TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

MADRID. Feria de San Isidro. Crónica de Barquerito: "Dos excelentes novillos de La Quinta"

Correo Imprimir PDF

Segundo y quinto de una cita obligada. No se acopla con ellos el menor de los hermanos Lagravere, todo voluntad

Capaces Ángel Jiménez y Francisco de Manuel.

Madrid, 27 may. (COLPISA, Barquerito)

Lunes, 27 de mayo de 2019. Madrid. 14ª de San Isidro. Primaveral, ventoso. Seis novillos de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi). Ángel Jiménez, silencio en los dos. André Lagravére, El Galo, silencio en los dos. Francisco de Manuel, saludos en los dos. Pares notables de Iván García y Fernando Sánchez. Brega buena de Juan Carlos Rey. Un capotazo de quite de Lipi en el segundo. Azuquita, excelente puntillero.

LA NOVILLADA DE santacolomas de La Quinta, inquietante pimienta de San Isidro, fue del gusto de la gente. Para un codicioso segundo y un temperamental tercero, los novillos de más entrega en el caballo y nervio más vivaz, sonaron en el arrastre sendas ovaciones. Muchos aplausos para el quinto, de línea, remate y pinta diferentes, y también para el sexto y el noble primero. Solo se silenció el arrastre del cuarto, que blandeó y hasta se escupió en varas y llegó a irse a tablas por dos veces en plena faena de muleta.

Las capas cárdenas del toro legítimo de sangre y procedencia Buendía de primera mano, las cañas finísimas como si en vez de pezuñas gastaran zapatos de charol, las puntas muy afiladas, la mirada viva, la agilidad, la listeza propia. El impecable escaparate, que es seña de identidad, y su trasfondo: movilidad, prontitud, agilidad. Y entrega más desigual de lo previsto. En calidades ´-los viajes humillados con sus repeticiones, el son de la casta dulce- se llevó la palma el quinto, el distinto a todos los demás. En bravura clásica, el segundo, que tuvo recorrido y fijeza, y su punta de fiereza.

El noble primero, castigado por un primer puyazo de mucho sangrar, descabalgó al picador Agustín Romero, cobró un volatín completo después del puyazo y embistió muy despacito. Las cuadrillas sentirían que segundo y tercero se habían picado de menos, porque uno y otro se vinieron arriba, y los novillos de la segunda mitad recibieron mucho castigo. No solo el que se blandeó tanto –el cuarto- sino los dos que le siguieron. Jarabe de palo para el quinto, que se recompuso tras dos lesivas varas traseras, y también para el sexto, que hizo lo que ningún otro: escarbar dos veces, perder las manos y acusar las secuelas de dos puyazos preventivos porque el que entró en lote con él, el tercero, fue el que puso en alarma a la tropa toda. También ese sexto embistió al ralentí, pero solo por la mano derecha. Se revolvió por la otra. No hubo novillo que ni precisara de la muleta empapado. Se avisaban en cuanto se abría un hueco. Fue, por lo demás, y con la excepción del notable segundo y del excelente quinto, novillada de poco humillar.

De los tres de terna, dos –el ecijano Ángel Jiménez y el madrileño Francisco de Manuel- hacían su quinto paseíllo en las Ventas. El menor de los hermanos Lagravere, André, que se anuncia El Galo, solo su segundo. A manos de André, bullicioso, aparatoso, todo querer, vino a parar el lote de la corrida. No le perdió la cara a ninguno, pero lo desbordaron los dos. Una primera faena de aguantar pero sin templar una sola embestida ni terminar de encajarse ni ajustarse, y una segunda de muy corto vuelo. Así que se tuvo la sensación de despilfarro.

Ángel Jiménez dejó patentes su colocación, su firmeza y su refinado estilo. En un ladrillo la bien medida faena al toro que abrió fiesta, que solo quiso claro por la mano derecha, y  segura, serena y competente la del cuarto, que fue mirón y se jugó con bastante viento. El arreón de ese cuarto al sentir el primero de dos pinchazos previos a la estocada fue llamativo. Señal de fiereza.

Lo más brillante llevó la firma de Francisco de Manuel: en quites y recibos sus verónicas de lindo encaje, voladas despacio en el mismo embroque, lo que las hace originales, y rematadas con regusto bueno, gran juego de brazos, figura bien compuesta. Y dos faenas bien distintas, pues la agilidad agresiva del tercero, su manera de meterse o revolverse, solo consintió un trasteo de ten con ten y el aire pastueño del sexto por la mano derecha le dejó, en cambio, probar que de un año a otro sus progresos son notorios: calma, autoridad, aire de torero rodado y enseñado. Y una excelente espada.

Postdata para los íntimos.- A la gripe aviar, que fue mortal en su día, se la conoce científicamente por un segundo nombre: la fiebre de Newcastle. Newcastle es la capital de la más septentrional de las regiones inglesas clásicas: Northumberland, en la transición hacia Escocia, con la que linda de frontera. Entre Newcastle y la frontera soplan vientos despiadados. La Newcastle moderna, apostada en la margen izquierda del río Tyne, es una ciudad industrial de importancia. El castillo que da nombre a la villa, fortaleza de  gruesos muros, muros amurallados, preside todo el paisaje del entorno. Yo estuve allí hace muchos años.
Entonces eran muy importantes los astilleros y vi pelearse a gaviotas y palomas por la pesca de agua salada. Como me tiene preocupado la cantidad de excrementos de paloma incrustados entre los ladrillos de la plaza de toros, consulté en una página web para averiguar la manera de hacerlos desaparecer de los edificios. Y entonces descubrí la razón de ser de la fiebre y la gripe, que fueron plaga en el siglo XIX. El puerto donde más gaviotas juntas he visto en mi vida fue el de Aberdeen, que está 300 kilómetros al norte de Newcastle. Las gaviotas no son animales sociales aunque pueda parecer lo contrario. Las palomas, lo mismo. Cada una va a los suyo. Con el pico como una caña de pescar. Garras de fiera. Los gritos, graznidos desoladores. Son transmisoras del virus de la gripe fatal.
Le oí contar un día en Arles al gran Lucien Clergue, eminente fotógrafo, que Picasso detestaba las palomas. No solo en Newcastle y Aberdeen, también en la Costa Azul eran especie invasora. Clergue se refería Picasso como "don Pablo". Un respeto a pesar de la amistad tan cercana y tan de verdad entre los dos. Creo recordar que en la maravillosa conferencia que Lucien Clergue pronunció en el Instituto Francés de Madrid hace seis o siete años aludió a la aversión de Picasso por las palomas. No por la del dibujo célebre que se tiene desde entonces como enseña de la paz.
Y a todo esto, las elecciones de la Comunidad de Madrid, cuyos resultados implican inmovilismo en la gestión de los toros de Madrid. No harán nada. Será peor que la fiebre de Newcastle. No hagáis pronósticos. ¿Nada? Nada de nada.
Última actualización en Martes, 28 de Mayo de 2019 12:39