TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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VALENCIA. Crónica de Barquerito: "Se busca novillero valenciano"

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Tres toreros del país en concurso. El premio, un puesto el 11 de mayo.

Cervera pierde la ocasión.

Espectáculo interminable, cargante.

Un gran novillo de Guadajira.

Sereno y capaz Ángel Téllez.

Valencia, 11 mar.  (COLPISA, Barquerito)

Lunes, 11 de marzo de 2019. Valencia. 3ª de abono. Novillada con picadores. Soleado, fresquito. 3.000 almas. Dos horas y tres cuartos de función. Seis novillos de Guadajira (Ángel Muñoz Becerra). Juan Cervera, silencio tras dos avisos en los dos. Ángel Téllez, vuelta tras aviso y oreja tras aviso. Francisco de Manuel, palmas y silencio tras un aviso.

NUEVE AÑOS DESPUÉS de un efímero periplo novillero y de una casi inmediata retirada que pareció sin retorno, volvió a torear en Valencia Juan Cervera, un novillero del país. De Benifaraig, una pedanía del norte de la capital, entre Godella y Moncada. Cumplirá en septiembre veintisiete años. En el abono de Fallas, además de las dos novilladas de feria, cuenta una tercera en mayo, el día 11, la fiesta de la Virgen de los Desamparados. En ese cartel -Adrien Salenc, Marcos, ganado de Montealto- hay una tercera plaza vacante que ocupará el novillero valenciano con mejores registros en Fallas. Hoy torean un Miguel Senent “Miguelito” y un Borja Collado, que es, secreto a voces, quien lleva todas las papeletas para alzarse con el santo y con la limosna.

Cervera quedó ayer descalificado. Dos avisos por baza. Dos trabajos sin hilván, interminables, de los de recorrer mucha plaza -la circunferencia pegada a tablas en ambos casos- y una aparente falta de ambición traducida en muy pobre oficio. Todo pasó donde quisieron y dispusieron sus dos novillos de Guadajira, muy bien comidos los dos. El cuarto, que derribó y se fue abriendo tanto que acabó medio rajadito, persiguió en banderillas con aire encastado, pero fue muy pacífico. El primero, que hizo amago de saltar luego de soltarse mucho de partida, salió escarbador, pero tuvo por la mano izquierda su aire. No lo vio claro Cervera. Tampoco se afligió. Le costó pasar con la espada. Los paisanos de Benifaraig apoyaron sin desmayo la causa. Hasta que empezaron a caer los avisos. Casi el tercero en el cuarto toro

Ni Ángel Téllez ni Francisco de Manuel entraban en el concurso. Por no ser valencianos. Téllez tiene anunciada la alternativa para el mes que viene en Guadalajara. Francisco, que se presentaba en Valencia con el crédito de sus muchos méritos el curso pasado, no terminó de entenderse con el tercero de corrida, que fue con diferencia el novillo de la tarde. Ni siquiera en banderillas, una de sus armas infalibles, pudo brillar como otras veces. Dos cuarteos ´-el segundo, por fuera, de riesgo- y un tercer par de poder a poder demasiado atacado. Se quedó con dos de los seis palos en la mano. Lo resentiría: renunció a banderillear al sexto. Ya estaba entonces la tarde vencida, luz eléctrica, el frío fallero del anochecer, dos horas y media. No invitaba nada. El sexto novillo, colorado, con pies pero sin ritmo, podría haber sido en otras circunstancias. En una tanda de ayudados de apertura pareció que. Pero solo lo pareció. Al tercero le pegó una buena tanda con la izquierda, pero solo una. Demasiados paseos, pausas gratuitas, tiempos muertos.

La razón de que la novillada se fuera hasta las casi tres horas sin motivo no solo fue de las desdichas de Juan Cervera con la espada o el verduguillo, ni de los areneros, que parecen aquí protagonistas de pasarela. También Ángel Téllez sumó un aviso por toro. Y no por atascarse con la espada, sino por su empeño en pasarse de faena. En las dos dejó clara su autoridad de novillero hecho y rodado: manejo de las distancias y terrenos, faenas en un ladrillo, saber sujetar y manejar embestidas. Calmoso, paciente, distinguida compostura, las llamadas buenas maneras del toreo estudiado, alguna sutileza dentro de la monotonía inherente a las faenas maratonianas. Y el vicio de torear a suerte descargada y, si no, rehilando más que ligando. El quinto embistió bramando y eso no asustó a Téllez, muy seguro. El segundo, de viajes francos, se soltó más de la cuenta. Fue de interés su serenidad. Y un sentido del temple que no es común en toreros nuevos.

Postdata para los íntimos.- El cambio de nombre de calle en Valencia no ha sido tan drástico ni justiciero como los de Madrid o Barcelona. En una pedrada política suelta le quitaron hace dos o tres años el título de un espacio muy particular, una "rinconada" o plazuela en el Distrito del Mar, a Federico García Sánchiz, que fue un charlista de los años 30, 40 y 50 muy afín al Régimen franquista.

Los charlistas fueron la plaga de una larga época. En el último tercio del XIX proliferaron en España y algunos aguantaron mal que bien hasta la llegada de la televisión. En la radio medraron y metieron cuchara los charlistas, que vivieron de invitaciones bien remuneradas en pueblos y ciudades del país, y hasta de la República Argentina. Dentro de su género, García Sánchiz fue ilustre. Yo no he oído a tipo más pelmazo en toda mi vida. Oído en la radio. No sé si llegó a ser elegido académico de la Española. ¿Sí? Fue un santón. Un día, en la cuesta de Moyano, junto al Botánico de Madrid,, me encontré en uno de los saldos un,libro con sus charlas. Lo compré en un lote y no llegué a devorarlo porque a la cuarta charla se me caía de las manos. Plomo fundido. Retórica hueca, pompa banal, un verdadero ladrillo.

La sociedad bienpensante tuvo a García Sánchiz por vate y gloria local. Parece mentira, pero así fue. Como el centralismo dominante nunca entendió que Sánchiz fuera la variante valenciana de Sánchez -así de sencillo- se optó por rebautizarlo como García Sanchís. Federico García Lorca, riguroso contemporáneo, también ejerció, en contadísimas ocasiones, de charlista  ocasional. Su texto sobre el duende, que en mi opinión es el más lúcido y brillante de sus trabajos en prosa. es un ensayo predicado en una charla. En Buenos Aires, y nunca mejor dicho.

El espacio particular del otro Federico García era el tramo ancho que va desde la (calle de la) Abadía de San Martín hasta la (del) Poeta Querol, y que arranca al final de Embajador Vich, donde los naranjos en flor. (El corrector automático se emperró ayer en decir azar por azahar, y ahora subsano el error. En la calle del Embajador he cogido una flor esta mañana y la he analizado después de embriagarme con su onírico perfume. Creo que el aroma procede de los pistilos, su mas íntima parte. No sé). A ese tramo lo llamaron Rinconada de Federico GS. La rinconada no es tal, pero en ella se alza la portada rococó del Palacio del Marqués de Dos Aguas, que parece un monumento de porcelana. Esta prohibido tocar la fachada. Se mira y no se toca. Enfrente del palacio, el Hotel Inglés, que es un hermoso edificio de primeros de siglo, y de aire italiano. Hay una decena de naranjos en la rinconada, que no solo ha dejado de llamarse así sino que ha pasado a ser la Calle de la Cultura, con unos rótulos ajenos a la tipografia propia de la ciudad, que es original.

Al lado del Bristol, mi hotel querido, había una libreria muy notable. Se llamaba Leo. Como el dueño. HA cerrado el pasado invierno

Abrió La Utielana. Ese zócalo de azulejo azul y blanco, las paredes celestes, los dos frescos de Manolo Gil. Y esa cocina a la vista que parece un barco de vapor
Zona de los archivos adjun
Última actualización en Lunes, 11 de Marzo de 2019 21:45