TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

  • Incrementar tamaño de la fuente
  • Tamaño de la fuente predeterminado
  • Decrementar tamaño de la fuente

ARLES, FRANCIA. Crónica de Barquerito: "Reaparición distinguida de Thomas Joubert"

Correo Imprimir PDF

Siete meses y medio después de la gravÍsima cornada de Bayona, el torero de Arles confirma su calidad, su personalidad, su pureza y su ingrávido y algo frío estilo.

Arles, 22 abr. (COLPISA, Barquerito)

Lunes, 22 de abril de 2019. Arles. 5ª y última de Pascua. Templado, sol y nubes. 3.500 amas. Tres horas de función. El tercer toro, “Almanaque”, negro salpicado, cinqueño, núm. 60, 520 kilos, premiado con la vuelta al ruedo. Dos toros -3º y 4º- de Torrestrella (Herederos de Álvaro Domecq), dos -2º y 5º- de El Tajo (José Miguel Arroyo) y dos -1ª y 6º- de Pedraza de Yeltes (Luis Uranga). Mano a mano. Tomás Joubert, una oreja, saludos tras aviso y ovación. Andy Younés, palmas tras aviso, una oreja y silencio tras dos avisos. Sobresaliente. Jeremy Banti. Buenos puyazos de Puchano, Óscar Bernal, Antonio Muñoz y Germán González.

FUE, EN MANO A MANO de dos toreros del país, corrida de tres hierros. Los de hierro común se abrieron en lotes distintos. Cinco de los seis fueron serios de cara y cuajo. Los dos de Pedraza de Yeltes muy en particular. Uno abrió festejo y otro lo cerró. Dieron juego los dos. El sexto, colorado y muy lleno, casi 600 kilos, bondad franciscana, cobró tres varas pese a haber claudicado ligeramente antes de la segunda, y, frito a pinchazos y molido a muletazos, vino a refugiarse a tablas. En ellas dobló cuando estaba a punto de sonar un tercer aviso. El otro, negro, abierto de cuna, remangado, salió quebrado del castigo en varas, esperó y cortó en banderillas y, sin embargo, tuvo en la muleta buen son. Lo aplaudieron en el arrastre.

 

No se trataba de un desafío ganadero al uso, sino de un aliciente añadido al mano a mano de Thomas Joubert y Andy Younés. Se esperaba más público. No llegó a haber ni dos bandos. En primer lugar, porque se trata de toreros muy distintos. Joubert, aura mística, es de solemnidad natural, silencioso y pausado, llega a parecer ingrávido. Tiene misterio. Younés, valiente y arrojado, firme y tragón, apuesta más por lo popular: los desplantes, los pases del desdén. Pero también es capaz de acompañar embestidas y templarse. Ni se ajusta tanto como Joubert, que no se toma ni una ventaja, ni saca los brazos sueltos de la misma manera.

No es que Younés haya regresado al codilleo de sus años de novillero, pero el volumen y el carácter del cuatreño todavía le incomoda. Sobre todo, a la hora de pasar con la espada. No sin merito la hundió ligeramente ladeada y perpendicular para acabar a la primera con el cuarto de la tarde, que fue el segundo de los dos de Torrestrella anunciados.

Ese cuarto toro, negro girón, pobre de cara, cabeceó en  varas, pero embistió con claridad y resistió entero una faena de diez minutos por lo menos. La corrida, igual que la del domingo, fue de las de tres horas, pero esta otra no tuvo el ritmo tan trepidante y contagioso que hizo de la anterior un espectáculo muy vivo. La viveza de la bravura corrió a cargo de cuatro y hasta cinco de los toros de Jandilla que, hechuras impecables, pusieron la guinda picante de la emoción.

El tercer torrestrella, burraco carbonero, de más hondura que propiamente trapío, descabalgó en los dos primeros encuentros en el caballo, derribó en el segundo, se arrancó de largo en un tercer puyazo, que hizo en realidad las veces de primero y único en regla y le entró a la gente por los ojos, En faena castigada por exceso de pausas y tiempos muertos, Joubert se acopló, toreó con pureza –mano baja, asiento, limpieza, ajuste- y salió del trance sin una sola gota de sangre en la taleguilla. El ritmo lento tuvo encanto. No suele verse. Mal con la espada Thomas, un aviso y, en decisión arbitral y caprichosa, vuelta al ruedo en el arrastre para ese toro, que tuvo nobleza. Después de negarse la vuelta a por lo menos dos de los jandillas el domingo, el premio pareció una sinrazón. Antes del arrastre, Joubert se fue en busca de Óscar Bernal, el picador de turno, y lo hizo saludar. Un gesto.

Para gesto, con todo, el del propio Joubert, que reaparecía tras la gravísima cornada –arrancamiento de la femoral- sufrida el pasado septiembre en Bayona. Estuvo a punto de desangrarse en la plaza y perder la vida. Tres miembros del equipo médico de Bayona estaban ayer en el callejón de Arles celebrando el milagro. A los tres brindó Joubert la muerte del toro de la reaparición, con el cual anduvo seguro, templado y airoso. Banderas en la apertura, naturales frontales, ligazón. Sello de calidad. El quinto de corrida, de uno de los dos hierros de Joselito, muy pegado en el caballo, sacó aspereza. Hubo una preciosa tanda de naturales ayudados y otra perfecta de redondos ligados y muy en vertical.

Las diferencias de edad, fondo y estilos no beneficiaron a Younés, pero no volvió cara Andy, sino que se atrevió con casi todo. Cites de largo, firmeza indiscutible en las reuniones, calma ante el aplomado toro de Joselito, rumbo con el Torrestrella negro y ganas de todo con el inmenso sexto de Pedraza que cerró la feria de Pascua ya casi de noche y estaba empezando a llover.

Postdata para los íntimos.- El Ródano parecía esta mañana una balsa de aceite. De una calma infinita. Cuando marea alta, se levantan en el río y a contracorriente crestas de espuma blanca. Olitas de agua dulce. La curva del meandro es de casi 90 grados. La Arles romana, en la margen derecha, está protegida por una muralla impermeable de piedra de granito. Hay aliviaderos. Pero la historia de las bíblicas riadas de Arles no volverá a repetirse. Hay dos paseos por el río. Uno, recorriendo el pretil antiguo. Otro, por la senda que bordea la orilla a poco más de metro y medio. Te puedes sentar en el borde y colgar las piernas Hay dos embarcaderos. pequeñas estaciones fluviales. La mayor, en la margen izquierda. Ahí amarran los cruceros de rio. Hoy, uno de bandera suiza. De tres pisos. He visto más otros años. Creo que el turismo está en descenso. Los japoneses que vienen en busca de Van Gogh lo siguen haciendo en procesión religiosa. No sé de dónde los traen, pero el autobús los deja en el aparcamiento de la place Lamartine, al borde del embarcadero. Me temo que nadie les avisa de que Van Gogh vivió justamente en esa plaza. pero en la esquina de la carretera de Tarascon. LA famosa Maison Jaune, tan bien retratada por Van Gogh, fue demolida porque no se sabía entonces lo famoso que iba a llegar a ser. Se ha reproducido una idéntica en la rotonda del Anfiteatro y esquina con la rue Voltaire. No es lo mismo.

 

Última actualización en Viernes, 26 de Abril de 2019 18:11