TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Crónica de Barquerito: "Miurada sofocante, serio y capaz Octavio Chacón"

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En tarde de calor abrasador Castella no puede redondear su compromiso de matar miuras en Sevilla

El torero de Prado del Rey firma las cosas de mayor mérito

Sevilla, 12 may. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 12 de mayo de 2019. Sevilla. 12ª y última de feria. Calor sofocante, 36 grados a la sombra. 8.000 almas. Dos horas y media de función. Seis toros de Miura. El sexto bis, sobrero. Sebastián Castella, silencio en los dos. Octavio Chacón, saludos tras dos avisos y saludos. Pepe Moral, silencio tras un aviso y silencio. José Francisco Peña y Manuel Jesús Ruiz se agarraron bien con segundo y quinto.

SE JUGARON SIETE TOROS y no seis de Miura. El último de la feria, único colorado de un envío con mayoría de negros entrepelados, arrastró cuartos traseros de salida. No era el calambre propio del resabio de chiqueros, sino una invalidez patente. A eso se le llama entre profesionales “no poder con el rabo”. Se encrespó mucha gente pidiendo la devolución, palmas de tango, Pepe Moral hizo lo que pudo por echarlo al suelo, la presidencia aguantó hasta después del segundo puyazo, le hicieron señas a Pepe para que lo moviera y, cuando la cosa devino en motín, asomó el pañuelo verde.

 

La parada de bueyes no acertó a envolver al toro, que había dejado de caerse y de emplearse. Decidió el corralero no arrear a los mansos, sólo les hacía señas conminatorias y la escena resultó tan agotadora como casi la corrida entera. Pese a no estar en turno de lidia, Octavio Chacón tuvo la feliz idea de correrlo desde el callejón y provocar la carrera del toro rumbo a toriles. Aupado sobre el portón de salida y desde el callejón, Pascual Mellinas consiguió al segundo intento y a punta de capote convencer al toro. En ese instante respiró la mayoría.

Al romperse filas rompió una discreta ovación reclamando la salida al tercio de Castella, que mataba por primera vez una de Miura en Sevilla. Se tenía por una gesta. No hubo opción de culminar el propósito. El primero de la tarde, tardo y frenado, la cara arriba, no se empleó salvo en dos arreones, como suelen los toros tardos. Suficiente y terco el trajín del torero de Béziers, que agarró media estocada cuando el toro empezaba a defenderse. El cuarto, cinqueño, muy ofensivo, 670 kilos en báscula, fue el de más peso de la feria y de una corrida que, sin demasiadas carnes, dio 630 de promedio. No peleó en el caballo, pero a su alzada monumental y a su tranco agónico –propio del miura que cabalga sin galopar- se acopló con riesgo y sabiduría de torero bueno José Chacón. Dos pares de banderillas extraordinarios. Castella abrió por arriba asido a la barrera y remató la tanda de cinco con un hermoso natural. En rayas no quiso el toro, justo de fuerzas, incapaz de embestir dos veces seguidas, y Castella, tan firme como si la apuesta no contara, cortó a tiempo. La estocada, caída, fue con vómito.

Lo mejor de la tarde corrió a cargo de Octavio Chacón. Su maestría de lidiador en los dos toros de lote –recibió al segundo con larga cambiada de rodillas en tablas en alarde raro en el-, no perdonó un solo quite ni una sola réplica y a la verónica supo templarse poderoso. Las medias de remate, muy brillantes, se jalearon. Lances que el torero de Prado del Rey ha hecho personales, de firma propia.

Se aplomó el segundo de corrida, muy sangrado en tres varas, y se acabó resolviendo en solo medias embestidas. Chacón toreó en un solo terreno, señal siempre de buen gobierno. El toro pegó cabezazos, pero Octavio se empeñó. Estaría convencido de que antes o después romperìa por derecho. Mirón, fue toro muy remolón, Un pase de las flores de recurso, un desplante frontal y genuflexo, y una tanda última e inesperada de naturales fueron los mejores detalles de una faena laboriosa. De un primer pinchazo salió el toro atacando fiero. No de una estocada excelente de ejecución pero algo trasera. El toro no descubría y, cuando al cuarto intento con el descabello acertó Octavio, sonó un segundo aviso justiciero. Lo sacaron a saludar.

El quinto miura, acodado y abierto de cuna, se llevó de salida siete lances de lindo trazo y, antes de varas, cuatro de brega notables. El toro apretó en un primer puyazo duro y se apalancó. También guerreó en la segunda vara. A partir de entonces, no dejó de bramar. Rebrincado y revoltoso, incierto, gazapón y artero, fue deslucido. Chacón le había pegado al segundo dos o tres soberbios de pecho. Y a este también. Cuando el toro dio en pegar topetazos, Chacón cuadró y en cortó cobró una buena estocada. De la reunión salió el toro arreando tanto como el segundo. La porfía satisfizo a los paisanos. La gente de los pueblos blancos de Cádiz, cocida al sol, reclamó música. No estaba la banda para trotes.

El tercero fue el más noble de los seis miuras y, dentro de lo que es el género, el más previsible y de fiar. Fijo y pronto en el engaño, son aceptable. Corta la faena de Pepe Moral, cauteloso porque sentiría que el toro tenía poca fuerza. El sol había hecho estragos y el espectáculo se había desplomado cuando asomó el sobrero, que el torero de Los Palacios recibió con lances de arrebato. Ese último toro de la feria recortó, cabeceó y se apoyó en las manos. Y cayó el telón.

Postdata para los íntimos.- El inglés de las cartas de barras y restaurantes de Sevilla deja en general mucho que desear. Inglés macarrónico. O ni eso. Pero hoy, en mi despedida del Barbiana -la suave manzanilla, el contundente arroz marinera-, me de detenido a leer despacio la carta bilingüe español-inglés que pulula por la barra y las mesas altas. Éramos muy poca gente después de un fin de semana de abarrotamiento.

Me ha llamado la atención el rigor y el cuidado con que se han traducido las no menos treinta ofertas de tapas y raciones. Lo mejor de la traducción debe de ser la versión de los pescados, porque el Barbiana es más de pecados que de carnes. Y he pensado que así tendría que ser en casi todas partes. O siquiera en los restaurantes y bares de alto nivel. En la calle Albareda, a menos de cien metros del Barbiana, hay un centro de idiomas prestigiado. Se llama Clic por sus siglas. Habrá sido un genio quien tuvo la idea de la versión inglesa. Me ha hecho gracia que a la insuperable manzanilla se le llame Sanlúcar de Barrameda Sherry. Demasiado libre la traducción. Pero, si no, habría que ponerse a explicar demasiadas cosas.

En la calle de Otumba, esquina a Méndez Núñez, resiste como vestigio de la cultura inglesa, tan envidiada por una parte de la aristocracia de Sevilla, la camisería de Javier Sobrino, con sus escaparates de marcos de madera cara y cristaleras impecables y su oferta de camisas a medida, que puden ser de popelín -inglés, italiano o turco-, tipo Oxford o Shepir, de lino o villela. Los precios son prohibitivos. Los maniquíes, descabezados y sostenidos de una peana metálica a partir de la cintura, tiene manos ariculadas de artesanía y, entre los dedos. un catavinos.

Al amanecer trinaban los pájaros como locos anunciado la que se venía: un calor casi irrespirable.

 

Última actualización en Domingo, 12 de Mayo de 2019 21:55