TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Tres novillos de nota de La Ventana del Puerto"

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La cuarta y última convocatoria del Certamen de Novilleros de 2018 en las Ventas. Muy hecho Gardel, por pulir un David Salvador de aire campero, espectacular y temerario el menor de los hermanos Lagravére.

Madrid, 28 jul. (COLPISA, Barquerito)

Viernes, 27 de julio de 2018. Madrid. 50º festejo de temporada. Nocturna. 4ª del Certamen de novilleros. 7.700 almas. Veraniego, templado. Eclipse de luna. Dos horas y diez minutos de función. Seis novillos de Lorenzo Fraile. Todos, con el hierro de La Ventana del Puerto, salvo cuarto y quinto, con el de Puerto de San Lorenzo. Alejandro Gardel, silencio en los dos. David Salvador, de La Fuente de San Esteban (Salamanca), nuevo en esta plaza, silencio y aplausos. André Lagravére, “El Galo”, de Emiliano Zapata (México), nuevo en esta plaza, silencio y palmas. El oficio seguro de Miguel Martín en la brega y en banderillas. Dos pares notables de Raúl Cervantes al cuarto.

EN LA ÚLTIMA de las cuatro eliminatorias del Certamen estival se presentaron en las Ventas dos novilleros recentales. Veinte años por barba. Un David Salvador natural de Pina de Ebro, Zaragoza, y criado en La Fuente de San Esteban, corazón del campo charro, de familia campera, un abuelo mayoral de bravo; y un André Lagravére que se apoda y anuncia El Galo.

André es el segundo de los dos hijos de Michel Lagravére, el único matador de alternativa nacido en el santuario torista francés de Vic Fezensac, que tras un somero paso por plazas francesas y españolas en los años 80, se afincó en México en los 90, toreó por los estados, se hizo un nombre y allí casó con Diana Peniche, una empresaria mexicana que dirige la plaza de toros de Mérida, en el Yucatán, y madre de sus dos hijos. Toreros los dos. Michel, que se anuncia Michelito, sin más, y consta como el matador de alternativa más precoz de todos los tiempos -la tomó un mes antes de cumplir los quince años-, y este André, que, formado en la Escuela Silverio Pérez, de la Mérida maya, lleva haciendo con éxito sus pinitos en plazas francesas y españolas desde el curso pasado.

Hay una curiosa coincidencia entre Salvador y Lagravére: los dos han debutado ya como novilleros en la Monumental Plaza México. Y una segunda coincidencia. Presentarse en Madrid el mismo día, o la misma noche, acompañados por un fenómeno singular: el más hermoso y duradero eclipse lunar nunca contemplado, bien visible desde los palcos y tendidos altos de sombre de las Ventas. Noche de plenilunio y eclipse. Poco antes de la media noche acabó el festejo. Media hora después se dejó ver de nuevo la luna redonda y plena.

Novilleros de aire bien distinto. Salvador, campero, a pesar de haberse formado en la Escuela Taurina de Salamanca, que forja toreros de los llamados precisamente “de escuela”; Lagravére El Galo, espectacular, temerario, teatral, muy gestero en busca de público cómplice. Salvador, suelto, resuelto y seguro con el capote, y eso se hizo evidente en el recibo del novillo más bravo y temperamental de la noche -el segundo de La Ventana del Puerto-, y firme y compuesto, pero todavía bisoño muletero, afanoso, de los que no se cansan. Madera por pulir, pero hay madera.

El Galo es banderillero de mucha decisión: cuarteos de ataque largo, recortes previos a una reunión de poder a poder, un violín en el tercio, una llegada en bicicleta a la venezolana -de la escuela de los Girón-, simpático desenfado, rehiletes cortos, reuniones frontales pero no tan ajustadas. Lances raudos, graciosos. Soltura. Capaz de dibujar medias de buen acento. Muletero amante de las pausas y paseos de reposo entre tandas, y de tandas de corto aliento por despegadas, abuso de cites en uve, salteadas con temeridades livianas -el cambiado intercalado, desplantes, salidas de la cara que evitan el remate cabal. Y una estocada cobrada a pelo y al salto. Una originalidad relativa.

La impresión fue que los dos toreros nuevos conocen la teoría del toreo clásico. Solo que en ello anda más Salvador -su mentor es Leandro Marcos, torero de arte- que Lagravére, en quien conviven el gusto francés y el heterodoxo mexicano por el toreo de alardes, que tanto llega a la gente.

Al lado de uno y otro, el madrileño, de Pinto, Alejandro Gardel pareció por comparación un joven maestro: la colocación, el dominio, la seguridad, su sentido del temple más que su ajuste, su buen compás para torear con la diestra, su presencia juncal, facilidad natural. De manos de Gardel, hecho y formado, llegaron los lances mejor tirados, las contadas tandas ligadas en serio y no en bruto, las soluciones lógicas y sin arrebatos.

Será difícil, sin embargo, que ninguno de los tres pase la criba que deja franco el paso a solo tres de los doce concursantes del Certamen de Novilleros de 2018 en Madrid. A Gardel le traicionaron su propia facilidad y la espada: dos feas estocadas. A Salvador le vino grande el bravo segundo, hechuras y son de toro, y no bastó con ponerse sin volver la cara ni desmayar para dominar viajes fortísimos. El repertorio de Lagravére -el quite del Zapopán, la serpentina, rarísima a dos manos, su descaro entre espontáneo y artificioso- no trasciende tanto en una plaza como la de Madrid -un tercio de aforo, público de verano- como pueda hacerlo en ambientes de menor exigencia.

La novillada, por lo demás, fue bastante entretenida. Los dos utreros del hierro del Puerto de San Lorenzo -cuarto y quinto- que completaron la corrida de solo cuatro de La Ventana  tuvieron cuajo y plaza, y más nobleza que poder. Los cuatro de La Ventana, dos de procedencia Jandilla y otros dos de Aldeanueva, fueron de interés. Como se ha perdido la costumbre de ver toros brochos, llamó la atención el tercero, que lo fue y llamativamente, y tuvo además calidad y son del bueno. El primero, muy distraído, fue el de apuntes más discretos. El bravo segundo, a falta de un puyazo en serio, se retrató de bravo. Y el sexto, colorado, muy serio y bien hecho, jugado cuando empezaba a descorrerse el velo del eclipse, fue sencillamente extraordinario.

Postdata para los íntimos.- Asocié la luna clamorosa con la tortilla de patas del NewTrujal de Pamplona. Se me hizo la boca agua. El agua de Marte, tan profunda. (En tren por la Bureba camino del Iraurgui)

Última actualización en Sábado, 28 de Julio de 2018 21:27