TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "La revelación de David de Miranda"

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Una faena de valor y entrega sin par con un extraordinario toro de Juan Pedro Domecq

A hombros, del casi anonimato a la fama en tarde ventosa

Méritos de Paco Ureña.

Madrid, 24 may. (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 24 de mayo de 2019. Madrid. 11ª de San Isidro. Primaveral, muy ventoso. No hay billetes. 23.624 almas. Dos horas y veinte minutos de función. En meseta de toriles, el Rey Juan Carlos, que recibió brindis muy celebrados de los tres espadas. Cinco toros de Juan Pedro Domecq y un sobrero -4º bis- de Luis Algarra. El Juli, silencio y leves protestas tras un aviso. Paco Ureña, vuelta y oreja tras aviso. David de Miranda, que confirmó la alternativa, silencio y dos orejas, salió a hombros.

Brega sabia y certera de José Antonio Carretero con el sexto.

NO FUE LA CORRIDA de la feria, pero saltó el toro más bravo del medio centenar largo vistos desde el 14 de mayo. “Despreciado”, número 58, cinqueño como toda la corrida con la excepción del segundo. Del hierro de Juan Pedro Domecq. Un hermosísimo galán de 605 kilos, dos perchas muy respetables, cuajo mayor, tronco espléndido, cañas finas. Negro y talludo. Imponía por delante. Y por su muy particular prontitud. En la distancia y el terreno que fuera, por una mano y otra, con encendido son.

 

Un puyazo severo y un picotazo, brega modélica de José Antonio Carretero, ataques vivos del toro en banderillas, brindis al público y entonces llegó la hora de David de Miranda, de Trigueros, Huelva, la tierra de los Cuadri, que acababa de confirmar la alternativa con un toro tan noble como endeble, y tan sin poder que en el intento de rebrincarse se posaba en el mismo punto del que quería lanzarse.

Con el toro de la confirmación llamó la atención un alarde de valor. A merced del viento, que tanto condicionó la tarde, David quitó tras la segunda vara en el mismo platillo, capote a la espalda, tres tapatías tomadas de cerca y una rara revolera inversa. Por el ajuste se tomó nota del quite. Y por la firmeza.

El tributo de una confirmación se paga con una larga desaparición de escena del confirmante. Solo que en el quinto toro, y en su turno, volvió David a quitar. Ahora por tafalleras, tres, y su revolera de remate. Luego, vino el órdago. Al sexto lo recibió con lances cortísimos sin apenas vuelo. No parecía caber tanto toro en capote de dimensiones menores. Atento a la jugada, José Antonio Carretero, brillante sin ser notado, estuvo al control del toro que él parecía haber visto mejor que nadie y que supo medir en poco más de media docena de lances de brega que templaron su son sin domarlo ni engañarlo.

Y, al cabo, una faena de muchísimo ruido. Encaje, bragueta, soltura, ligazón, mano baja para conducir, templar todo lo que se pudo los viajes sin freno del toro, abundar sin fatiga en tandas generosas de hasta cinco y el de pecho. Igual que en el quite de presentación, en el platillo, una primera serie de tres cambiados por la espalda librados en el último momento. Sin dejar los medios, y en la distancia otra vez, una primera tanda en redondo donde se dejó ver del todo el aire del toro, y luego otra de mayúsculo ajuste; y dos más con la zurda, logradas, a toro enganchado y enroscado. Así que fue un delirio.

La espontaneidad y la ilusión a borbotones del torero. La colocación, que fue clave. Y dos últimas tandas de levantar a la gente: la última en redondo, con arrucina intercalada, y un final de manoletinas escalofriantes porque los pitones le rozaron a David el cuello de la camisa o la misma pechera. Y una estocada a morir. Del anonimato relativo –de novillero en las Ventas había dejado impresión aceptable pero sin despejar la incógnita- a la gloria de triunfar tan rotundamente la tarde de su confirmación. Entre una y otra cosa, una grave cogida en Toro, Zamora, que lo tuvo un año entero en el dique seco.

La trama de la corrida, por lo demás, fue laberíntica. Lo enredó el viento, que no dejó a El Juli ni apenas ponerse con el toro de la devolución de trastos y estuvo merodeando toda la tarde. El tercero de Juan Pedro fue, sin contar al sexto, el toro de la corrida y Paco Ureña, sin redondear faena, sino espaciándola en capítulos, se puso con él en faena de menos a más, de temple y trazo desiguales, de entrega sin reservas.

El cuarto se lesionó en a boca de un burladero después de banderillas y fue devuelto tras diez muletazos que tomó perdiendo la mano rota. Fue devuelto antirreglamentariamente. El Juli anduvo desconfiado con un sobrero cinqueño de Algarra que adelantó por las dos manos y se puso pegajoso. Lo mató en los medios al tercer viaje. Con el quinto, codicioso, repetidor, de menos a más, escarbador pero claro al lanzarse, Paco Ureña se fue afianzando poco a poco y al cabo de larga faena, tirando del mismo hocico del toro, cobró dos tandas, una por cada mano, de dramático rigor. Gran estocada. Lo habían recibido con una ovación muy cariñosa. A ella correspondió el torero de Lorca.

Postdata para los íntimos.- Uno que vive en Carabanchel Bajo, a poco más de trescientos metros del Puente de Toledo, estuvo anoche contando que la gentrificación ha cruzado ya el Manzanares, que pasaba y pasa -solo un hilito- por debajo del puente. Y que los lobis  (lobbyes) inmobiliarios han echado las garras sobre la calle del General Ricardos, la que va subiendo rumbo a Carabanchel Alto- y todas sus arterias adyacentes. No es que el barrio sea marginal, pero es uno de los de mayor proporción de población emigrante centroamericana. Mucho parado.
Es barrio de tanatorios y cementerios -Santa María, San Lorenzo y el Inglés, tan melancólico- y en sus cercanías hay asentamientos gitanos muy poblados. Se dejan caer los edificios viejos de General Ricardos en el tramo bajo, entre la calle de Algorta y el paseo 15 de mayo, y no se dan licencias para construir de nuevas. Suben los precios de los alquileres, cierran comercios y comercios, todavía hay vida si la buscas -yo he encontrado mucha- pero esa vida escondida desaparecerá pronto. Ya vienen los bulldozers y las grúas por el remoto horizonte. Aquí se libraron sangrientos combates en el verano y el otoño de 1936. Frente de guerra. Trincheras y sacos terreros. Y ahora, los buitres de los fondos.
El barrio es inmenso. Interminable. Era un paraíso.

 

Última actualización en Sábado, 25 de Mayo de 2019 21:11