TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Crónica de Barquerito: "Notable corrida de Santiago Domecq"

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La de mejor puntuación de la feria, donde debutaba el ganadero

Un toro de vuelta al ruedo y otro más que la mereció

Presencia impecable, variedad, casta y nobleza

Sevilla, 9 may. (COLPISA, Barquerito)

Jueves, 9 de mayo de 2019. Sevilla. 9ª de feria. Primaveral. Más de tres cuartos. 8.000 almas. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Santiago Domecq. Premiado con vuelta en el arrastre el segundo, Aperador, número 37, colorado, 575 kilos. El Cid, saludos y silencio. Miguel Ángel Perera, una oreja y saludos. Paco Ureña, palmas y silencio. Buenos puyazos de Juan Bernal y Óscar Bernal. Aclamados los lances de brega con el quinto de Curro Javier, que tuvo que saludar, Ya lo había hecho en el segundo tras banderillear. Víctor Hugo prendió al sexto dos grandes pares.

EL SEGUNDO TORO de la corrida de Santiago Domecq, único colorado del envío, más ancho y con más carnes que los demás, asomó rebotado de la divisa y amagó con volverse. En los dos gestos, de inconfundible viveza, se dejó sentir de bravo. Descolgó y humilló a las primeras de cambio, toro muy pronto, de celo claro. Ganas de pelea y de embestir. Dos varas, muy medida la segunda, un quite algo brusco de Paco Ureña capote a la espalda y un galope en banderillas del toro por si quedaba por saber algo más de él.

 

Perera lo vería más claro que nadie. Brindis al público y un temerario detalle: el de abrir faena con su clásico cambiado por la espalda y cite de largo, solo que de rodillas esta vez. No vería tan claro ni tan de frente al torero el toro, que, ya fuera de las rayas, pareció remolonear. Falso aviso, pues en el momento preciso vino a engaño, embistió con todo y por derecho, y repitió como los buenos. Perera tuvo que recomponer la vertical tras el tercero de tanda, de solo media rodilla en tierra, y cumplió serie con dos lindos latigazos, la trinchera y uno de pecho.

La fuerza del conjunto provocó a los músicos. No se habían arrancado tan de pronto en ninguna de las faenas de la feria. No dejaron de tocar –las dos melodías del “Tercio de quites”- hasta que en el remate de una quinta tanda Perera sufrió un desarme. De las cinco tandas de la faena, tres en redondo por delante y tres con la zurda después, la más lograda fue la primera, la más breve –tres y el de pecho- y la única en que Perera le dio al toro la distancia y las ventajas que parecía pedir.

No el medio pecho, sino casi de perfil, Perera se embraguetó en el dibujo de sus personales muletazos de trazo largo. Al toreo con la zurda le faltó ligazón –por esa mano hervía el toro- pero antes de la igualada ligó Perera el natural con el de pecho. Y, después, se enroscó por fin con el toro en una tanda breve. Soltando el engaño, una estocada algo ladeada pero letal. El palco sacó a la vez el pañuelo blanco de la oreja y el azul de la vuelta al ruedo para el toro en el arrastre. Hubo ligeras discrepancias.

Tras el arrastre del sexto toro, estaría de acuerdo todo el mundo en que se acababa de jugar la corrida de más calidad de la feria. No solo las hechuras, diversas, muy notables sin excepción pese a que fue corrida de lotes abiertos, sino, sobre todo, por el empeño general: la prontitud, la movilidad, la casta rezumada de cuatro toros, segundo, cuarto, quinto y sexto. Cuatro toros de son distinto, y eso redundó en beneficio del espectáculo y, naturalmente, del ganadero. El cuarto fue, sin contar el de la vuelta al ruedo, el toro de mejor compás y más reunido galope, hizo el surco por las dos manos y mereció la distinción con que se premió al segundo tanto como él. No se acopló El Cid con el toro, que lo desarmó y desarboló en las primeras bazas, y no hubo manera de recomponerse.

El quinto, negro zaino muy lustroso, engatillado, salió de bravo, metió los riñones en un primer encuentro con el caballo de pica resuelto a picotazos, se vino con ganas después y, tras la segunda vara, acudió de largo a un comprometido quite de Perera por saltilleras. Tremendos dos capotazos de brega de Curro Javier, Se encampanó ligeramente el toro luego. Perera abrió entre rayas por banderas, se abrió al tercio toreando por delante y se encontró un toro distinto de lo esperado. Vivo el nervio, guerrero, algo resabiado, tan pronto reponía como se soltaba. No fue sencillo estarse con él. Hasta que el toro tomó las tablas en huida sin disimulo posible.

Fue toro bondadoso el sexto. Y todavía más el primero, muy armado pero, como dicen los toreros, facilito. A Paco Ureña se le hizo cuesta arriba acoplarse al volumen del sexto. El Cid tiró muchas líneas con el primero. Y hubo, en fin, un tercer toro que, menguadas fuerzas, se paró demasiado ponto y sin ganas de pelea. Una tanda templada de Ureña sin continuidad y una estocada hasta el puño, la mejor de la tarde. Tal vez fueran por Ureña las palmas que rompieron al final del paseíllo. Era su vuelta a Sevilla tras el percance de Albacete que el pasado septiembre le hizo perder la visión y el globo ocular izquierdo. Pero salió a recoger la bienvenida El Cid, que toreaba en la feria por última vez. Para septiembre tiene anunciada en Sevilla su despedida.

Postdata para los íntimos.- El gusto barroco por la perfección es como suele decirse una de las señas de identidad de Sevilla. Es decir, y hablando del barroco sevillano, que la geometría ornamental es muy anterior a la implantación del boato a la francesa. El barroco es más cristiano que arábigo, pero en  no pocos casos están fundidas las dos La iglesia de San Luis, que supongo terminada tras meses y meses de empeño, representa la fusión de todo lo visible y lo invisible. Los jesuitas fueron excelentes arquitectos. Y lingüistas, y matemáticos, y genios militares. Y conquistadores de remotos territorios. Y sesudos hombres de finanzas también.
El gusto por la geometría tan sevillano se reconoce, por ejemplo, en una tarde de toros. Las dos jacas con que despejan plaza los alguacilllos parecen desde a grada de sombra hermanas de padre y madre, y van peinadas y vestidas como si fueran hermanas gemelas. Los alguacilillos, camuflados en su severo jubón de terciopelo negro y bufanda de encaje blanco, lo mismo. Y hasta parece que lleven contadas las plumas encarnadas y blancas de los penachos del sombrero, con el que tocan y del que se destocan a la vez. Los dos tiros de mulillas de la Maestranza cierran el desfile en paralelo y no uno detrás de otro, como pasa en Madrid, por ejemplo. Y, sin embargo, el edificio de la plaza de toros y el ruedo también tienen forma ovalada. La cáscara del huevo es pura simetría. La clara y la yema, no.

 

Última actualización en Sábado, 11 de Mayo de 2019 21:26