TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ZARAGOZA. Feria del Pilar. Crónica de Barquerito: "El Fandi riñe con el palco"

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Menguada cosecha de una sola oreja que pudieron haber sido tres con su puerta grande

El torero granadino, capaz, fresco y entregado, siente la negativa del palco como un agravio y le echa la gente encima.

Zaragoza, 10 oct. (COLPISA, Barquerito)

Miércoles, 10 de octubre de 2018. Zaragoza, 6ª de feria, 7.500 almas. Veraniego, desplegada la cúpula pese a la ausencia de viento y frío. El festejo entero, con luz artificial. Dos horas y veinticinco minutos de función. Seis toros de la familia Matilla. Uno -1º- con el hierro de Peña de Francia, tres -2º, 4º y 6º- con el de Hermanos García Jiménez y los dos restantes con el de Olga Jiménez. David Fandila “El Fandi”, vuelta y una oreja. Alberto López Simón, silencio y oreja tras un aviso. Ginés Marín, silencio y ovación.

LOS DOS TOROS de mejor son de la corrida de tres hierros de los Matilla fueron, sin contar un bondadoso sexto, primero y cuarto. El primero, el más liviano de un envío que dio en báscula 580 kilos de promedio, el mejor rematado. Castaño, lustroso, astifino. El cuarto, negro zaino, uno de los tres del cupo que rebaso el listón de los 600, fue también el de más armonioso remate dentro de los pesos pesados del combate. A los dos toros les dio fiesta El Fandi, que anduvo a gorrazos como quien dice.

 

No dejarse nada en el tintero. Largas cambiadas de rodillas en el tercio para recibir a uno y otro. Galleos, lances de capa acartonada y sin vuelo, pero de brazos y pulso buenos. Tres pares de banderillas al primero y cuatro al cuarto: cinco cuarteos y dos violines, y tras el último la carrera por delante y marcha atrás, y el dedo imperativo en el testuz que acaba deteniendo rendido y en seco al toro, y la gente se pone de pie con asombro siempre renovado.

Y dos faenas a destajo en toda regla porque David, que brindó al público las dos, acabó pegando cerca del centenar de muletazos y no escatimó esfuerzos para exprimir hasta la última gota de celo, entrega o bravura de esos dos toros, que fueron, por cierto, bien distintos. No solo porque el negro le sacara al castaño cien kilos de diferencia. El primero, que escarbó de comezón y no de mansedumbre, muy codicioso, metió la cara de verdad, repitió con ganas y resistió sin duelo una faena desmedida. No hubo apenas pausas entre tandas, que fueron una docena. El Fandi abusó del toreo a suerte descargada y también de los gestos o guiños al tendido. El toro, siempre tapado, tenía cuerda y se prestó al juego con ganas. Muchos molinetes, un doble y casi triple circular celebradísimo, toreo rehilado, más vueltas de lo normal, el cambiado por la espalda, el circular cambiado con el de pecho.

Facundia sin reservas, todo el oficio del mundo. Para que nadie pensara que El Fandi, que termina temporada tan fresco como si la empezara, había venido a Zaragoza de visita. Esta es una de sus plazas fuertes y no por casualidad. Lleno en tendidos, gradas y andanadas de sol y sol y sombra. Solo claros menores en la sombra. ¿Tanta gente? Por El Fandi, que después de una tanda de montalvinas, cobró con el primero una estocada soltando el engaño. Sin puntilla. Hubo mayoría notoria de pañuelos, pero el palco no atendió el reclamo. Con gesto compungido dio El Fandi una vuelta triunfal.

Abroncaron al presidente, que, en uso de su potestas, también negó a David la segunda oreja del cuarto, con el que El Fandi no trabajó tanto ni tan suficientemente como el primero. A la faena del primero le faltó toreo con la zurda -y a eso se agarraría el presidente- y a la del cuarto le faltó toro, que a partir de la cuarta tanda empezó a dar síntomas de agotamiento. Le pesaban tantas carnes. Acusaría un estrellón contra tablas antes de varas en un descuido de Ginés Marín.

Las dos faenas infatigables de El Fandi se atuvieron al canon de las llamadas faenas de sol, pero más la segunda que la primera. También la segunda tuvo por coda una estocada inapelable. Sin puntilla. El disgusto de David al serle negada la segunda oreja -y la salida a hombros- fue escenificado con exceso de teatralidad. Al terminar la vuelta al ruedo, hizo desde los medios una reverencia de desesperación. Echó a la gente encima del palco. Nunca se había visto a El Fandi en tales términos. En el palco aguantaron el chaparrón. Tal vez por mala conciencia o en despecho el presidente premió con una oreja la segunda faena de López Simón, que no tuvo ritmo ni mayor fundamento. A toro parado como los de piedra, el torero de Barajas, facilísimo con la espada, hizo una parodia del toreo de arrimón. Arrimón dentro de un orden.

El Fandi hizo de pantalla de la corrida toda y por eso no contaron apenas ni López Simón ni Ginés Marín, que reaparecía tras la cornada de Madrid con un aparatoso vendaje en mandíbula y mejilla. A López Simón le incomodó el segundo de la tarde, por pronto y pegajoso. El tercero, escupido del caballo, muy mansito, fue el más ofensivo de todos: cornialto, abierto de palas en uve, astifino. Ginés Marín ni se puso propiamente ni se propuso nada. Los 640 kilos del sexto imponían, pero fue toro pastueño. Una faena sin fe de Ginés ligerita y despegada, con alguna fruslería menor y, según costumbre, paseos y más paseos entre tandas. Una buena estocada.

Postdata para los íntimos.- La borraja es la reina de la huerta de Aragón. La reina de la verdura, se entiende. Y luego el cardo, que aquí se come con salsa de almendras. En nada se parecen una y otro. La textura del cardo es carnosa. La borraja bien hervida se deshace en la boca. Es bastante más sabrosa y delicada que la acelga. En Zaragoza la hay todo el año. No sé si de invernadero. En la Ribera navarra también se siembra borraja buena, pero está tenida por hierba insípida y pobre. De ahí la expresión del "agua de borrajas", que es como quedar en nada. Los navarros reivindican el cardo como tesoro propio. Tal vez. Pero la salsa de almendras es más aragonesa. Yo no he visto almendros en Navarra. Y si los había, se me pasó mirar y fijarme. En cambio, en la vega del Jalón y en la fría Teruel montañesa el almendro echa raíces profundas y resiste tanto como el de las sierras del Alicante interior.

El Artigas, barra abigarrada, la cocina en perpetuo movimiento, sigue siendo el bar más populoso de Delicias. Calle de Pamplona Escudero, detrás de Tomás Bretón. Hay gente en la calle a la hora del aperitivo. Hasta pasadas las tres de la tarde no hay quien entre. Un paisano de unos 30 le estaba contando a otro la paliza que ayer por la mañana le pegó una vaquilla. "Si me pega otra voltereta, me quita la vida, maño..." Cojeaba muchísimo. con gafas oscuras pretendía cubrirse dos moretones en la cara. En la fila 5 del tendido 4, justo delante de mi asiento, ha habido un amago de pelea. Casi llegan dos a las manos o los puños. No he conseguido saber por qué. Han puesto paz dos mujeres de la fila 3. Las mujeres aragonesas tienen fama ganada de bragadas y bravas. Fueron protagonistas heroicas en los sitios de 1808 cuando Zaragoza sufrió la arremetida de las tropas napoleónicas. El monumento de la plaza del Portillo, no sé si de Aniceto Marinas o de Benlliure, hace justicia a aquella causa.

Nunca había visto melocotones blancos ni ciruelas azules. En la calle Santander. Un café en el Delfos. En recuerdo de Alfredo, que los tiraba muy cremosos. Y buen café de Colombia.
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Última actualización en Miércoles, 10 de Octubre de 2018 21:36