TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Feria de San Isidro. Crónica de Barquerito: "Buenos alcurrucenes, crecido Ureña"

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Favorecido en el sorteo, el torero de Lorca da la talla con un original quinto toro y dibuja una faena ajena a la rutina

David Mora y Álvaro Lorenzo, en son menor

Madrid, 31 may., (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 31 de mayo de 2019. Madrid. 18ª de San Isidro. Primaveral. 22.970 almas. Dos horas y veinticinco minutos de función. Seis toros de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano). David Mora, silencio tras un aviso y silencio. Silencio en el cuarto. Paco Ureña, silencio tras aviso y una oreja. Álvaro Lorenzo, silencio en los dos. Un buen puyazo de Óscar Bernal al quinto. Ángel Otero prendió al primero dos brillantes pares de poder a poder. Víctor Manuel Martínez, volteado por el sexto cuando cortaba en banderillas.

EN LA PRIMERA DE las dos corridas de Alcurrucén anunciadas en San Isidro salieron cuatro negros listones. Dos toros de calidad, un codicioso primero y un pastueño segundo; otros dos, cuarto y quinto, encastados de caprichosa personalidad y llamativo recorrido cuando tomaron la muleta; y dos más de capa, aire, forma y fondo distintos de los demás, un tercero berrendo en negro –el primero de esa pinta jugado en la feria- que fue toro tardo y no se empleó, y un quinto cinqueño castaño chorreado, hondo y ofensivo, de acento entre agrio y brusco, un punto rebrincado también porque no llegó a estirarse hasta muy el final.

 

Al margen de pintas y carácter, los seis toros estuvieron en tipo. Líneas reconocibles dentro de una ganadería tan larga y frondosa como Alcurrucén. Primero, cuarto y quinto, largos, el cuello agaitado, ligeramente ensillados, sacaron el tipo esbelto del toro que más se identifica como de sangre Núñez. Fue corrida astifina, pero, con la excepción del sexto, bastante menos ofensiva de lo habitual. Armados pero recogidos, no abiertos de cara sino apuntados, armónicos.

En este o aquel se dejaron sentir algunas señas de identidad engañosas del encaste –salidas frías, carreras sueltas antes de varas, protestas en el caballo de pica- pero los cuatro de nota, nota diversa, hicieron honor a su más ilustre fama: humillación, recorrido –el “tranco de más” tan bien definido por Pablo Lozano-, nobleza y seriedad de conducta. Acalambrado o ligeramente descaderado, el cuarto, protestado al arrastrar cuartos traseros, fue un punto tardo pero, cuando embistió, lo hizo con son. El quinto, el de más caprichoso temperamento, fue, de rayas afuera, y hasta en sus salidas sueltas a quién sabe qué querencia, el de más y mejor darse, y cuando lo hizo ya fijo en los medios, el de más personalidad de los seis. Los dos primeros fueron transparentes. El berrendo, también. El cinqueño respiró de otra manera. La corrida le gustó a la gente. Se aplaudió en el arrastre a los tres mejores. Los pitos en el arrastre del cuarto iban por el presidente y no por el toro. Como siempre que hay en liza una de Alcurrucén, los atentos al toro se fijan en los nombres. El más noble de los seis fue de la familia de los financieros: Tratante. Los de más profundo empleo, de la de los músicos: Cornetillo y Gaitero. Los otros tres, de familias no tan numerosas.

La suerte fue de nuevo caprichosa. Para Paco Ureña, el lote más propicio. Para David Mora, dos toros de muchos posibles. Para Álvaro Lorenzo, la china en el zapato del berrendo siempre encampanado y del áspero sexto. Ureña no le había cogido el aire al segundo, el Tratante de 600 kilos en báscula pero ligero de pies, y de rico compás, y toreó entonces al toque a pesar de que, por abrirse dócil, el toro venía casi solo.

Con el quinto, un Gaitero de 600 kilos también, que tuvo en banderillas arrancadas muy poderosas, sí primó, en cambio, la resolución que antes se había echado de menos. Bajo el signo de las salidas sueltas del toro tras solo la segunda repetición, pero con ellas, además, la alegría al volver a embestir siempre por abajo, la faena de Ureña tuvo dos virtudes afines: el ser, por el estilo del toro, trabajo fuera de rutina y, por la misma razón, serlo de menos a más.

Un inicio inadecuado por estatuarios al calor de las tablas del 7 y, fuera de las rayas, un dejar irse devanando un trasteo singular. Una tanda de seis naturales pero ligados de solo en dos, por ejemplo. Cites despatarradísimos, algunas veces frontales y hasta impostados, logros sueltos y, en fin, la fe que pareció absoluta en que el toro iba a acabar tomando engaño sin irse, que fue lo que pasó en un trepidante final de faena, de ir cosiendo trincherillas, latigazos, redondos de recreo, el del desdén mirando al tendido y, en pleno clamor, un inopinado final de toreo genuflexo casi en los medios de gran vibración. El sello de la faena fue su firmeza. Una estocada caída tras un pinchazo. Y premio.

Todo lo demás fue de menor cuantía. El toro primero se entregó en no menos de cuatro decenas de viajes de capa y muleta, pero David Mora, encajado en el saludo, no hizo fortuna ni de la mitad de ellos. Al atacar con la espada en la suerte contraria, sufrió un feísimo revolcón, con puntazo corrido en la cresta iliaca y una herida en el escroto. No se tuvo en cuenta su trabajo dubitativo con el cuarto. “No hubo entente” –frase célebre de Suárez Guanes- entre Álvaro Lorenzo y el remolón berrendo. Más entrega del torero toledano con el sexto: más ajuste, más tragón, más finura y una excelente estocada.

Postdata para los íntimos.- Las calles del centro están abarrotadas de ingleses. Ingleses del rudo norte -Liverpool- y de uno de los más refinados barrios de Londres -Tottenham-, de mayoría judía. Mañana juegan en Canillejas la final de la Copa de Europa de futbol el Liverpool y el Tottenham, y han venido a verlo en directo no sé cuántos miles. En Inglaterra la identificación con un club de fútbol no obedece tanto al criterio localista, que también, como en otros países de Europa. Creo que porque el nacionalismo inglés. que lo hay, queda absorbido por la selección nacional. A la selección de Inglaterra se la conoce en la isla como los Pross. Porque eran futbolistas profesionales, que cobraban por jugar, cuando la inmensa mayoría no lo eran

El fútbol profesional ha cambiado el mundo en lo que va de siglo de una manera tan disparatada que los análisis se resisten. El negocio es salvaje. Y alienante. Están locos.

La gente de Tottenham es educada, contenida y refinada. La de Liverpool, muy rupestre. A la hora de comer, seguidores del Liverpool agotaban en la calle de Toledo la cerveza por barriles. Y al apretar el calor, se casi desnudaban. Pero blandían y batían las bufandas espero que de seda- Como la tela de los paracaídas. ¿Para qué? Para nada.

Conspicuos y circunspectos, de más formal vestir, los del Tottenham merodeaban por los alrededores de Sol y la plaza de Oriente. Iban de paseo. Elegancia natural. ¿Y mañana qué? Mañana se reabre la línea 2 de metro que lleva desde Sol a Alsacia y de Alsacia a La Peineta, que es la frontera entre Canillejas y Coslada.

En Coslada vive un torero que se malogró por una lesión de rodilla. Muy fino. Sergio Marín. Ahora se dedica a la óptica. En Coslada está el llamado puerto seco de Madrid, la gran central de mercancías. En ese barrio vive otro torero. Un banderillero muy valiente. Toreó el día del vendaval.

 

 

Última actualización en Sábado, 01 de Junio de 2019 12:20