TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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CASTELLON. Crónica de Barquerito: "Buena corrida de El Pilar"

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Despedida de El Cid, generosamente recompensado

La presencia de José Tomás en una andanada de sol, noticia original. Razón: ver jugar una de sus ganaderías predilectas

Castellón, 28 mar. (COLPISA, Barquerito)

Jueves, 28 de marzo de 2019. Castellón, 3ª de feria. Primaveral. 2.500 almas. Dos horas y media de función. Seis toros de El Pilar (Moisés Fraile). El Cid, silencio y una oreja tras un aviso. López Simón, silencio y saludos tras un aviso. Román, saludos tras un aviso y silencio. Manuel Jesús Ruiz picó bien al cuarto. Pares de mérito de Vicente Osuna, Jesús Arruga, volteado por el segundo sin consecuencias,  e Iván García.

TRES CUATREÑOS por delante –dos de ellos, colorados- y tres cinqueños, negros los tres. En una ganadería tan singular como la de El Pilar, la diferencia de edad se deja sentir muy llamativamente. Así que, sin ser propiamente terciados los toros de la primera mitad, al cabo llegaron a parecerlo. Solo porque los tres últimos, muy cuajados, al borde de los 600 kilos, les sacaban en volumen amplísima ventaja.

 

No fue corrida ofensiva ni dejó tampoco de serlo. No hubo toro que no se atuviera al canon prescrito en la ganadería. El canon o los cánones, porque  es vacada de al menos tres líneas reconocibles. Un segundo de conducta impropia –distraído, escupido en varas de un caballo a otro, más incierto que avisado o avieso- desdijo de la general nobleza, que tuvo por cota mayor la del cuarto de corrida. Un toro que tardó en fijarse más de lo habitual en el canon. pero que, luego de abrirse y casi soltarse, embistió por abajo con muy rico son. Para ese toro, el de menos cara de los seis y de sumiso final después de un largo pero generoso trasteo de El Cid, hubo en el arrastre una ovación de gala. No la hubo para el sexto, que descolgó y repitió con estilo desde que tomó capa, persiguió en banderillas y fue en la muleta de notable condición: por la manera de humillar y repetir, por la prontitud.

En una andanada de sol –en las plazas valencianas se llaman “nayas”- descubrieron camuflado tras unas gafas de sol a José Tomás en no se sabe qué momento de la corrida y a todo el mundo se le hicieron los dedos huéspedes: que el mismo día en que se anunció su contratación para la tarde mayor del Corpus en Granada habría venido para ver la corrida de El Pilar, que es una de sus divisas predilectas. No le defraudaría. No solo esos dos toros de tan buen aire. También los dos colorados: un primero que derribó en varas, atacó en banderillas muy en serio y, ligeramente rebrincado, repitió pronto en la muleta; y un tercero de embestidas más alocadas o informales pero de muchos pies y eso que en los toros se llama alegría. El toro que completó el cupo de cinqueños, el quinto, galopó de partida, se salió suelto del caballo y fue en la muleta a menos.

Todos, los seis, sin la excepción siquiera del segundo, aguantaron faenas de aliento por lo largas, tenaces, contumaces y reiterativas. Las dos de El Cid fueron las mejor armadas, las de más rápido entendimiento. Una y otra, abiertas sin probaturas, sin pausas luego. Fue desigual el encaje en la primera, El Cid solo se prodigó sin mayor brillo con la mano derecha y flotó la sensación de que el toro se fue con algo dentro. A la del cuarto, de buen asiento y temple seguro, le sobraron un final caprichoso de circulares cambiados, más desplantes de la cuenta –incluso uno frontal de rodillas inerme- y un rosario no del todo logrado de cambios de mano a toro pasado que parecen lección aprendida. Pese a su reconocida maestría con el descabello, El Cid se resistió lo indecible a tomar el verduguillo para hacer rodar al buen cuarto, herido de estocada ladeada sin muerte.

Con su más que aceptable lote no terminó Román de romper a pesar de su empeño por torear en la distancia sin trampa ni aflicción o de su afán por ligar sin perder pasos. Su resolución no encontró eco. La banda de música, muy invasora esta vez, puede hacer banal un esfuerzo, y fue el caso. Desconcertante el remate de faena con la fórmula malabar patentada por Daniel Luque: muletazos sin ayuda ligados en un palmo de terreno con cambios de mano en cadena. La faena del sexto, acoplado Román en seguida, alguna tanda bien tirada, final por rizos y bucles –la fórmula Perera, digamos-, vino a chocar también con una refracción manifiesta. O sería el cansancio de las casi dos horas y media de festejo que iban ya para entonces. López Simón no volvió la cara con el segundo, lo mató de entera tendida nada sencilla de cobrar –y un descabello-  y apostó por el toreo encimista cuando el quinto empezó a aplomarse. La solución no pareció la adecuada.

Postdata para los íntimos.- El estudio de Wamba en la calle Mayor se cerró hace dos años. La liberación del precio de alquileres fue un terremoto de onda expansiva. Para muchos negocios de Castellón fue el principio del fin. O el final. Los Wamba ha sido los fotógrafos más famosos de Castellón. Wamba es un seudónimo. El apellido real es Traver. Traver es un apellido muy repetido en la ciudad. Y muy conocido. Por el arquitecto, que completó y remató en Sevilla la célebre Plaza de España de la Exposición Hispano-Americana del 29, y dejó, además mucha obra hecha y derecha. Y, desde luego, por los fotógrafos. Ochenta años haciendo fotos.
El padre cedió el testigo al hijo, Jorge Traver, que todavía trabaja, pero ahora en la calle San Vicente, una de las más castigadas por el terremoto. El estudio acoge una exposición permanente de trabajos de fotógrafo de buen genio. Los Wamba han sido los reporteros mayores. Trabajaron para el Ayuntamiento, la Diputación, agencias nacionales y periódicos locales. El archivo de los Wamba es un tesoro escondido. En la exposición de ahora mismo hay dos o tres piezas magistrales -la belleza del blanco y negro, la foto de época- pero hay, además, una que sin serlo me ha llamado la atención. Es la del Hotel Suizo una tarde de toros de marzo. Los toreros a punto de subir a un coche de cuadrillas. La marquesina del hotel.
El Suizo debió de ser el primer hotel de cierto lujo de Castellón. Ahora se deja contemplar cerrado y cegado a cal y canto en la Puerta del Sol -o Porta del Sol-, en uno de los dos centros puros de la ciudad, que se expandió hasta el infinito pero nunca ha variado de centro. Mercado, Ayuntamiento, la Torre dels Fadrins, la Lonja del Cáñamo y la concatedral son el centro oficial. La Puerta del Sol, donde confluyen las calles de Gasset, d'Enmig, Ruiz Zorrilla, la Trinidad y un apéndice de la plaza del Real, es el centro burgués, digamos. ?¿Neurálgico"? Vale.

El edificio regionalista del Casino tiene empaque, es muy luminoso; el del Banco de Castellón -que ya no es tal-, ese aire modernista a la valenciana que tanto carácter imprime; hay, sí, un edificio monstruo en estrecho chaflán, el de los banqueros Botín, pero sospecho que no construido por ellos, y en fin, esa joya italianizante que es el Suizo. La fachada, pintada de tibia pintura perla, es de un equilibrio fascinante. La alineación de balcones es puro rigor geométrico. Enfrente del Suizo, una fuente con una escultura deliciosa, La Aguadora, de Adsuara, creo que el más inspirado escultor de su género. No todos los días mana el agua.
Los comercios de toda la vida de Zaragoza y Colón siguen donde estaban: la panadería de la señors Blanch, la sombrerería de Fonollosa, la Farmacia Fabregat, el almacén de Giner y Verchí, la zapatería Cantavella. Etcétera. El sábado pasado, cuando iba en busca del restaurante de Pepe Sospedra, atajé por la lateral del Instituto Ribalta, estaba abierta la puerta trasera y descubrí que el patio del instituto es una joya. Recrea un patio  renacentista. Solo pude entrever la cosa.

No he podido ver el Teatro Principal después de la reforma. El edificio, algo pesado, impone. Es otro centro dentro del centro. El centro de Castellón es, en realidad, muy grande, o sea, muy pequeño. Aunque la ciudad ha crecido y crecido -para arriba en rascacielos, y para el sur en dirección a los polígonos camino de Valencia, Villarreal, Burriana y Almazora-, se mantiene la estructura rectangular de la ciudad primitiva, la medieval y amurallada. En una librería de viejo de la calle Herreros compré ayer un librote de 1922, "Del Castellón viejo", y me entretuve en comprobar ese dato.

Una geografía de La Plana de 1992 estaba a la venta en Babel, la que fue librería puntera de Castellón hasta hace cosa de veinte años. Trece euros. La ojeé. Ha cambiado tanto Castellón -el cambio de crecer, no de fondo- que hasta ese libro de geografía se ha quedado antiguo. Con el dinero ahorrado de Babel me he tomado la licencia de comerme en la Tasca del Puerto una lubina al horno absolutamente memorable. Y un sorbete de mandarina. Hay que reservar. Los saloncitos de la Tasca, como reservados, parecen camarotes de barco. Un crucero por el Mediterráneo íntimo. Persianas de lama de madera. Un interior de sorprendente claridad. He visto lo que llevaban a otras mesas. Mmmmm…! La carne de la lubina del Mediterráneo se derrite en boca. Textura de seda blanca.

El lenguado de Juanito se queda demasiado seco. El de La Manduca en Benicàssim, lo mismo. El sol, que ciega. Las playas todas parecen recién pintadas. Hay muy poca gente. Hay pinos por todas partes. Y donde no pinos, palmeras. Y un campo de golf al lado de un aeropuerto. Y un puertecito pesquero de donde viene a la mesa la lubina de la Tasca. Etcétera.

Mañana me traen de Bechí naranjas. He leído que los naranjeros han perdido la moral. Se han caído los precios. Y solas se caen las naranjas. por su peso. Los almacenes naranjeros, tan en desuso, son piezas preciosas de la arquitectura industrial y agraria de esta tierra. Las construcciones del Puerto Azahar, pegote en la línea frontal de El Grao, todo lo contrario. El Grao, o Grau, es en invierno, o ahora mismo, un barrio apacible. El edificio del hotel Turcosa es muy original. De aire italiano. Ma...ché coa é l'aria italiana!
Última actualización en Viernes, 29 de Marzo de 2019 18:06