TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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CASTELLON. Crónica de Barquerito: "Pinceladas inspiradas de Finito"

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Pero desdichas con la espada del torero cordobés

Dos toros muy notables de los Matilla

Cayetano, en  aire seguro

Varea no aprovecha una cara oportunidad

Castellón, 31 mar. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 31 de marzo de 2019. Castellón. 6ª de feria. Media plaza. 2.500 almas. Lluvia. Dos horas y cuarto de función. Seis toros de los hermanos Matilla. Tres -3º, 4º y 6º- con el hierro de García Jiménez, dos -1º y 5º- con el de Olga Jiménez y uno -2º- con el de Peña de Francia. Finito de Córdoba, que sustituyó a Ponce, silencio tras aviso y saludos tras aviso. Cayetano, una oreja y saludos. Varea, una oreja y palmas. Un notable puyazo de Pedro Geniz al segundo.

SIN CALAR DEL TODO PERO sin parar estuvo lloviendo en Castellón toda la mañana. Y a la hora de los toros también. Se suspendió el concurso de recortadores anunciado en sesión matinal y después de comer empezó a temerse por la suspensión de la corrida que cerraba abono y feria. A las cinco en punto, la hora de los toros, se anunció por megafonía un aplazamiento de quince minutos. A las cinco y cuarto, un segundo aplazamiento pendiente de una “solución final” que iba a comunicarse en breve. No tanto. Más de media hora estuvieron deliberando entre bastidores la presidencia, los toreros, la empresa y sus interesados adláteres. Se escucharon gritos aislados de protesta. Areneros y operarios diversos salieron a parchear el ruedo con sacos de arena y serrín. No había charcos, pero se preveía que al ponerse el sol llovería con fuerza. Salieron a reconocer el piso las cuadrillas. Un paseíto. El palco seguía vacío.

 

Pero hubo, al fin, fumata blanca. A las seis menos diez se anunció que en cinco minutos se daba la corrida. Y se dio. Parece que Finito y Cayetano atendieron la intención de Varea, que toreaba en su tierra y necesitaba la corrida como el agua. No el agua de lluvia, que empezó a limpiar la ciudad tras ocho días de pelea, sino de la que da a los toreros vida. Cuenta Jorge Casals en Aplausos que Varea brindó a sus dos compañeros de terna la muerte del sexto toro por agradecer el generoso detalle que tuvieron con él. Un detalle, y una oportunidad casi única y no del todo aprovechada.

Fue corrida de los tres hierros de los hermanos Matilla. Uno de ellos, el tercero, muy completo, y otro más, el segundo, de nota en el caballo, especialmente bondadoso. Los cuatro restantes hicieron de todo un poco. Meter la cara, por ejemplo, pero apuntar a tablas, y a toriles también. En eso, en irse del campo de combate, se llevó la palma el quinto, rajado sin malicia. El primero, con recorrido pero brusco, se empleó en la segunda vara antes de salirse suelto. Tuvo su pizca de díscola chispa y justamente eso hizo de él toro de interés.

La nobleza, nota común después, se hizo llamativa en un cuarto que hizo salida de toro escamado –en los corrales, o en el embarque- y apuntó casi tanto como el quinto a la querencia de renuncia, que es la puerta de chiqueros. Y, sin embargo, en el terreno contrario, regaló viajes y más viajes por las dos manos. De esos viajes tan regalosos hizo fortuna Finito en una caudalosa exhibición final de toreo clásico de recreo, el toreo llamado de “cartel de toros” por lo que tiene de pincelada, dibujo y conjunta estampa ideal. No es sencillo torear así, aunque lo parezca.

Hubo, además del repertorio obligado, unos cuantos muletazos de sorpresa. Entre ellos, un natural en circular y a media altura. Y despaciosos pases de la firma. Con su rúbrica. La rúbrica de la franela. No de la espada. Con ella anduvo desdichado Finito, y con el descabello también. Espadazos ladeados o en los bajos, una estocada que asomó. Al buen aire de siempre con el capote le sobró un exceso de cautela, no de vuelo ni color. Los muletazos ayudados al natural fueron lo más brillante de la primera de sus dos faenas, que pecó por exceso de velocidad.

Cayetano, templado con el capote en lances de acompañar, soberbio en una larga afarolada de pie –del repertorio de su abuelo Antonio Ordóñez- y encajado, y bien colocado siempre, salió librado a gusto de su conciso y lindo vis a vis con el buen segundo, y lo mató a la primera en estocada certera al paso. Toreo de buena caligrafía, bien ensayado. Una bonita pieza de pases de costadillo, emparentados con algunos de los que el sábado firmó aquí mismo Morante en pleno antojo. Del huido quinto sacó también tajada, pero de otro calado. La sorpresa de una tanda de molinetes de rodillas a última hora frente a toriles. Y otra estocada inapelable.

La gente estaba con Varea como nunca, que es mucho decir. Público de agradecerlo y jalearlo todo, pero lo que no le convino al torero del país –de Almassora, la cuarta de las cinco capitales de La Plana—fue el estado del piso, donde pareció sentirse incómodo. La bravura del tercero –su prontitud y entrega- no dejaba esconderse, taparse ni aliviarse. Hasta la quinta o sexta tanda de una tupida y prolija faena no llegó Varea a darse y embraguetarse. Los adornos finales tuvieron sello elegantón. La estocada fue notable. Se pidió una segunda oreja. Se enrocó el palco. Con el toro que cerró feria anduvo Varea desde el principio centrado y confiado. Hasta que el toro dio en cabecear ligeramente, y entonces se desinfló de golpe el globo que sostenía en pie la cosa. Un final arrebatado, Varea se metió entre pitones, no entró ahora la espada.

Postdata para los íntimos.- Los jabones de Beltrán están elaborados con aceite de coco. No lo sabía nadie. Eso explica su pervivencia a lo largo de casi un siglo de existencia. Producto del país. La Plana está sembrada de palmeras de todas las clases y especies. Entre ellas, la palmera cocotera que inspiró a Beltrán el alquimista. En cuanto a los poderes de la Suavina de los laboratorios Calduch me gustaría destacar un raro fenómeno: su duración. Lo llevo gastando a modo desde que, llegado al hotel, lo saqué de su caja para regalarme con su fragancia. Y ahora lo miró y parece sin estrenar.
En la cara de la pastilla está grabado en hendido el logotipo modernista de la marca. Y dos detalles, uno de corona y otro de pie: Dermo, 1880. Laboratorios Calduch: "Desde 1880 cuidando tu piel". Un pariente mío que conocíó y visitó Alepo en una de sus penúltimas etapas de esplendor se ha sentido movido a curiosidad por la fórmula de la Suavina. No por imitarla -los Calduch no negocian la patente- sino por estudiarla. La cuenca medieterránea es rica en jabones y aceites. El aceite de mesa de la Tasca del Puerto tiene un tercio de aceituna borrioleña. que es exclusiva de La Plana y amarga lo preciso. A medida que se va conociendo el país, se descubre su riqueza natural. No es de extrañar que un geólogo de reputación universal como Vicente Sos y Baynat fuera natural de Castellón y, por tanto, enamorado de la Naturaleza. La casa natal de Sos está cerca de los laboratorios Calduch. La Naturaleza implica armonía. O sea, no siempre.
El arrabal de la calle Alloza, el tramo que media entre Colón y la plaza Clavé, está muy deshabitado. La soledad y el silencio encarecen la rara belleza de algunas de sus casas vacías. El 130 de la calle, por ejemplo. En el 185 hay un garito muy logrado y, en su fachado, un azulejo de piezas contando el milagro de San Nicolás de Bari. San Nicolás es el patrón de ese pequeño barrio, barrio de morería. Hay una pequeña iglesia del Priorato de San Nicolás a mitad de calle. Encalada, y sencilla, sin apenas altura, parece una ermita campera.
Y ahora que acaban las fiestas dejarán los niños de tirar petardos a todas horas. Se asustan las palomas. En el puerto gimen las gaviotas en busca de morralla
Última actualización en Domingo, 31 de Marzo de 2019 21:22