TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

ZARAGOZA. Primera de Feria San Jorge. Crónica de Barquerito: "Premiado un toro de Murteira Grave"

Correo Imprimir PDF

Méritos parecidos sumaron uno de Miura y otro de Carriquiri, pero el jurado de la concurso de Zaragoza optó por el menos castigado en varas.

Sobrado López Chaves.

Zaragoza, 23 abr. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 23 de abril de 2019. Zaragoza. 1ª de San Jorge. Tarde lluviosa y fría. Cerrada la cubierta. 2.500 amas. Dos horas y media de función. Corrida concurso de ganaderías. Toros, por orden de lidia, de Saltillo, Miura, Carriquiri, Concha y Sierra, Murteira Grave y Toros de Pablo Mayoral. Premiado el toro “Colibrí”, de Murteira Grave. Domingo López Chaves, vuelta y una oreja. Daniel Cuevas, pitos en los dos. David Galván, saludos tras un aviso y silencio tras dos avisos.Premiados López Chaves y Jorge Torres, que picó al sexto, como mejor picador.

POR CUAJO, CARA, plaza y trapío hubo dos toros sobresalientes. El de Miura, que hizo segundo, y el de Carriquiri, tercero. Los dos fueron aplaudidos con ganas de salida. No tanto el quinto de corrida, de Murteira Grave, muy hondo y astifino, abierto de cuerna. Todos los toros galoparon de salida. El de Miura, de rara o distinta manera, por apoyarse más en las manos. El de Joaquim Grave –el murteira- fue en ese punto el de carrera más viva y reunida.

 

Esos tres toros fueron los de más despampanantes hechuras y más peso. El carriquiri, cinqueño cumplido, pasó de los 600 kilos. El miura y el murteira se le acercaron. Como el carriquiri era corto de manos, abultaba todavía más que los otros dos. No es la primera vez que se ve un toro de Carriquiri de semejantes proporciones. Si el concurso se hubiera resuelto por escaparate, ese gigante, que fue por lo demás toro bondadoso, se habría llevado la palma.

El de Miura, de más alzada que ningún otro, cárdeno, de ancha envergadura, ligeramente cornipaso, se escobilló un pitón al rematar, pero le quedaba todavía cuerno para dar y tomar. Entre esos tres toros torísimos vino a ventilarse el concurso de ganaderías que, tras un año de paréntesis, volvió a celebrarse en Zaragoza. Poco público, pero muy participativo. No es que los tres toros restantes del certamen no contaran, pero fueron de otra manera: el de Concha y Sierra, cinqueño, estrechito, veleto y colín, no dio la talla precisa que exige un concurso. Muy bien rematado el de Saltillo que abrió el fuego, y lo hizo rematando en tablas como los buenos. Cárdeno y lucero, bello toro. El santacoloma de los Mayoral, largo y ancho, 578 kilos bien aparentes, cárdeno, se jugó en último lugar. Después de haberse saboreado tan proteico desfile de toros de primera, el que cerró la fiesta contó menos que si la hubiera abierto.

Con razón y sin ella, todos los mozos del certamen fueron aplaudidos en el arrastre. Todos menos ese santacoloma del broche. Le habían tocado dos avisos a David Galván –por pasarse de tiempo antes de pensar siquiera en igualar- y la megafonía, de volumen tal que resultó indescifrable, anunció el veredicto del jurado y el nombre de quien hacía la entrega de cada premio. En el marcador electrónico pudo leerse el fallo.

Aunque fue con diferencia el menos castigado en el caballo, el toro de Murteira fue declarado ganador. Tanto el de Miura como el de Carriquiri arrostraron la prueba de los cuatro puyazos no prescritos pero sí admitidos en las concurso. Antonio Muñoz picó el carriquiri con auténtica maestría. Fue el momento más vibrante de toda la corrida. El jurado se decidió por Jorge Torres, que picó con acierto el toro de Mayoral. Desde el burladero de la zona de picar, López Chaves, en un exceso de dirección de lidia, revoló algo más que la punta del capote para que el toro se animara a cobrar un segundo y un tercer picotazo después de haber vuelto grupas en renuncio.

Lo curioso es que el toro de Joaquim Grave no llegó ni a verse en la muleta, porque Daniel Cuevas, el torero del país aupado al cartel sin mayores méritos, se sintió desbordado a partir de la cuarta reunión y no fue capaz de componerse. Tampoco con el de Miura pudo mantener el mínimo asiento. Antes de pararse, el toro de Carriquiri sí se encontró las manos sabias y la compostura templada y ligerita de David Galván, que solo cometió el error, imperdonable en su caso, de prolongar faena hasta quemar sus logros primeros. Y lo mismo le sucedió con el toro de los Mayoral, al que pegó muletazos excelentes por las dos manos, pero fue como el cuento de nunca acabar.

La calma, el oficio y el saber hacer de un torero con tantas horas de vuelo en el campo y en más de un paraíso torista le bastaron a López Chaves para ganarse sin condiciones el favor del público y el del jurado también. Se entendió con facilidad con el toro de Saltillo, que escarbó mucho, y supo sujetarse firme delante de las dos afiladas velas del cinqueño de Concha y Sierra. La apertura de faena con ese cuarto fue una delicia de toreo campero de arte, horma y castigo. La mejor tanda de toda la tarde. Ni los viajes con la cara alta del saltillo ni el apagón del de Concha y Sierra le hicieron pasar apuros. El notable sentido de la lidia de banderilleros tan reconocidos como José Chacón, Juan José Trujillo y Sergio Aguilar dio lustre a la parte de función que menos parece contar  en estos casos. El espectáculo no pasó de aprobadito.

Postdata para los íntimos.- A las seis de la mañana todavía era de noche en Arles. La noche estrellada que pintó Van Gogh tiene tanta luz que hay que jurar la hora. Y lo mismo va por el Café de la Nuit de la plaza del Foro, la Plaza de los Hombres, que se ha recreado a sí mismo para poder parecerse al original, es decir, al cuadro de Van Gogh. Y pensar que por los lirios se pagaron en una subasta ni se sabe cuántos miles y millones de libras esterlinas.

 

La hora de cerrar maletas, plegar, enfilar la calzada circular del Anfiteatro y luego, al pie de su escalinata -una de las maravillas secretas pero no escondidas de Arles-, tomar la rue Voltaire, agrietada como arrugas de vejez incurable. cruzar la place Voltaire en silencio, volver la cara a la fuente de Amadeo Pichot, que no mana pero despide efluvios cordiales, rodear la Place Lamartine -todos los feriantes ya habían recogido y desmontado las atracciones- y subir poa rue Talabot hasta la estación de ferrocarril, que es seña obligada de la ciudad. El Ródano, tan majestuoso, pasa a menos de cien metros.

El primer sobresalto fue descubrir en los paneles que el tren Ter -regional- de Narbona venia con quince minutos de retraso. Temblé, reviví los horrores de la huelga salvaje de los cheminots de hace un año. No descartaba la posibilidad de perder en el transbordo de Nimes el AVE de Marsella a Madrid, que suele llegar a la hora. Las 9 y 4. A menos diez llegó a Nimes el Ter. Fue tal la tensión que, nada más sentarme en el asiento 84, vagón número 7, ventanilla, caí profundamente dormido. Nada más pasar Lunel me despertó el revisor. En Montpellier subieron al tren unos trecientos escolares. Alumnos de liceos de la zona. En viaje a Madrid. Yo me quedé en Zaragoza. Y eso que ganas o pierdes. Según.

 

 

Última actualización en Viernes, 26 de Abril de 2019 18:18