TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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PAMPLONA. SAN FERMÍN. Crónica de Barquerito: "Tres jandillas de categoría"

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Y otros tres por debajo del nivel habitual de la ganadería en Pamplona

Faenas de caro nivel de Urdiales y Roca Rey, desacertados con el descabello

Castella, firme y terco

Pamplona, 10 jul. (COLPISA, Barquerito)

Miércoles, 10 de julio de 2019. Pamplona. 6ª de San Fermín. Estival, algún golpe de viento. No hay billetes. 19.800 almas. Dos horas y veinte minutos de función. Cuatro toros de Jandilla y dos -1º y 6º- de Vegahermosa (Borja Domecq Solís y Borja Domecq Noguera). Diego Urdiales, saludos tras aviso y silencio. Sebastián Castella, silencio tras aviso y una oreja. Roca Rey, silencio tras dos avisos y silencio.

LOS CUATRO TOROS del hierro de Jandilla se jugaron entre paréntesis. Primero y sexto fueron de Vegahermosa, el otro hierro de la casa. El primero, corto de cuello, de notable alzada y montado, dio en básculas 535 kilos; el sexto, amplio galán, largo como una noche, 590. Fueron toros de distinto son. A pesar de haber cobrado dos terribles lanzazos traseros, el primero, pronto y codicioso, se empleó sin reserva y a chorro. El sexto acusó resabios del encierro –el síndrome del toro corrido tan sensible en Pamplona-, se paró antes de varas, de la segunda de ellas salió escupido y a escape, y, lidiado sin criterio, pegó muchos cabezazos en la muleta. No dejó de protestar ni terminó de pasar.

 

No es que el saldo tan dispar de los dos de Vegahermosa se tradujera al calco en los cuatro de Jandilla. Pero dispares de hechuras, aire y entrega fueron los cuatro jandillas. Y de diferente edad. Cinqueños tercero y cuarto, que, muy armados, fueron, a su vez, toros de traza muy distinta. Cuatreños segundo y quinto, que al cabo compusieron el lote mejor compensado, porque ninguno de ellos entró en el cupo de los más ofensivos, o sea, los más serios por delante.

Por el rasero de la nobleza sí se equilibró la corrida, pero con la excepción del agrio sexto, que tanto renegó. Peso y volumen se calculan casi a ojo. El grado de nobleza no da para mediciones aritméticas. Primero, tercero y quinto fueron en ese punto toros indiscutibles. Y, a continuación, el segundo, de particular trantrán en carreras sueltas antes de defenderse en faena de cuerpo a cuerpo, y el cuarto, inmenso mozo veleto pero no cornalón, cuerpo. Y cara de toro viejo, porque lo era. Iba a cumplir los seis años de tope reglamentario dentro de tres meses. El abuelo de la feria. Cobró hasta tres puyazos, y ninguno de los tres, simulado. El otro cinqueño, el tercero, fue el más ofensivo de la corrida. Descarado, armado por delante, particularmente astifino. Cobró tan solo dos picotazos, que fueron mano de santo. No hizo falta más.

Era la primera de las dos tardes de Roca Rey en sanfermines. Muy calentito, el ambiente estaba con él, y lo estuvo desde el recibo del tercero a pies juntos y a suerte cargada con el capote y hasta el momento en que, herido el toro de media estocada trasera, vino la hora de descabellar. Doce intentos a toro sin descubrir. Llegó a sonar un segundo aviso. Tal vez resentido de la lesión en el hombro derecho, no halló manera el torero limeño de despenar al toro, que, de bravo, se le venía encima cuando lo tenía a mano.

El desaire fue monumental. De golpe parecieron no contar los méritos de una faena descarada, atrevida, templada, de mucha bragueta, ajustada, aparatosa, cumplida en el terreno que Roca dispuso. Sin escatimar, y sobre el cuerpo severo de la obra, alardes varios: desde el molinete de rodillas, al farol ligado con el de pecho, o la rosca de naturales en espiral, manoletinas a compás abierto y un desplante frontal de rodillas. La grada rabió con el tuétano y con la carnaza. Las peñas le dedicaron a coro el “¡Tú sí que vales!”. Pero el toro se fue al desolladero con las orejas que ya parecía tener Roca en las manos.

No fue la única faena brillante de la tarde, pues, en aire distinto –asiento suficiente, imperativo clásico, pausado regusto, templado acento, ligazón impecable-, Diego Urdiales se entendió con el brioso primero, lo sometió sin forzarlo, lo llevó toreado incluso cuando hubo que ganar pasos o perderlos y se sintió casi a placer en una plaza cuyo hilo sonoro nunca le ha motivado. Una estocada defectuosa precisó de tres golpes de descabello. Un aviso, porque la faena había sido labrada y larga.

Por todo eso -las dos faenas de mayor apresto- la primera mitad de corrida fue mucho mejor que la segunda. En su primera baza, Castella se emperró en abrir faena en tablas, donde no quería el toro, y la deriva fue un sin rumbo. La segunda baza fue para el torero de Béziers mucho más propicia, pues el quinto jandilla ganó en nobleza a todos los demás y, sin la gota picante de primero y tercero, quiso a todo con claridad, humillando y repitiendo. Tras una gavilla espectacular –el toreo en distancia cambiado por detrás-Castella se embarcó en largo trasteo tiramillas, de más calma que inspiración, firmeza soberana y la verticalidad marca de la casa. Toro molido. Trabajo del gusto de la inmensa mayoría,

La sorpresa fue ver a Urdiales apostar por el inmenso cuarto, que se puso gazapón, y sabérselo traer y conjugar por las dos manos con sabio oficio. Pero, para sorpresa, el toro que remató en negativo esta corrida variada. Como dicen los clásicos modernos, Roca “no tuvo opción”. Y, además, se dolía mucho del hombro.

Postdata para los íntimos.- Se empezó a hablar demasiado tarde de la España "vacia". Ahora se dice "vaciada" por esquivar equívocos. Como si no se entendiera de sobra el sentido. La España, pobre o no, que se fue despoblando a velocidad de vértigo a principios de los años noventa. Los amantes irrenunciables del ferrocarril sostenemos que el vacío, o vaciado, coincide en el tiempo con la explosión de los trazados de la Alta Velocidad, vulgo el Ave. Por donde ha pasado el Ave le ha costado mucho volver a la hierba crecer. O sea, una ruina.

Las partidas del Ave, deuda interminable, sacrificaron las inversiones en los trayectos convencionales, se destruyeron o abandonaron ejes estratégicos que habrían evitado en parte el cacareado vacío. No vale llorar por las patrias perdidas. Y menos en Pamplona. Solo que también he oído hablar de la Navarra vacía. La mano de obra en el campo será para la próxima generación de mayoría marroquí y rumana. Y ya lo es en la Ribera riojana. Etcétera. Está, además, la Navarra vacía maginada por el turismo peregrino del Camino de Santiago. El valle de Erro, por ejemplo. He sabido que empiezan a caerse los techos de palacios que levantaron los primeros indianos. Esta es tierra de palacios O era... .

 

 

Última actualización en Miércoles, 10 de Julio de 2019 21:27