TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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ALGECIRAS, CADIZ. Crónica de Barquerito: "El Juli salva los muebles"

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Una descastada corrida de condición muy pobre de Zalduendo y solo un noble segundo toro de sencillo manejo. Con él firma Julián una esmerada faena de cierto vuelo.

Algeciras (Cádiz), 28 jun. (COLPISA, Barquerito)

Jueves, 28 de junio de 2018. Algeciras. 3ª de la Feria Real. Lleno. Estival pero suave, ventoso en la primera parte. Dos horas y diez minutos de función. Seis toros de Zalduendo (Alberto Baillères). Morante, pitos y silencio. El Juli, dos orejas y saludos. Roca Rey, aplausos en los dos. Javier Sánchez Araújo y José María Soler, algecireños de cuna, prendieron buenos pares muy celebrados.

LA PLAZA A TOPE, ambiente de fiesta, el sol y la luz de Algeciras, pero nadie contaba con que el viento fuera a soplar tan sin piedad. Poniente, tan poco amigo de las corridas de toros. Morante fue el primero en sentir los estragos del viento. Las ráfagas más fuertes entonces. Revolado el capote, lances enganchados y pesados. Carretero, que lidió, le bajó los humos al toro, lo fijó y sometió. Pronto pero brusco, el toro echó la cara arriba y a Morante, descubierto siempre, le costó acomodare desde el arranque mismo de una faena circunstancial, escamada, muy breve. Media estocada atravesada, muerte lenta, se enfadaron los paganos.

 

El Juli se encontró con el favor del público con solo bajarle de salida las manos al segundo de corrida. A rastras casi el capote en poderosos lances cortos abrochados con una hermosa larga enroscada. La versión tan de Julián de la media revolera. El viento se colaba casi tanto como antes pero no renunció El Juli ni al quite: cuatro airosas chicuelinas, media verónica y, cosida con ella, su media revolera particular, muy jaleada. Faena, luego, de determinación inmediata. En cinco doblones genuflexo quedó el toro planchado y gobernado. Dueño del negocio El Juli, las debidas cautelas a cuenta del viento, y más firmeza que ajuste, rico temple. Faena a más, con su sello de ambición y sus pequeñas joyas de toreo al natural bien tirado, de caro compás. Antes de la igualada, un bucle de circulares invertidos y, como en casi todos los broches de tanda, espléndidos pases de pecho, de los de barrer a placer el lomo del toro, tan entregado. Se dio la gente por pagada y se reclamó una segunda oreja tras estocada a volapié sin puntilla precedida de vómito y muerte muy resistida. Toro muy noble y mejor tratado. Gesto suficiente y feliz de El Juli, tan empeñado en esa baza.

Acochinado -cabezón y sin cuello-, el tercero no tuvo la fina traza de los dos primeros. Aplomado ya de partida, apenas se empleó en los lances de saludo de Roca Rey, tampoco en el caballo, desganado en banderillas. Una tanda de Roca Rey por banderas ligadas sin ceder ni un palmo fueron falsa promesa de fondo de toro, que en seguida se resolvió en meros cabezazos. Topetazos en corto. Dos veces se vio desarmado Roca Rey con violencia. Tocó abreviar. Una estocada hasta el puño.

Llegó la pausa de diez minutos de merienda. Otros diez se habían llevado el paseíllo y sus maniobras. Regaron la arena con la manga clásica. La boca de riego en el platillo. Y se echó el viento casi del todo. El cuarto de corrida, muy en el tipo Jandilla, salió con pies y alegría, y pareció que, pero no. Dos apuntes de lance de Morante, media docena de muletazos por alto bellos de ver, un recorte de repertorio, medio abanico, uno de la firma y el gesto algo contrariado del torero de la Puebla, muy seguro y breve con la espada.

Deslucido el cuarto, peor el quinto, que derrotó por la derecha en son de protesta y se soltó por la izquierda en renuncio incurable. Terminó rajadito. El Juli firmó un raro quite: mera media verónica a cámara lenta. Dos bonitos muletazos por delante en la apertura de faena y, luego, tan solo intentos en vano. Dos pinchazos, una estocada buena y un descabello. En el arte de descabellar sigue siendo El Juli certero maestro.

Basto y badanudo, el sexto salió al trote cochinero, escarbó, se frenó a engaños y buscó hierba. Se pidió su devolución. Se escupió de un picotazo corrido y, sin embargo, tomó con genio bravucón una larguísima vara. Encelado con el peto, no se despegaba de él. Recostarse lo aliviaría, trataron de colearlo, ni así. El mismo toro tan protestado era de pronto un espectáculo. Después de soltado, todavía se arrancó a caballo vuelto, se blandeó y recargó, y ahí se dejo todo lo que llevara dentro, que no fue demasiado. Media docena de viajes templados, volvió contrario, se rindió en seguida, terminó afligido y rajado. No se aburrió Roca, pero no tuvo más remedio que cortar por la sano y matar con pericia.

Postdata para los íntimos.- Qué luz!

 

Última actualización en Viernes, 29 de Junio de 2018 22:14