TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ZARAGOZA. Feria del Pilar. Crónica de Barquerito: "Notable corrida de El Pilar"

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Cuatro cinqueños de un envío desigual de hechuras, armado y serio, poderoso y encastado y a más en general

Se corta la coleta Ricardo Torres, torero de fama bohemia que fue en su día novillero artista

Terna de aragoneses, ambiente propicio.

Zaragoza, 8 oct. (COLPISA, Barquerito)

Lunes, 8 de octubre de 2018. Zaragoza. 4ª del Pilar. 3.500 almas. Templado, 20 grados. Plegada la cubierta. Dos horas y media de función. Seis toros de El Pilar (Moisés Fraile). Ricardo Torres, silencio y silencio tras aviso. Alberto Álvarez, una oreja y silencio tras un aviso. Imanol Sánchez, silencio y una oreja. Picaron bien a tercero y sexto José Manuel Sangüesa y Gabin Rehabi, muy brillante, que acreditó su talento como jinete. Sergio Aguilar prendió al sexto un gran tercer par muy comprometido.

CON CÁUSTICA RETRANCA aragonesa, el cuarto festejo del Pilar fue bautizado como la Corrida Baturra. Los tres toreros, del país. Ricardo Torres, de Zaragoza capital; Alberto Álvarez, de Ejea de los Caballeros, la capital de las Cinco Villas; Imanol Sánchez, de raíces navarras -de Tudela-, nacido en Zaragoza y afincado en Pedrola, en el valle del Ebro, donde Cervantes podría haber situado la ínsula Barataria.

Había en los tendidos mayoría sensible de pedrolanos, con banderas y pancarta, entusiasmo indesmayable, pasión desatada con el torero de la villa. Bastante gente de Ejea, corazón del campo bravo aragonés en el XVIII y el XIX. Y los abonados, curiosos y fieles de Zaragoza. Media hora antes de empezar la corrida, el Campo del Toro y los aledaños de la plaza del Portillo estaban bien poblados. Pero a la hora de la verdad no llegaron a cuatro mil los paganos. No desmayaron.

La corrida de El Pilar, cuatro toros cinqueños por delante, fue de desiguales volúmenes y pesos. El cuarto dio en báscula 620 kilos; el sexto, 660. Fueron muy nobles los dos. El sexto cobró tres puyazos, y en el primero de ellos metió los riñones de verdad. En cambio, el cuarto, picado al relance, se derrumbó tras un segundo picotazo. Ese cuarto era de reata muy premiada: Guajiro. No llegó a los 500 kilos el segundo, único colorado del envío, y toro de sobresaliente calidad: el galope, la codicia, la manera de meter la cara y repetir sin avisarse a pesar de cargar con una faena maratoniana de Alberto Álvarez. Salieron bravos primero y tercero, solo que el uno se aplomó y fue toro a menos. El otro, solo 500 kilos, fue muy completo.

Los de Ejea se empeñaron tanto en pedir sin éxito para Alberto una segunda oreja que el toro, un Deslumbrante que hizo honor al nombre, se arrastró sin reconocimiento. Para primero, tercero y sexto sí lo hubo. No para el cuarto, pero Ricardo Torres tuvo el bonito detalle, sin afectación ni cursilería, de acariciarle la mejilla justo cuando iban a lacearlo en las mulillas.

Fue, por cierto, el último toro de su carrera. Al final de la corrida, se cortó la coleta. Cuarenta y un años cumplidos la pasada primavera. Era el momento. En un tentadero reciente una vaca le pegó una cornada en la rodilla. Fue duda hasta última hora. Pero se vistió de torero -terno muy elegante, por cierto, carmín y oro- y en torero estuvo toda la tarde. Con sus limitaciones físicas -cojeando discretamente-, acusando la falta de sitio del que no torea, pero dejando el sello de su calidad: buenos apuntes a la verónica, toreo con la zurda de muchos quilates, una manera de estar, posarse y andar que translucía su vieja ambición marchita. Fue novillero distinguido, con fama de bohemia y bonhomía, gran esperanza de la torería zaragozana al doblar el siglo. Sensibilidad, dignidad, un punto de severa gracia, torería. No pasó con la espada y ni siquiera para el bonito trasteo con el cuarto hubo unas palmas. Sí en el momento del adiós. ¡Qué menos!

Alberto Álvarez intervino en quites abusivos en los dos toros de Ricardo Torres, pero no se empeñó tanto de capa en los dos propios. Devastadoramente largas dos faenas de oficio bien sabido. De acompañar, pero no conducir las embestidas tan boyantes del segundo. Muchas cautelas con el quinto, un toro carbonero y coletero, muy badanudo, que fue el de menos aire de los seis. Imanol Sánchez se encontró con el arropo apasionado, incondicional de los paisanos de Pedrola. Se atragantó con el bravo tercero, que estuvo a punto de subírsele a las barbas unas cuantas veces. Hizo un supino esfuerzo con el sexto, se amarro al suelo, dejó de codillear -su mayor problema- y en arrebato sin freno resolvió con brevedad la papeleta, se fue tras la espada con fe y se llevó para casa una oreja que le sabría a gloria. Nunca había toreado en la feria del Pilar. Si en Zaragoza. Una corrida de Algarra.

Postdata para los íntimos.- Nada como una memoria resbaladiza para ponerla a prueba y sanear neuronas. La del Somontano, a pie del hotel donde vivo, no es una plaza sino una glorieta. No es lo mismo. Hay plazas mayores y menores. plazoletas y plazuelas -mi barrio de Madrid es un surtido generoso de todas ellas- y, en cambio, glorieta implica círculo y jardín. ¿Sí? No estoy tan seguro. Acabo de pasar por la plaza de Roma en Zaragoza y juraría que es glorieta.

Otoño: los álamos ya empiezan a temblar. En el reencuentro con el jardinillo de Somontano me he rendido ante dos ejemplares notables: una palmera datilera sana y frondosa y un triste ciprés solitario. Las acacias y dos mimosas. Dos balancines de muelle para la infancia. Un perro amarillo y una moto.azul. Chirrían, El bar Capote, donde los de El Tato, parece cerrado por obras.

No he detectado cierres de comercio en la calle (de) Santander, espina dorsal del llamado Parque Roma. ¿Parque? ¿Por qué "parque"? La Cerrajería Española, una zapatería -de arreglar zapatos, no de venderlos- completísima, la charcutería de Magaña, que huele que alimenta -torreznos sorianos del Alma envasados al vacío, conservas de legumbre en frasco, piezas de jamón que se filetean-, el gimnasio, que ha cambiado de nombre, el mercadito donde brillan los melocotones de Calanda como paños sagrados de terciopelo bordado y las ciruelas Rossé (sic) que se dan muy bien por la vega del Jalón. Esta mañana, entre Calatayud y Morés, contemplé desde la ventanilla del tren las vides y los campos de frutales alineados perfectamente. Los ciruelos, sin hojas. ¿Rossé, tal vez? El porte del ciruelo en flor no es tan bello como el pelado.

Los pinos de la avenida Clavé resistirán el cierzo que sea, pero parece que las acacias no tanto. Están amarradas, hay vallas de protección. Los árboles de la isla de Roma están de gloria. En la puerta del comedor de la Hermandad del Refugio hacían cola a la una y poco unos cuanto. Supongo que en el de la parroquia del Carmen también. El sábado pasé por delante camino de los toros. Se te hace un nudo en el estómago y otro en la garganta.

Las hojas del pruno mudan de color en otoño antes de caer. Del granate rabioso al verde lagarto. Una rareza. En la glorieta de aquí debajo hay uno. La ventana me da este año a Moncayo y no al jardín. Más silencio.

Tenía yo La Ferroviaria, en Madre Sacramento, por una pensión de dudosa reputación. A solo cincuenta metros, una sexshop parece que famosa dentro de su género. Cerraron la tienda poco después de cerrarse el cuartel de la Policía (Armada) y ahora la vieja pensión es una VUT, Vivienda de Uso Turístico. Los ferroviarios se instalaron en Delicias, en la margen derecha de las vías, pero esa pensión, o lo que fuera,rompe la norma.

Un taco mexicano de ternera y cerdo picados en el Berlanga, dos porque estaba buenecito el primero, y una copa de Piérola. Café en el Teruel, que, diez años después, ha vuelto a abrir. En Santander. Remozadísimo. Gambas a la gabardina, que en Zaragoza son muestra de distinción. Se pinchan con un palillo largo. La fritura tiene que quedar dorada. Brilla.

Las chicas del antiguo Júnez mantienen su tienda de prensa y papelería a pesar de los pesares. ¡Qué simpatía! Compré el Heraldo casi a la hora de comer. La manifestación pro reforma del tramo de ferrocarril Valencia-Sagunto-Teruel de ayer fue masiva. Cuatro columnas en primera página. Casi todos los manifestantes, de Teruel. Los de Huesca y Canfranc han debido de tirar la toalla. Una pena ¿no?

 

Última actualización en Miércoles, 10 de Octubre de 2018 13:31