TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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Cali, Colombia. Crónica de Jorge Arturo Díaz-Reyes: "De Justo a brazo partido"

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Terna de la corriida. En primer plano los españoles Emilio de Justo y Ginés Marín. Foto: Camilo Díaz

Emilio de Justo corta una oreja y saluda una ovación contra la inmarcesible sosería de los guachicono, que hicieron un lánguido retorno tras larga ausencia.

Marín desmonterado y Ramsés silenciado, también por encima de sus lotes


FICHA DEL FESTEJO

Cali. Colombia. Viernes, 28 de Diciembre de 2018. Plaza de Cañaveralejo. 3ª de feria. Sol y calor. Un cuarto del aforo. Toros de Guachicono , bien presentados y astifinos, pero bajos de raza, sosos y de poco fondo.
Ramsés, silencio y silencio.
Emilio de Justo, una oreja y ovación con saludos.
Ginés Marín, ovación con saludos tras un aviso y silencio tras un aviso.

Guachicono trajo al reencuentro con su plaza, la de sus apoteosis, la de su leyenda, un sexteto ligero de romana, pero bello de lámina y muy muy serio de cara. Veletos, de largas y finas cuernas. No fue por la pinta que no triunfaron. Fue por la falta de raza, clase y fondo en la batalla. Dudaron, remolonearon, se descompusieron, se rajaron, se quedaron y se pararon. Todos. La cariñosa recepción que les brindó un público que no puede olvidar sus glorias, tampoco pudo tapar el fracaso. Sin embargo, la ofensividad de sus hechuras imprimía dramatismo a sus dislates.

Emilio de Justo, enfrentó la adversidad con fe de carbonero y valor espartano. El segundo, “Aliado”, negro, playero, rayano en la media tonelada no le regaló nada. Por el contrario le mezquinó las rancias embestidas, que a fuerza de poner el pellejo lograba convertir en tandas ligadas  por derechas y naturales que parecían imposibles. La banda le acompañó, pero lástima, no como un homenaje porque aquí, mandada por el palco, toca de oficio desde el primer muletazo en todas las faenas. Hubiese merecido la distinción. Tres manoletinas de suma exposición cerraron su hazañoso toreo y una estocada frentera, pasada sí, pero letal, hizo que la oreja tuviese todo el peso de la ley. Fue tanta la euforia, que hasta aplaudieron el arrastre del rajado.

El quinto, picado a la carioca por Bernal, sí que fue manso y soso. De nuevo, el ofrecer el cuerpo logró de a uno en uno ir arrancando arreones espaciados, por acá y por allá, por un lado y otro. Jugándose sin esperanza mas con torera convicción. El dilatado alarde de hombría no evitó el hastío y la media estocada baja, y la otra caída tampoco ayudaron para más de la ovación que sonó a ¡Volvé!

El joven jerezano Ginés Marín, también la sudó, y en medio del fragor de sus dos combates mostró su vocación estética. Naturales muy rimados, algunos. Una apertura de doblones genuflexos con el sexto y su nunca empañada compostura ni siquiera en los largos finales, ambos avisados. También saludó en el tercero. No en el sexto que había derribado espectacularmente al picador Agustín Navarro, tomando su caballo por el pecho y lanzándolo patas arriba. Como diciendo, poder tenemos, lo qué pasa es que no nos da la gana de usarlo.

Ramsés, bogotano, vertical, quieto, clásico, sobrio, serio, elegante, tuvo más derroche de virtudes con el cuarto que con el primero. La parroquia que hoy andaba como lateralizara no entendió su meritoria faena inicial. Pero cayó rendida por la evidencia en la otra. Las dos, avaladas por el alto grado de dificultad de los toros. Por desgracia emborronó con la espada la que hubiese sido de pelo.

Las últimas dieciocho reses que han saltado al ruedo en esta feria han sido lo que los aficionados del común llaman “toros malos”. El toreo se hizo también para ellos. ¿Pero dieciocho? ¿Y seguidos? ¡Hombre!

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Última actualización en Sábado, 29 de Diciembre de 2018 21:57