TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Crónica de Barquerito: "Gusta Galdós con un gran toro"

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El quinto de Torrestrella, muy completo, contará en el palmarés de la feria de Abril

Sn remate con la espada, una faena relevante del torero peruano. Ocasión singular.

Sevilla, 1 may. (COLPISA, Barquerito)

Miércoles, 1 de mayo de 2019. Sevilla. 1ª de feria. Veraniego. 6.000 almas. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Torrestrella (Herederos de Álvaro Domecq y Díez). José Garrido, aplausos y silencio. Joaquín Galdós, aplausos y vuelta al ruedo. Alfonso Cadaval, silencio tras un aviso y silencio. Picó perfecto al sexto Antonio Muñoz. Pares notables de Antonio Chacón hijo y Juan Carlos García.

POR HECHURAS Y CONDICIÓN la de Torrestrella fue corrida de tres y tres. Tres toros de notable fondo, distintos entre sí. Un primero de bellísima traza, botinero y capirote en negro, sardo de pinta pero apenas una lista castaña en un lomo blanco casi impoluto; un quinto cinqueño negro burraco, badanudo, muy bien rematado, recogido de cuerna; y un sexto negro bragado, ensillado pero alto de agujas también, montado y levantado, de aire diferente a cualquiera de los cinco jugados por delante.

El primero, pronto y con fijeza, descolgó enseguida y, sin embargo, no terminó de humillar. De salida José Garrido lo toreó de capa con descaro seguro: cinco lances de buen son y dos medias de remate, bastante diferentes. Quitó luego por mandiles, tres de buen ajuste, y media de broche, que fue de corte distinto a las dos previas. Tres visiones de una misma suerte. En el aire del buen toreo de capa de Garrido, que no es novedad, se reconoce bien la impronta de las maneras y el fondo de Antonio Ferrera, que fue su primer maestro reconocido.

Garrido abrió faena a lo grande –el cartucho de pescao, prólogo de una tanda de cuatro naturales más, y el de pecho muy abierto- y la banda de música se arrancó en el remate de tanda. No suele hacerlo. La faena cambió de signo y mano en la tanda siguiente. Garrido pecó de desplazar en exceso al toro. Sin vuelo, la muleta acompañaba las embestidas sin gobernarlas. Al volver a la zurda, Garrido se encontró al toro revuelto. Dos pinchazos y una entera caída. Aplaudieron en el arrastre al toro que abrió prefería. Garrido salió a saludar. Reconocieron su afán.

El quinto fue el toro de la corrida. El galope acompasado desde la salida misma y su manera de doblar o repetir en el recibo de capa vinieron a retratar bravura de calibre. Solo discreto el empleo en el caballo, pero de nuevo en banderillas se cantó el son del toro, que vino a la muleta galopando. Gran toro. Joaquín Galdós, airoso en el saludo de capa, estuvo firme con él, pero más resuelto que acoplado en una primera mitad de faena abierta en pausas premiosas. Las ideas claras enseguida, porque claro estaba el toro, pero hasta la que fue quinta tanda no llegó el toreo ligado. Antes, muletazos sueltos de lindo trazo. Fueron las dos últimas series, una por cada mano, y cuatro logrados doblones previos a la igualada, lo que dio a la faena altura. Alambicado el cite para una tanda con la izquierda de mano baja mandona abrochada con dos del desdén y una trincherilla intercalada entre ellos. La banda lo bordó. La estocada, con vómito, entró al tercer intento. La ovación para el toro fue sonora. La vuelta al ruedo del torero peruano supo a poco.

Remató de salida y se empleó en el caballo el sexto, que por ensillado fue el toro que, junto al tercero, desigualó la corrida. Picó muy bien Antonio Muñoz y galopó en banderillas el toro, que, justo antes de que Alfonso Cadaval ganara los medios para brindar, cobró contra el burladero de capotes un estrellón brutal que pudo haberlo tumbado y lo dejó disminuido. Siendo noble y franco, claudicó en finales de viaje, enterró pitones unas cuantas veces. Cadaval abrió faena con una bella tanda en redondo, se compuso luego y sintió sobre sus espaldas el peso de esos silencios reprobatorios de la Maestranza que parecen clavarse como dagas.

Ni el mansito segundo, de querencia incontinente a tablas, ni un tercero basto y sin cuello, aplomado y parado, ni un cuarto de viajes rebotados y algo incierto se prestaron a mayores hazañas. Garrido se sintió medido por ese cuarto, Galdós llegó a enganchar por el hocico al segundo en un par de tandas de mérito y Cadaval, muy nervioso, se empeñó en descabellar a toro tapado tras solo un pinchazo tendido.

Postdata para los íntimos.- Cuando se abandonó el largo tramo de ferrocarril que entraba a la Estación de Córdoba, lo que cambió como de la noche al día fue Torneo. Torneo y su desolada tapia interminable, que a mí, como a cualquier amante de los trenes, me parecía misterio mayor. El arbolado del Torneo empezó a borrar un paisaje hace casi treinta años. Pero ¿y si en tu primer viaje a Sevilla pusiste pie en la Estación moruna que era entonces estación término y terminal?

Pues entonces solo queda recrearse más o menos en la serie de fotos de época colgadas en paneles por las paredes de la estación reconvertida en un zoco sin mayor interés. Están remozando las paredes laterales de la estación. La fachada y las cerchas del techo se mantienen en buena condición. Esta mañana no había casi nadie. Las fotos de exposición no están ni valoradas. Si te fijas, descubres que todavía no se habían inventado las ruedas de maleta, el invento que más ha cambiado el mundo. Después de Internet, por supuesto. Los andenes, llenísimos de gente. Por si se iba alguien para siempre. O por si volvía después de mucho tiempo.

Y, luego, el autobús hasta El Turruñuelo. Una familia con tres niños vestidos de hombres. De mayores, Pero con pantalón corto. Me pareció que iban a una Primera Comunión.

Son tantos los "No fijar carteles" grabados en los azulejos del edificio abandonado de Los Gabrieles, en la misma plaza de la Legión, que ahora bien puede decirse que los árboles no dejan ver el bosque. Que no se disfrutan del todo los anuncios de Osborne, que son unos cuantos. El Mercado del Barranco no tiene mayor interés. Pero estaba hasta los topes. Yo no comería en Sevilla ostras el primero de mayo. No por nada. "Nada que celebrar", rezaba una inmensa pancarta colgada en la sede de la CNT en la calle de Alfonso XII. Camino del Museo, que cierra los lunes y el primero de mayo. Dan miedo los ficus gigantes de la plaza.
Última actualización en Viernes, 03 de Mayo de 2019 17:10