TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Feria de Otoño. Crónica de Barquerito: "La feliz confirmación de Pablo Aguado"

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Versión de acento sevillano de caro toreo clásico de capa, una firme faena de conmovedora ilusión y un éxito convincente

Fortes, feamente cogido y apaleado, pero no corneado

Talavante, arrebatado

Corrida desigual de Victoriano del Rio.

Madrid, 28 sep. (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 28 de septiembre de 2018. Madrid. 1ª de la feria de Otoño. 21.000 almas. Estival, las banderas a plomo. Dos horas y veinte minutos de función. Cinco toros de Victoriano del Río -primero y cuarto, con el hierro de Toros de Cortés- y un sobrero, 5º bis, del Conde de Mayalde. Alejandro Talavante, saludos tras un aviso y silencio. Fortes, silencio tras aviso y cogido por el quinto tras cobrar una estocada. Lesiones de pronóstico reservado. Pablo Aguado, que sustituyó a Paco Ureña y confirmó la alternativa, saludos y una oreja.

LO QUE DEJÓ MARCADA la corrida primera del abono de otoño fue el toreo de capa de Pablo Aguado en el toro de su confirmación de alternativa. Tanta fue la calidad. Y casi tanta la cantidad, pues con una decena de lances muy caros recogió Aguado el toro en la salida sin pruebas previas y, ganando terreno y pasos hasta los medios, ahí lo dejó servido y templado con una sedosa media frontal. El toreo de capa de acento sevillano en versión pura y distinguida. El compás tan melodioso, el rigor del ajuste, su despacioso son. La calma tanto como el ajuste.

A pesar de la frialdad propia de la primera baza de la corrida que sea, la gente se quedó con la boca abierta y subrayó ese recibo con una ovación de trueno. Eso fue caer en Madrid de pie. Solo un año de alternativa -la tomó en Sevilla en septiembre de 2017- y una temporada en el ostracismo a pesar de su relevante prestación en la feria de Abril. Y al cabo, esa entrada en Madrid tan de sorpresa y tan cabal.

Después del recibo, el toro hizo amago de sentarse. Se quisieron sentar como derrengados tres toros más de la corrida de Victoriano del Río y, cuando lo hicieron, se dejaron oír protestas. Pero no en el caso de ese primero. Pudo más la magia del toreo a la verónica de tanto poso y reposo, tan bien compuesto. Después de un puyazo severo, Aguado quitó por chicuelinas, tres, y las tres de alta escuela, y remató con larga. Quiso más el toro y el segundo remate del quite, a una mano por delante, fue de la misma calidad que los lances del quite.

Talavante, recibido con clamor cerrado que le obligó a saludar, quitó en su turno por gaoneras enganchadillas y una falsa revolera. A tercio cambiado todavía tuvo Aguado la frescura de replicar al quite de Talavante con otro de propina, por delantales, abrochado con un desplante que fue de recurso y adorno a la vez. Rebrincado, viajes cortos sin golpe de riñón, algo cobardón, noble, pero sin poderes, el toro no fue en la muleta el mismo que tanto se había empleado antes y la faena de Aguado no tuvo ni los logros ni el tono de la primera sorpresa. Bonito el arranque, con la joya de una trinchera en toreo al paso, y sereno y seguro lo que vino después. Protestó mucho el toro. Los muletazos de la igualada tuvieron sello particular. Bastó una estocada tendida y trasera. Sacaron a Aguado a saludar. Solo que nadie se pensaba que viniera él a ser el protagonista de un festejo donde Talavante llevaba casi todas las papeletas para el premio mayor.

Para Talavante fue el toro de mejor condición de la corrida de Victoriano del Río, el segundo, el de la devolución de trastos. Un toro bien armado -los tres más serios de cara se jugaron por delante-, codicioso y repetidor, de ritmo muy regular. Cuarenta embestidas tuvo claras. Talavante, empeñoso pero sin eco en el recibo de capa, arrancó faena de largo con la zurda sin más y ligó una primera tanda abundante y bien tirada, pero despegada. Toro muy abierto de cuna. Y Talavante lo tuvo que abrir sin remedio. Por el afán de enredarse en faena rotunda, de las de su marca, Talavante pecó de arrebatarse y de dejar por eso casi a su aire al toro en el primer tramo de faena, cuyos remates de tanda con el cambiado a pies juntos se celebraron más que la tanda en sí. Talavante acabó por tener en la mano el toro. Pero se encontró con algunas voces disidentes. Un pinchazo sin soltar, una estocada, un aviso justo cuando iba a rodar el toro y no hubo ni petición de oreja.

Dio juego el tercero, el otro toro de buena nota de la corrida, suelto y distraído de salida, pero no después. Salió a quitar Pablo Aguado con dos lances cortos y templados, y media notable. Fortes se embarcó en faena desigual. Soberbio el inicio en los medios tomando de largo el toro y bajando la mano. Impecable el ajuste en una tanda con la izquierda. Pero larguísimo el trajín, castigado por el toreo rehilado. No fue feliz la idea de cambiar terrenos ni la de alargarse Fortes tanto. El cuarto de la tarde, derrengado, claudicante flojera, fue protestadísimo. Se encrespó y enrareció el ambiente. Los esfuerzos de Talavante no se tuvieron en cuenta.

El quinto, con más cuajo que los demás, pero no más cara, no superó el coro de protestas por claudicar. Fue devuelto. Se jugó de sobrero un toro de Mayalde al borde de los seis años del tope reglamentario que tuvo el resabio de los toros de edad -escarbador, revoltoso, listo- y cogió a Fortes cuando al tercer viaje enterró la espada, pero quedándose en la cara. La voltereta fue monumental. La paliza, terrible. Los momentos, de angustia, por lo mucho que tardó el toro en soltar presa. Tardó en saberse que Fortes no llevaba cornada sino múltiples contusiones, pero en el paréntesis se vino a vivir la segunda cumbre de la tarde.

De nuevo el capote de Pablo Aguado, pero no en la visión preciosista de la primera baza sino en la de poder, ahormar y dominar de partida un sexto de raro porte, alto y largo, lomillano, sin cuello, de los que no descuelgan pero que salió de los ocho lances de recibo tan bien servido como el primero. Por falta de fuerzas, cabeceó de partida el toro. No importó. Asentado, posado ahora con la muleta, Aguado se puso por las dos manos con candor de torero nuevo pero clásico y, a golpe de fe, sacó del toro viajes regañados pero gobernados, y se encendió la gente cuando llegó el natural ligado con el de pecho, y con los muletazos a cámara lenta en la altura que consintió el toro. El conjunto fue de mucha armonía. La naturalidad, la alegría. Un final de faena feliz, recortes muy bellos, y todavía más feliz el de una corrida de confirmación en todos los sentidos.

Postdata para los íntimos.- Este largo verano interminable que promete no acabarse nunca.

Última actualización en Domingo, 07 de Octubre de 2018 12:23