TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Octavio Chacón ratifica su categoría"

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Dos lidias y dos faenas de carácter, valor y cabeza. Corrida despampanante de Montalvo, de seria conducta. Prometedora confirmación de Tomás Campos. Javier Cortés sigue ganando enteros

Madrid, 24 jun. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 24 de junio de 2018. Madrid. 45º festejo de la temporada. 7.000 almas. Muy caluroso, 37 grados, banderas a plomo. Dos horas y media de función. Seis toros de Montalvo (Juan Ignacio Pérez-Tabernero). Octavio Chacón, ovación y vuelta tras un aviso. Javier Cortés, saludos y vuelta. Tomás Campos, que confirmó la alternativa, palmas tras un aviso y ovación.

LA CORRIDA DE Montalvo fue toda cinqueña. Los seis. Tres de ellos, tercero, cuarto y sexto, de cuajo espectacular y particular hondura. Al sexto, que, igual que el cuarto, rebasó la linde de los 600 kilos de tablilla, lo aplaudieron de salida. Una hermosura: cuello, cabeza, cara, morrillo, pechos, manos cortas, negro zaino y lustroso. Uno de los toros más bellos vistos este año en Madrid. Para tercero y cuarto las palmas sonaron en el arrastre.

 

Los tres impusieron. No solo por su impecable trapío sino por su carácter de fondo. No fueron toros sencillos al uso, pero tuvieron trato los tres. Una señora corrida. Solo el quinto, siendo más que legítimo, desdijo por comparación, pues el primero, ancho y abierto de cuna, anduvo cerca del nivel de los tres de más distinguido escaparate, y el segundo, el más bajo de agujas del sexteto, barría la arena con las tupidas borlas del rabo, señal privativa de la procedencia Jandilla. Salvo el quinto, que se escupió de un primer picotazo, todos pelearon bien en el caballo.

El primero dejó charcos de sangre después de picado; el segundo acudió de largo, pero ligeramente corrido a dos varas muy guerreras; el tercero, muy astifino, tardó en ver caballo y animarse; el cuarto se dolió, pero no se fue; el sexto fue en varas el de mejor nota. Todos sin excepción se vendieron caros. La seriedad de la estampa fue el correlato de la seriedad de fondo. Los hubo escarbadores: dos de los tres galanes, tercero y sexto; un cuarto, tremendo el colgajo, brutal badana, hizo amago de rajarse a tablas, su querencia, pero en tablas quiso engaño con sorprendente son; el quinto, que, suelto del primer muletazo, emprendió al trote el camino de la puerta de toriles, tuvo en los medios aire de buen embestir, humillar y repetir. Un variado concierto, por tanto. Y un notable espectáculo. Habría lucido el triple en una fecha de San Isidro y a plaza llena. Solo un tercio de plaza. Y un calor sofocante.

Era, por lo demás, y antes que nada, una corrida de prueba y examen. Todo a la vez. La tarde tan notable de Octavio Chacón en la feria con la corrida de Saltillo fue la razón mayor de esta corrida con la que no se contaba antes de proclamarse Chacón uno de los tres toreros más reconocidos de todo el abono. Por él fue la corrida. Con un cartel de interés y nombre de refresco y méritos -Javier Cortés, la confirmación de alternativa de Tomás Campos- y, en fin, toros de los no consentir errores. La edad, en el toro de Montalvo, es un grado.

A Chacón lo sacaron a saludar al romperse filas. Lo celebraron cuando volvió a dejar más que probado su talento y sentido de la oportunidad como lidiador: dos primeros tercios que duraron un suspiro, pero cargados los dos de contenido, valor, torería y sentido común, y en los dos fueron puestos de largo al caballo los toros. Se celebró todavía más su temple y gusto tan original al torear a la verónica de salida con asiento preciso, bien abierto el engaño, el cuerpo vencido como parte del lance, y se subrayaron en especial lances de remate, como un par de revoleras de extraordinario vuelo, las medias a pies juntas del repertorio clásico y las tronchadas y abelmontadas siempre heterodoxas.

No se vieron pero fueron notables sus toques de lejos para sujetar y fijar sus dos toros de lote. Con los dos se acopló en sendas faenas de muleta de claras ideas, mucha resolución, encaje indiscutible y muy preciso gobierno. Gobierno de las embestidas -ni un enganchón- y gobierno de los terrenos y tiempos. El final de la faena del cuarto, en tablas, fue antológico por su riqueza de recursos. Muy bonitos los muletazos de recorte, los de pecho también. La seriedad, la espontaneidad campera tan visible en las salidas de la cara del toro. Un pinchazo antes de una estocada con vomito en el toro de la devolución de trastos; y una entera desprendida con dos descabellos, muerte lenta, un aviso. Estuvo la gente más fría de lo previsto. Pero el retorno tan bien ganado de Chacón vino a ratificar y encarecer su valía.

Sin pretenderlo, por lo demás, el torero de Prado del Rey fue protagonista. No tanto como la tarde de los saltillos, porque, entre otras cosas, Javier Cortés y Tomás Campos firmaron muchas cosas buenas, bellas y de mérito. Tomás, discípulo indisimulable del legado de pureza de Diego Urdiales, con quien se viene formando hace algún tiempo, acreditó valor sereno y sentido del toreo, se ajustó muy en serio, fue muy dueño, torero de calma. Muy linda su manera de torear con la izquierda. Solo que el primer toro, que acusó el efecto de tres estrellones contra tablas, se aplomó y, siendo noble y de fijeza, tardó en romper por su mano buena, la izquierda. Con el impresionante sexto se fajó sin temor ni duelo en faena de emoción, pero sin remate con la espada. Cortés -el modelo Chenel en la cabeza- abrió de jaque faena con el segundo -de largo, en los medios- y pagó el gesto porque el toro, de fuertes ataques, no pedía distancia sino tacto y dominio. Hubo que perderle pasos. Notable muletazos sueltos. Una tanda última excelente. Y una faena, la del toro que supo torear a contraquerencia que tuvo por la mano izquierda, grave primor, temple y firmeza. Y el sello de una llamativa facilidad, que se traduce en naturalidad sin artificio. Buen torero.

Postdata para los íntimos.- San Juan (Bautista). Me bautizaron en la parroquia de San Juan de Renueva, León, cerca de la estación del tren de Matallana, que luego no sé si vi agonizar o volver a nacer. De carbonilla. ¿Alta velocidad? Nein, mein liebe Angela (Merkel)! En Suiza te echan a patadas de un tren como se te ocurra hablar por teléfono. O te meten en la cárcel. Las cárceles suizas son hoteles de tres estrellas. Vi amanecer esta mañana desde mi sexta planta del Méndez Núñez. Aquí amanece azul clarito y violeta. Luego te ciega el sol de Argel.

Esta mañana, en vagón silencio desde Alicante, pero son muchos los que no apagan el móvil, y lo hacen impunemente. De camino a la estación, paseo desde la Rambla a la avenida Mayssonave, descubrí que un casal de Hoguera era un tranvía de aquellos que bajaban de Benalúa a la orilla del mar. La estación de Alicante es un buen zoco. A la puerta, uno de eso ficus gigantes. Si te cae una hoja en la cabeza, te la puede partir. He leído en el Infomación que los ficus de la plaza de Gabriel Miró podrían estar enfermos.

De los juampedros de ayer en Alicante, pan con chocolate, a los montalvos de fiero gesto de esta tarde en Madrid. Esta noche se queman en Levante los trastos viejos. Como los malos recuerdos.

 

 

Última actualización en Domingo, 24 de Junio de 2018 21:52