TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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EL APARTADO. Por Barquerito: "Hierba en la boca"

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Toros de Torrestrella para Román, Gonzalo Caballero y Luis David Adame

En el otoño de 2005 murió cumplidos los 88 años don Álvaro Domecq y Díez, a quien llamaban El Caballero en señal de respeto. Parecía un senador romano. Siendo muchas cosas, don Álvaro, uno de los contados personajes que mantuvo el don por delante en vida y después de morir, fue un ganadero genial. Experimental, innovador, científico, intuitivo. Se tenía su finca -Los Alburejos, en Medina Sidonia- por un sedante paisaje toscano. Y por laboratorio de la bravura, pues en Torrestrella se cumplieron los primeros ejercicios conocidos de inseminación artificial y congelación de la semilla de la casta. Un banco de semen, control veterinario exhaustivo. El gran Manolo Chopera patrocinó cómplice y de cerca la idea.

Don Álvaro escribió mucho y bien de toros y de caballos. “El toro bravo”, su legado como criador, es obra maestra del género. En Francia, en traducción rigurosa de François Zumbielh, se tiene por biblia taurina. Para hacer afición, la prosa sonora de don Álvaro.

Cinco años después de la muerte de don Álvaro, su legado literario cayó en olvido -los taurinos son poco dados a leer- y su ganadería brava, la de Torrestrella, pasó a ser repudiada por quienes mandan en el toreo. Poco a poco fue desapareciendo de los carteles de Madrid, Pamplona, Sevilla, Valencia, Nimes y también Bilbao.  ¿Por qué? ¡Por brava! Lo bravo es incómodo. “Molesta…”, dicen quienes prefieren el agua mineral al brandy jerezano.

El toro de Torrestrella, de líneas abiertas y varias, es guerrero, culebrero y peleón. Ninguna de esas tres señales de bravura está de moda. Y, sin embargo, está de vuelta la ganadería: en Sevilla y en Bilbao. El año pasado, corrida dispar pero inquietante. Toreó bien Ferrera, Padilla pasó un rato regular. ¿Y hoy? Hoy puede pasar de todo. Toreros nuevos, jóvenes, osados, ambiciosos. Román el Adame menor y un… Caballero. Gonzalo, peleón, guerrero, colmillos de lobo. La hierba en la boca, se decía. Lo mismo que del toro bravo.