TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ZARAGOZA. Feria del Pilar. Crónica de Barquerito: "Manuel Diosleguarde, muletero precoz y poderoso"

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En su estreno como novillero en plaza y feria de primera, el torero charro sorprende con su maduro sentido del temple

Novillada desigual de El Parralejo

Y un buen utrero de Carriquiri

Zaragoza, 9 oct. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 9 de octubre de 2018. Zaragoza. 5ª de abono. 2.500 almas. Tarde templada. Cerrada la cubierta plegable. Dos horas y veinte minutos de función. Cinco novillos de El Parralejo (José R. Moya) y uno -6º- de Carriquiri (María Briones) que completó corrida. Pablo Mora, oreja y silencio tras aviso. Manuel Fuentes “Francisco de Manuel”, vuelta y aplausos tras un aviso. Manuel Sánchez “Manuel Diosleguarde”, saludos tras aviso en los dos. Un notable puyazo de Alberto Sandoval al sexto. Notables en brega y banderillas Raúl Ruiz y Roberto Jarocho.

El tercero de los solo cinco novillos de El Parralejo se avisó por la mano derecha antes de varas, cobró dos puyazos traseros, se distrajo entonces, bramó en banderillas y tomó la muleta con mucha violencia por la mano avisada. Cuatro derrotes de volarle a uno la cabeza en esos primeros compases. No se descompuso el joven Diosleguarde, sino que, en detalle de torero largo, se cambió de mano. Acierto y solución. Por la izquierda fue muy otro el toro, que siguió hasta el final metiéndose, quedándose, revolviéndose y soltando tralla por la diestra cuando Diosleguarde pretendió abrochar tandas a la clásica manera.

Cinco tandas de naturales cobró Diosleguarde. Las cinco ligadas, ajustadas, templadas, despaciosas y poderosas. Muy bien tiradas. Las dos últimas fueron, además, muy abundantes, de llegar hasta el séptimo muletazo sin rectificar ni enmendarse. Y en un solo terreno. Diosleguarde debutaba en una plaza de primera. Con caballos se estrenó solo el pasado junio. Esta era solamente su séptima novillada picada. Como muletero no lo pareció. Sino rodado y hasta hecho. Sin el aire repipi de los toreros precoces. Serio. Ni un gesto de más ni para la galería.

Con capa y espada sí asomó el novillero por hacer: el tercero no descolgó por la mano aviesa ni a la hora de la igualada, un pinchazo soltando engaño, una estocada ladeada, cuatro golpes de verduguillo. Un aviso. Manuel no quiso dar la vuelta al ruedo a pesar de que esa primera faena, la de más peso y mérito de toda la tarde, había sido muy jaleada. No lo fue tanto la del sexto novillo, un colorado berrendo muy lleno de carnes, pechugón y corto de cuello, al que, ahora sí, toreó en redondo compuesto y con asiento, otra vez bien templado, algo rígida la figura, despatarrado a veces, pero muy sueltos los brazos. Una colocación llamativa por buena.

Como el paraguas de teflón estaba desplegado -ni lluvia ni viento, pero…-, la plaza cubierta y cerrada fue campo de resonancia de la entusiasta banda de música de Ejea, que a toda pastilla atacó el Tercio de Quites demasiado pronto. El pasodoble se comió el ambiente. Música invasiva, como en tantas plazas y tantas veces. Pero en las cubiertas es doble castigo. De frente toreó Diosleguarde al natural, la mano baja, siempre certeros los toques, ni un enganchón. Y de nuevo, un gobierno de los terrenos nada común.

Tuvo fijeza y bondad el novillo núñez de Carriquiri, pero, después de haberse soltado sin freno en el primero tercio, hubo que ajustarse y sujetarlo. La espada entró esta vez, pero la gente, castigada por los músicos y por lo largo del festejo, parecía haberse ido a casa. La idea de adoptar como nombre de guerra el del pueblo natal de Diosleguarde es una reformulación del caso de Vitigudino, que no está lejos. La toponimia de Salamanca es ricamente sonora y varia. Por lo demás, se anuncia en perspectiva una rivalidad de toreros charros novicios, sangre de refresco, caras nuevas. Diosleguarde y Antonio Grande, de San Muñoz, que tan bien toreó en la pasada feria de Salamanca.

La novillada de fuenteymbros de El Parralejo fue grandona -especialmente cuarto y quinto- pero no tanto en la escala de la monumental corrida de agosto en Bilbao, que se salió del cuadro. Los tres primeros tuvieron el trapío preciso; los otros dos, bastante más. Fue codicioso y bondadoso el primero y Pablo Mora, a suerte descargada, calma estudiada y ceremoniosa cautela, lo toreó con facilidad y lo despenó de entera desprendida. El noble segundo tuvo las fuerzas justísimas. Elegante, firme y vertical, muy seguro Francisco de Manuel, a quien, solo un año después de su debut con picadores, parece de pronto venirle chico el novillo. Mora le hizo al cuarto una faena previsible, pausada y calmada, pero de son ligero por abusar del toreo por fuera. De Manuel le puso al quinto dos grandes pares de banderillas. Novillo rajado enseguida. Un trasteo enfadoso entre pitones, pero a toro parado.

Postdata para los íntimos.- La cama de la 303 es el sueño de Morfeo. Te hundes como Arquímedes, emerges lo justo, cuatro almohadas de pluma, ocho horas seguidas en el paraíso. El silencio de Moncayo. Lluvia fina a las 7 y media. Fresco, no frío. No se oye a los pájaros. La nevera ronca un poco. La apagas. Descorres las cortinas, entra al bies la luz de otoño. 9 de octubre. Ya era hora. El bufé del desayuno: hay kiwis y naranjas pelados en rodajas, melón y sandía en triángulos, melocotones, zumo natural -de naranja- y artificial de melocotones. Pan tostado de trigo integral pero de molde, tomate rallado -¿natural o mercadona?-, ajo para untar, charcutería -¡no, gracias!-, quesos fresco y curados, tortilla española, tarta de Santiago, un bizcocho casero de canela y pasas, bollería industrial -¡no, gracias!-, tes de todo color, café de máquina, leche entera, semi y desnatada, yogures de sabores frutales -¡no, gracias!- y también cero cero, sin grasas ni azúcares. La mesa del bufé está impecable. Baja gente ruidosa. La pinacoteca del hotel se desmanteló en su día -ahora están encaladas las paredes de los pisos, y parecen de hospital comparadas con los golpes de color de antes, pero en el comedor se conservan las piezas mejores. Se oye tibia la radio de la cocina. Cuando se cerraba el turno del desayuno, entran una madre y una niña que acaba de aprender a andar sola y por eso su gesto de asombro feliz. Sola, yo sola. Apagan las luces. El comedor está en el sótano primero. Un apagón teatral.

La calle de Santander recíén despierta, La cola de parados del Inem no es tan copiosa como la de los últimos años. Han abierto una tienda de toldos y otra de alimentación muy elocuente y servida. Conservas de Ondarroa, el caviar de esturión del Pirineo -¡soberbio!-, bacalao y congrio en salazón -el esqueleto del congrio es como un doble pulmón humano revestido de escayola-, fritadas en frasco, pochas, espárragos de Calahorra, puerros, dátiles, fresas y los llamados melocotones envueltos, que en el árbol se protegen del picoteo de pájaros golosos y llegan a la tienda vírgenes. Mangos y papayas, uvas pasas, chacina al vacío o al corte. Un colmado.

La colchonería se ha modernizado. En el escaparate de Eroski se venden viajes a Salamanca, Toro y Zamora en un mismo paquete y para el puente que viene. Hay ofertas para Praga y Estambul. La prensa del país viene tranquila. El concierto de Bisbal, decepcionante. La reunión de Pedro Sánchez y Lambán, un ya te veré. '¡Pero si queremos el tren ya....!

Las noticias tristes.No estaba Alfredo en el mostrador del Delfos esta mañana y pregunté a su hija por él. "Falleció la pasada semana". Lo echaré de menos. Setenta y pico años. Su bar, su vida. Y no solo.La Cepa Dorada, en San Miguel, estaba cerrada con candado. Qué raro. Me acerco a ver el aviso: Víctor Peñaranda, el dueño, con su guitarra y su repertorio interminable de jotas, su cordial gracia guasona, su hermosa voz de tenor en falsete, murió el pasado domingo. No sé de qué. El funeral, mañana en Torrero.

La plaza del Pilar, castigada por las carpas, estaba desierta a las dos de la tarde. Entré en el templo. Descubri la lápida dorada del Arzobispo Doménech, con su texto en latín. Un paseo hasta Santa Cruz. Qué paz la del Praga, con sus calamares rebozados, y sus gambas en gabardina, y su banco corrido de madera como los de las salas de espera de las estaciones. Lo agradece la espalda..

El tráfico de Independencia, desviado. Hay que ir a Constitución para tomar el 22 rumbo a La Bombarda. Con parada en Santander.  La cocina del Lac se empieza a quedar antigua. No es barata.
Última actualización en Miércoles, 10 de Octubre de 2018 13:32