Gallo, pasodoble de extraordinaria sonoridad con las tubas protagonistas. La música y la inercia del toro derivaron en una faena particularmente cadenciosa. Los muletazos al desmayo fueron una delicia. Un metisaca en los bajos arruinó el invento. La faena de Ferrera fue un reto para El Juli. Y, réplica o no, Julián le dio respuesta. No por el mismo palo. Ni en parecido terreno. Ferrera, cerrado de rayas adentro; El Juli, en los medios. Igual de reposado por las dos manos, exagerada y forzada la postura en las aperturas de tanda, de una precisión insuperable los toques, y los tiempos de un trasteo larguísimo, salpicad.loo de guiños al sol –circulares cambiados en cadena, miradas cómplices- y con la joya secreta de dos o tres pases de costadillo muy airosos. Una estocada trasera sin muerte, un aviso, dos descabellos. El coro del “¡Juli-juli…!” sonó a última hora. El segundo de corrida se dejó los riñones en un primer puyazo de bravo, se descaderó ligeramente y no contó. Abrevió El Juli.

A Pablo Aguado le pesarían las dos exhibiciones que precedieron a la salida del sexto toro, que se le soltó del capote en un frustrante intento de brega. No tomó vuelo una faena desigual pero fiel al canon del dibujo compuesto de alta escuela. Sin prisa.

Posdata para los íntimos.- Donde los cines Carlos III, en la avenida de San Ignacio, hay ahora un inmenso agujero supongo que edificable. Tiraron los cines hace no tanto. El suelo de Pamplona no es tan caro como el de Nueva York, Londres o París. O sí, quién sabe. No todo es cuestión de pasta. No se trata de comparar el Arga con el Sena, el Támesis o el Hudson. Pero el meandro de Aranzadi no lo cambiaria por nada. El meandro es un lazo fluvial que, desde lo alto de las murallas, parece camuflado entre la espesa fronda de ribera. En los mapas se distingue como un rizo tan cerrado que parece la tierra sembrada y habitada una isla interior, silenciosa y remota.

Lo mejor es perderse por la senda del lazo y escuchar el ritmo cantarín del agua o el aire que mece la fronda. La música de las hojas de los álamos. Tengo entendido que Pamplona fue pionera en el movimiento verde. Con razones o sin ellas, porque aquí se politizó en su día hasta la sopa de ajo. La riada del río Cidacos que devastó el pasado lunes Tafalla ha resucitado una vieja polémica sobre el tratamiento de los cauces de los ríos tributarios. Y acabamos donde siempre: "Piove? Porco governo!".
La destrucción de los cines me ha traído a la memoria la que se armó cuando la alcaldesa Barcina decidió construir el aparcamiento subterráneo de la plaza del Castillo, que fue tanto como tirar a principios de siglo -el pasado- las murallas de Pamplona. No todas, naturalmente. Pero sí dos o tres que no servían de nada pero llevaban levantadas unos cuantos siglos. Al tirarlas aparecieron restos de la muralla romana. Los romanos eligieron el sitio de Pamplona como su bastión militar predilecto del norte de Iberia. No me extraña.
Estaba más bonita la plaza del Castillo con su gran arboleda urbana y provinciana. Y ahora hace más calor. El castillo de la plaza fue derribado hace cinco siglos. Pero en Salses, junto a Perpignan, hay una réplica exacta porque Salses fue el modelo del primitivo castillo. El de Salses está muy bien restaurado o preservado. Hace dos años vi allí una exposición sobre el exilio republicano de 1939. Bestial. El castillo de Perpignan no está mal. En su entorno, uno de los barrios gitanos más extensos de Europa. Gitanos catalanes. .
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Un salpicón de cosas buenas: del genio de Ferrera al cénit de El Juli
ZABALA DE LA SERNA
Pamplona
Actualizado Jueves, 11 julio 2019 - 23:04
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Pablo Aguado libra bien su presentación en Pamplona con una desigual pero buena corrida de Victoriano del Río
Largo natural de El Juli al quinto toro de Victoriano del Río, este jueves, en Pamplona. EMILIO MÉNDEZ CULTORO
La presentación de Pablo Aguado en San Fermín traía un runrún especial. El torero del silencio en la plaza más atronadora del planeta. La elegancia en la boca del lobo. La fragilidad ante el toro de Pamplona. Que en su toma de contacto no sintió. Ni en su carta de presentación por chicuelinas al toro de El Juli -no convino el quite por su condición feble, por ir por el mismo palo que el de Julián- ni con el suyo propio de cuerpo inane y finas puntas. Sorprendió entonces Aguado por la suma facilidad, por el cambio del toro ante la suavidad. Su nervio arisco, ese calambre, desapareció como por arte de magia. Pablo no lo molestó nunca, en sus líneas y alturas naturales. Ni un tropezón, ni un enganchón, ni un tirón. Como música para amansar las fieras. O el toro no era tal fiera. No sé. Lo toreó a su aire, sin compromisos, y la sutileza surtió efectos. Incluso un par de naturales causaron cierto asombro. Y lo pasaportó de una pasada.
Trincherazo de Antonio Ferrera al cuarto toro de Victoriano del Río.EMILIO MÉNDEZ
Antonio Ferrera volvió a volar libre. Sin corsés ni ataduras. Como en la daliniana tarde de San Isidro pero sin el efecto sorpresa para quienes vivimos aquel acontecimiento como único. Por único se entiende irrepetible. Y el intento de repetición con toro tan notable como el cuarto tuvo un sonido predecible dentro del inspirado y genial salpicón de momentos, de muletazos buenos a salto de mata, desordenados, hilvanados en caminitos. La faena con la estructura deconstruida alcanzó su cumbre con la ayuda abandonada. Como la figura. La muleta cogida por el cáncamo, el toreo en los vuelos, naturales diestros desmayados. El trazo tal que nunca acabas de ver hasta dónde hubiera dado la profundidad del toro. Como si alguien quisiera verla. Burbujeó la plaza en plena merienda. Y eso era el loco milagro de Ferrera. Que la fastidió con un metisaca en los sótanos; el siguiente pinchazo ya fue con el toro muerto en pie. El acero está robando demasiadas glorias en esta feria, un esportón de orejas: AF paseó feliz la vuelta al ruedo. La espada ya le había privado de premio mayor con el toro de la apertura, un toro grande y hondo pero bien hecho de Toros de Cortés. Templado en el son de las verónicas de Antonio Ferrera. Derribó con estrépito y luego fue castigado duro. Le pesaban los adentros como dijo en banderillas. La faena tuvo ritmo de yo-yo. No porque subiera y bajara, sino porque fue un juego de querencias. De sacar al toro hacia los medios y acabar en cada serie basculando hacia los adentros. Y en esa senda pintaba la veteranía de Antonio muletazos de enorme cadencia. Aunque una tercera ronda de derechazos que desembocó en un interminable cambio de mano ya había sido el cénit.
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Pero el verdadero cénit de esta tarde variada y rica, como el incatalogable salpicón de Ferrera, fue la faena de El Juli a aquel quinto con hechuras de vaca vieja. Por ceñirse a una lógica estructural ligada, a una ciencia torera, a una sabiduría cierta. Una templanza serena envolvió todo. Dándole un ritmo creciente en su derecha a la espera, ese tempo que embrocaba un tiempo atrás: Juli acompañaba con todo la profundidad buscada. Y con la izquierda también. Encajado pero mecido. Todo lo que se había dejado en el tintero con un toro geniudo, sin poder ni trapío, lo sacaba ahora. Lo gozaba El Juli, que no olvidó dónde estaba: una cadena de circulares invertidos multiplicó el eco y catapultaron la obra. Que en otro circular travestido de cambio de mano sin kilometraje se elevó al cielo navarro. La colocación trasera del espadazo careció de muerte. Y el descabello terminó de cerrar la puerta grande. La oreja tuvo su peso y su festejo.
Erguido derechazo de Pablo Aguado al sexto toro de Victoriano del Río.EMILIO MÉNDEZ
Aguado acabó de librar con bien suavemente -sin apretar aunque habrá que ir apretando- su presentación con un manejable sexto que se acercó más al toro de Pamplona que otros de la corrida. Otro salpicón también sabroso. Que debió de ser este jueves el día.
Los lances de Pablo a puro pulso, yemas y muñecas a compás, flotaron como bolitas de caviar.
VICTORIANO DEL RÍO
Antonio Ferrera, El Juli y Pablo Aguado
Monumental de Pamplona. Jueves, 11 de julio de 2019. Séptima de feria. Lleno. Toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés (1º), tres cinqueños (3º, 4º y 5º), muy desiguales de hechuras, remates y seriedades; de buen juego en conjunto.
Antonio Ferrera, de sangre de toro y oro. Estocada atravesada y suelta en la suerte de recibir y tres descabellos. Aviso (saludos). En el cuarto, metisaca en los bajos y pinchazo (vuelta) .
El Juli, de nazareno y oro. Dos pinchazos y media estocada (silencio). En el quinto, estocada trasera y dos descabellos . Aviso (oreja).
Pablo Aguado, de berenjena y oro. Estocada trasera y descabello (saludos). En el sexto, media estocada (silencio).
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Última actualización en Viernes, 12 de Julio de 2019 09:01