TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Gonzalo Caballero, herido grave"

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Una cornada en el muslo al entrar a matar el tercero de El Pilar

Corrida de imponente cuajo y varia condición

El viento y varios percances minan el ánimo de la tropa

Madrid, 21 may. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 21 de mayo de 2019. Madrid. 8ª de San Isidro. Primaveral, revuelto, ventoso. 14.666 almas. Dos horas y cuarto de función. Herido de gravedad Gonzalo Caballero por el tercero. Cornada de 25 cms. en el muslo izquierdo –tercio medio, cara externa- con destrozos en tensor, vasto externo e isquiotibiales y contusión del nervio ciático. Operado en la enfermería de la plaza. Seis toros de El Pilar (Moisés Fraile). Juan del Álamo, vuelta tras aviso y silencio en su lote, Mató el toro que hirió a Caballero en la reunión con la espada y también el sexto de corrida, silenciado entonces. José Garrido, silencio tras aviso en los dos. Gonzalo Caballero, herido grave. Picaron lo preciso Juan Francisco Peña y Curro Sánchez a cuarto y sexto. Gómez Pascual sujetó con acierto al primero tras la cogida de Del Álamo. Dos pares airosamente reunidos de Antonio Chacón al quinto.

LA PRIMERA MITAD de corrida fue una cadena de sobresaltos. Los ataques en tromba y casi descompuestos por la mano derecha del primero tuvieron en jaque constante a Juan del Álamo, pero fue en un cite por la izquierda cuando, descubierto por el viento, salió Juan  volteado muy feamente. No hubo cornada. La caída a plomo dejó al torero de Ciudad Rodrigo maltrecho. Se recompuso de la paliza en la boca del burladero.

 

Iba a tener que matar cuatro toros. Los dos de lote y los dos del de Gonzalo Caballero, herido tras cobrar con el tercero un pinchazo comprometido y sin salida. A ese primero, que se volvía a la velocidad del rayo, lo tumbó de estocada soltando el engaño. El arreón del toro al sentir la espada fue temible. Juan había tardado en cogerle el aire y en asentarse. Después de la cogida, en reacción muy de torero, cuajó la mejor tanda de una faena rematada con sedicentes manoletinas.

Aplaudieron en el arrastre al toro, que abrió el desfile de los cuatro cinqueños negros que se jugaron por delante. El segundo, muy suelto de partida, falto de fijeza, se cruzó con José Garrido antes de varas, lo encunó y arrolló con la violencia del toro crudo. Se tuvo entonces la sensación de que iban a pintar bastos. La inquietante movilidad del primero, su fondo pendenciero y su agilidad no fueron casuales. El son incierto del segundo, tardo pero de ataques fieros cuando se arrancaba, confirmó la impresión. Solo se había visto toro, mucho toro, hasta entonces. Cuatro toros rondando los 600 kilos, y los cuatro, de cuajo severo y con muchísima plaza.

Cambió el signo con el tercero, muy astifino, dos dagas, y descolgado con suave son a las primeras de cambio. Se picó corrido –señal de desconfianza-  y, después de picado, tardó en fijarse. No mucho. Fue el toro de la corrida: calidad, entrega, nobleza, recorrido. Caballero, gracioso pero despegado en el saludo de capa a pies juntos, se hizo querer en cuanto abrió faena: tres estatuaros y, en gavilla, cinco cosidos del desdén, un natural y dos de pecho. Y a los medios, donde fue una faena de emoción, de ganar y perder pasos, de abusar de los muletazos recortados, de arriesgar en los cites que abrieron tanda, de firmeza y corazón, de echarse también el toro más de una vez. Y desplantes de toda gama. Una tanda de temerarias bernadinas antes de la igualada. Al borde la segunda raya, Gonzalo se tiró a ciegas con la espada. Salió brutalmente corneado en el muslo.

Los tres percances, el cruento y los otros dos, pesaron después. El cuarto fue, como el tercero, toro de bonanza después de un primer tercio sin definirse. A Del Álamo se le hizo cuesta arriba el empeño, incluso cuando el toro descolgó con son. Faena trabajosa. Luego, saltaron los dos colorados del envío. Un quinto que con sus 520 kilos pareció peso ligero pero fue toro de mucho trapío; y un sexto monumental, altísimo y descarado, aplaudido de salida. El quinto, de rico galope inicial, bien tomado de capa por Garrido, desarrolló en la muleta listeza y, celosísimo, muy pegajoso, algo mirón también, no dejó de revolverse. El más difícil de los seis. El gigantesco sexto, en cambio, con sus afiladas puntas blancas, resultó el más pastueño de todos. De una reata, la de los Guajiros, ilustre en la ganadería. Del Álamo lo toreó despacio a la verónica y pareció venirse arriba cuando sintió que el toro tomaba engaño con claridad y repetía. Contaría el viento, pero después de abrir faena, dio el torero síntomas de agotamiento.

Postdata para los íntimos.- Parece que ha habido bronca en el Congreso. Con la de dentro se contaba. Con la de fuera, no. O al menos a mí me ha pillado de sorpresa. Era una manifestación autorizada de los funcionarios de prisiones reclamando por enésima vez lo mismo que reclaman los médicos, los enfermeros, las maestras de guardería y no sé si meter en el mismo saco a los maquinistas del metro. Más madera, más medios, refuerzos. Los carceleros habían montado el tinglado en el cruce de Cedaceros y la Carrera de San Jerónimo, frente al ala Oeste del Congreso, pero dándole la espalda. Un guirigay. El tráfico estaba cortado en el tinglado de Canalejas. Ni siquiera los autobuses.

Observé desde la esquina de Príncipe la chapuza perpetrada en lo que será algún día un hotel de cinco o seis estrellas. Brutal. La reparación del túnel del metro entre Sol-Sevilla-Banco y Retiro sigue sin fin. El polvo ahogaba. En Lhardy, donde entré en busca de refrigerio y de gelatina de ave, no había nadie. No circulaban ni los coches del Madrid View.

Yo venía, a todo esto, de Atocha, de comprar los billetes del tren de Pamplona para el 4 de julio, de buscar sin éxito la edición del Diario de Navarra con las noticias de Osasuna, oé, oé, oé, y de comprar en el Moega de la calle del León la hogacita de centeno y nueces de todos los martes y viernes. Y traía el olor a pan antes del polvo. Entró una niña muy despabilada y que qué pan quería. Y se le fueron los ojos por todos los estantes como a los gatos golosos. ¿Gatos? ¡La corrida de El Pilar!
Última actualización en Jueves, 23 de Mayo de 2019 10:29