TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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BAYONA, FRANCIA. Crónica de Barquerito: "Herido gravísimo Thomas Joubert"

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Cornada en la femoral en el comienzo de faena

Corrida cinqueña muy desigual de Robert Margé

Un quinto de excelente nota

Contribuciones distinguidas de Sergio Flores y Tomás Campos.

Bayona, 1 sep. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 1 de septiembre de 2018. Bayona. 2ª de la Feria del Atlántico. 4.000 almas. Anticiclón. Tres horas de función. Seis toros de Robert Margé. Thomas Joubert, que sustituyó a Juan Leal, herido por el primero. Cornada de 25 cms, con arrancamiento de la femoral. Sergio Flores, que mató el toro que hirió a Joubert, una oreja. Tomás Campos, una oreja. Francisco José Espada, palmas tras un aviso. Joaquín Galdós, una oreja y dos vueltas. Pablo Aguado, saludos.

EL PRIMER TORO DE la corrida cinqueña de Robert Margé, descarado, remangado y muy astifino, se venció por la mano izquierda cuando Thomas Joubert iba a rematar de trinchera los cuatro estatuarios, temerarios por su ajuste, con que acababa de abrir faena. Citó de larga para librar una pedresina muy de su repertorio, pero el toro se enrocó en la querencia, donde había cobrado tres puyazos -escupido del primero, un medio derribo en el segundo, blandeó en el tercero- y tocó ir a buscarlo, y a sacarlo de las rayas.

Expuso mucho Joubert. Ya lo había hecho en un quite por gaoneras tropezadas tras la primera vara. Entonces se acostó el toro por la mano izquierda. Volvió a hacerlo en los dos estatuarios librados por esa misma mano. Al quite tras la cogida llegó su gente de inmediato. Joubert se levantó del suelo sin ayuda, pero, sentiría que la cornada era seria y por su pie pasó al callejón por el portón más próximo, y el más cercano a la enfermería.

 

Por él iba andando ligero cuando empezó a manar sangre por el boquete de la cornada y entonces se dejó caer en manos de las asistencias. Todo el mundo quedó impresionado. El toro, después de haberse cobrado presa, no paró de roncar y bramar. El mexicano Sergio Flores, entero y sereno, buscó la igualada entre rayas con notable oficio, hizo al toro guardia con la espada en un primer ataque -puesto por delante, el toro esperaba- un pinchazo hondo luego y dos descabellos.

Mientras se arrastraba el toro se percibió que en el patio de caballos, adonde vierte la enfermería, había un revuelo especial. En su cuenta de twiter, el gran revistero Marc Lavie, testigo en primera fila de la cogida y sus siguientes pasos, dio noticia de que el piso del callejón estaba salpicado de charcos de sangre. Desde la puerta de la enfermería pudo confirmar que la cornada era brutal. La enfermería de Bayona, que ha contado de siempre con cirujanos excelentes, solo está habilitada para una intervención y ese detalle provocó una suspensión temporal de la corrida, que no había hecho más que arrancar. El equipo médico estabilizó al herido y se dispuso su traslado a un hospital para ser intervenido. La presidencia decidió que no se reanudara el festejo hasta que no se evacuara a Joubert y regresara a la plaza la ambulancia que hace siempre guardia en la puerta de cuadrillas. La megafonía lo explicó con detalle y sin sembrar alarmas. Media hora de espera. La banda municipal, tan célebre, la Harmonie Bayonnaise intentó aliviar la demora. La gente no quería música.

Casi una hora después del paseíllo -seis espadas, todos montera en mano menos Joubert- se soltó el segundo de corrida, que fue de los de terror. La marca de su procedencia Cebada Gago, castaño lombardo, solo 470 kilos, pero ocupaba el ruedo entero. Dos bieldos disparatados. Incierto, sin fijeza, ni amago de descolgar, listo, fue el toro más difícil de todos. Tomás Campos le hizo un refinado quite a la verónica, tres y la media. Después del quite, dejado en el platillo, se arrancó al caballo para tomar una tercera vara, que lo pulió no poco.

Anduvo muy valiente y confiado Sergio Flores. Tragando miradas y pruebas, pero sin irse nunca. Cuando tocó defenderse de viajes arteros, el molinete de recurso. Y al final, una de bernadinas ligadas con otro molinete y un hermoso desplante. La gente pasó tanto miedo que antes de cuadrar el torero de Tlaxcala, y mientras buscaba la manera de salvar un cuerno derecho de más de medio metro, se hizo un silencio excepcional. En la suerte contraria, algo sesgado el toro, Sergio se entregó en una memorable estocada que iba a bastar. De la reunión salió con la taleguilla desgarrada por los machos. Sin mirarse. La vuelta al ruedo oreja en manos fue apoteósica. Sergio llevaba cinco años sin torear en Bayona. Desde la tarde de su alternativa, que tomó aquí el septiembre de 2013. Aquella fue tarde de triunfo. Esta, todavía más importante.

Los cuatro toros y los cuatro toreros que quedaban por verse fueron muy distintos. Dos de los cuatro toros dieron juego. Un tercero cómodo de cara muy noble y un quinto, de la línea Santiago Domecq, muy completo, bravo en los tres tercios, de ritmo soberbio. Tomás Campos, con sus premiosas maneras que son parte de su estilo, toreó embraguetado, despacito y a gusto al buen tercero. El final de faena, a pies juntos y con la zurda, fue más que notable. Joaquín Galdós se embarcó con el quinto en faena cumplida, peleona, rígido el brazo, tapado por sistema el toro, que encendió a la gente con sus embestidas tan boyantes. Se pidió para el toro la vuelta al ruedo y hasta una segunda oreja para Galdós.

Sin ser el saco de problemas que fueron primero y segundo, el cuarto, que se daba un aire con el del éxito de Sergio Flores, salió muy complicado. Sangró mucho en varas, punteó, protestó, pegó cornadas al aire, pura aspereza antes de pararse y rajarse. Francisco José Espada, paciente, calmoso y seguro, le buscó las vueltas y llegó a ligar por dos veces dos en redondo con el de pecho. Y hasta se adornó a última hora con un cambio de mano de sorpresa. El sexto, de hechuras parecidas a las del gran quinto, apenas se empleó en medias embestidas. Bondadoso, pero fragilito y desganado. Pablo Aguado dejó sentir su elegante compostura natural, sus maneras tan particulares al torear a la verónica clásica, su encaje y manera de posarse, su exquisito manejo de los avíos. Aire de alta escuela, que no es novedad. Sin toro a propósito. Y una estocada. Una de las dos con las que el pasado abril en Sevilla haría hecho fortuna tras torear de maravilla.

Postdata para los íntimos.- Ninguna gana de bromear.
Última actualización en Sábado, 01 de Septiembre de 2018 20:58