TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

MADRID. Feria de San Isidro. Crónica de Barquerito: "Deslucido final de abono"

Correo Imprimir PDF

Tarde ventosa, corrida de Fuente Ymbro de seria conducta y terna poco inspirada y decidida

Vísperas de un fin  de semana, final de feria, que se presume apoteósico.

Madrid, 14 jun. (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 14 de junio de 2019. Madrid. 32ª de San Isidro. Primaveral, ventoso. 16.547 almas. Dos horas y media de función.Cinco toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo) y un sobrero -6º bis- del Conde de Mayalde. Morenito de Aranda, silencio tras un aviso en los dos. Pepe Moral, silencio y pitos tras un aviso. José Garrido, silencio tras un aviso en los dos. Óscar Bernal, que midió el castigo en el tercero, cobró en la puerta con el sexto un excelente puyazo. La listeza y el oficio de Domingo Siro en la brega y en banderillas.

La última de las veinticuatro corridas de toros del abono de San Isidro iba camino de ser una de las más breves de la serie. Había habido avisos para Morenito de Aranda –uno en cada toro-, para Pepe Moral en el quinto y para José Garrido en el tercero. A pesar de todo, eran las nueve menos cinco cuando se soltó el sexto de Fuente Ymbro. Uno de los dos más ofensivos de la corrida, pero el más descarado de los dos. Y el de más carnes de los seis. Ni feo ni bonito sino todo lo contrario.

 

Casi seiscientos kilos, y mal repartidos porque era pobre de culata. Del peso descompensado suele derivarse un frágil equilibrio. Antes de tomar capa ya se sintió que andaba justo de fuerzas. Ni a Garrido ni a su cuadrilla pareció gustarles ni convenirles el toro, que fue, probablemente, el coco del sorteo. Aunque impusiera más por delante el quinto, muy astifino y de amplia cuna. Por lo que fuera las cautelas se hicieron manifiestas.

A la salida del primer puyazo, en un patinazo, se fue el toro desparramado al suelo. Hubo protestas pero el palco esperó y, después de una segunda vara de cortesía, se cambió el tercio. Antes del primer par de banderillas y después de él también, la lidia no pareció tener más propósito que el de echar el toro al suelo. Capotazos gratuitos y de más. Después del segundo par, claudicó el toro. Y entonces cedió el palco a la presión. Pañuelo verde. Salió la parada de mansos, pero, antes de ninguna operación, enfiló el toro la puerta del corral.

A las nueve y cinco se soltó un sobrero del Conde de Mayalde, cinqueño, hondo, ancho y cabezudo, castaño y de percha discreta, pero poderosa: al rematar en el burladero de presidencia sacó astillas. Los sobreros de Mayalde tienen fama de dar juego y este del cierre de abono, no de la feria, fue, sin llegar a darse ni estirarse, uno de ellos. Frío y algo frenado de partida, cobró en la puerta un puyazo bien sangrado de Óscar Bernal que se bastó para ahormarlo.

Por primera y última vez se sintió en la feria y en la plaza un ambiente de saturación. Entorpecido por el viento, que propició enganchones y descubiertas, Garrido no dio con el terreno ni la manera de acoplarse. Faenas de varios tramos, pero sin que hubiera hilván entre tandas. Y entonces hubo quien empezó a acordarse del sexto fuenteymbro. Un aviso, cuatro pinchazos y una estocada ladeada de lento efecto. Y cayó el telón.

El primer toro de la corrida fue el abuelo de San Isidro. Iba a cumplir el tope reglamentario de los seis años dentro de dos semanas. Toro bello y serio, cuajado, que se abrió mucho, tanto que se acabó yendo a tablas al salir de suerte. Morenito de Aranda, a porta gayola en el recibo pero sin que el toro atendiera, se embarcó en largo trasteo subrayado por un exceso de voces. Mucha plaza recorrida. Una estocada caída tras dos pinchazos en la suerte contraria.

Alto y grandón, el segundo -600 kilos-, prueba primera de lo dispar de la corrida, fue toro de poco recorrido. Le perdió pasos Pepe Moral, que no lo vio claro. También era cinqueño el tercero, abierto de cuerna, apenas 530 kilos pero flaqueza de manos. Toro de buen aire, codicioso y pronto, pero precisado de muleta de mucho pulso. Garrido estuvo más firme que brillante. Se fue a los bajos con la espada. Sin contar al devuelto, los toros de la segunda mitad de corrida sacaron bastante más motor que los de la primera. Motor y entrega. El quinto fue el mejor del envío, pero, incomodado por el viento, no le halló Pepe Moral el cómo. Tampoco Morenito dio con la fórmula para enredarse con el buen cuarto en faena maratoniana.

Postdata para los íntimos.- A diferencia de las plazas de toros mexicanas y, en España, de la Monumental de Barcelona, la publicidad en las plazas españolas brilla por su ausencia. La cervecera Mahou copa los corredores y las galerías de las Ventas, pero no agresivamente. La galería del segundo piso, la de grada, sobrepuesta al zaguán vestíbulo de la puerta grande, es una zona de abandono inexplicable. En uno de los laterales, un almacén o despensa que atiende a todos los bares de grada. Hay dos barras larguísimas para abastecer a los vendedores. Y ahí está Mahou.
El entorno urbano de las Ventas es raro. El doble talud de los flancos del norte y el oeste, con toda su fronda, no tiene parangón. Tampoco la salida hacia el este por el puente nuevo sobre una autopista urbana que parece seccionar la ciudad no en dos mitades pero sí en dos mundos. Y hacer eso mucho más que el propio río, que era el límite natural de la villa defendida desde alcázar y muralla. El frente oeste es el más noble de Madrid. Con diferencia. El norte, con el Guadarrama de fondo, quedará oculto cuando se culmine una oscura operación de urbanismo que se plantea levantar torres y más torres. Desde la galería de las Ventas se divisa un panorama sin relieves. Las alamedas de la Fuente del Berro -parque precioso-, las cocheras del metro y, al otro lado de la M30, planas alineaciones de viviendas. Los bloques de la Concepción, que son masa de cemento en el este, han ganado carácter con la edad. Parece mentira.
Son contados los anuncios de las fachadas que vierten a la plaza. No podréis decir que el barrio sea taurino, porque no lo ha sido nunca. Las casas de Alcalá pueden pasar por modelo Lecorbusier. No tanto, no exageres. Hay en la esquina con la calle (de) Almería un anuncio de Detectives Almirante. Donde estuvo el cine Vox plantó sus reales un VIPS. En la acera de los pares un SuperCor y un hotel Ibis. Y una tienda de Toyota, otro anuncio de la inmobiliaria Nozar y una taberna que se llama Al Natural.
Y a esta hora, sales de la plaza y el aroma de los tilos, que ha llegado tarde, te embriaga.

 

Última actualización en Sábado, 15 de Junio de 2019 21:03