TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Una faena antológica de El Juli"

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Y un toro extraordinario de Alcurrucén. Conjunción plena, un clamor constante y creciente y un desafortunado remate con la espada. Solo cuenta media corrida.

Madrid, 24 may. (COLPISA, Barquerito)

Jueves, 24 de mayo de 2018. Madrid, 17ª de San Isidro. Corrida de la Cultura. El ministro de Cultura, en una barrera. No hay billetes. 24.000 almas. Cubierto, revuelto y ventoso. Dos horas y diez minutos de función.

Seis toros de distintos hierros. Primero y sexto de Victoriano del Río. Segundo y tercero de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano). Cuarto y quinto de Justo Hernández Escolar. El uno, con el hierro de Garcigrande; el otro, con el de Domingo Hernández. Mano a mano. El Juli, ovación, una oreja y saludos. Ginés Marín, silencio, saludos y silencio.

Agustín Navarro, que hizo la suerte con pureza, se agarró con el sexto en dos soberbios puyazos. Brillante en brega y banderillas José María Soler.

LA HISTORIA DE la corrida fue, con un sobresaliente toro de Alcurrucén, tercero de sorteo, una faena de El Juli rotunda, inspirada y redonda, de llamativa abundancia -ninguna tanda de menos de seis ligados, y fueron unas cuantas- y tanta resolución como firmeza, asiento y gobierno. Un derroche de ideas que manaron en catarata de principio a fin. Y la inteligencia de El Juli, que dejó de ser novedad hace más de veinte años.

 

No había terminado el toque de clarín y ya estaba entre rayas y tablas El Juli metido en harina y danza, y enredado y templado el toro en solo los dos primeros doblones genuflexos, uno a suerte cambiada y otro en la natural. Cuando calló el clarín, estalló la gente, y a lo grande se subrayaron esos dos primeros muletazos de apertura y la madeja de cinco más de varia traza que cosidos con ellos siguieron después. La plaza boca abajo.

Sin pausa ni premura, El Julo se abrió al tercio y, a pesar de un ligero viento, cuajó la primera de sus tandas escolásticas en redondo, de seis y el cambiado, ligadas de verdad y no en carrusel, de muy fino ajuste. Todavía mejor fue una segunda de seis abrochada con un cambio de mano y el de pecho. El cuerpo le pidió a Julián abrir algo más el toro y, no en paralelo con tablas, sino en la perpendicular, para con la izquierda enganchar por delante y traerse el toro en los vuelos y echárselo casi encima. El ajuste fue sobresaliente, y tal que salió Julián atropellado por las zapatillas e inerme. Ileso también.

Emociones aparte, la reacción fue de torero: el desplante como suerte de recurso. La tauromaquia añeja. Solo una sabia pausa, un breve respiro, antes de volver El Juli a la mano diestra y a un cambio de mano con natural enroscado y ligado con el obligado de pecho. Más envenenado si cabe -la ebriedad del toreo-, El Juli se sintió llevado del fervor de la gente, porque no ha habido en toda la feria una faena celebrada con semejante clamor. El final de faena fue muy bello. Roto El Juli, muy dejado de sí. Otro desplante antes de la igualada, alguna duda a la hora de cuadrar, un nuevo desplante y, el brazo por delante, media estocada trasera y sin muerte. Un descabello. Un mar de pañuelos.

El toro, que estaba vuelto de salida y llegó a volverse antes de asomar, muy astifino, hechuras muy armoniosas, recibió en el arrastre una ovación de gala. Con solo una oreja se arrastró y no sin las dos. Pero entrará en la colección de toros memorables de Alcurrucén, que es tan larga. La vuelta al ruedo de El Juli tuvo aire apoteósico. El Juli estaba empeñado en celebrar en las Ventas sus veinte años como matador de alternativa. El empeño estuvo a punto de irse al traste.

Hasta que cuajó la idea de una corrida propiamente mixta -de tres ganaderías distintas- y un mano a mano con Ginés Marín que se había prometido como un desafío y no lo fue. Solo en la réplica que en quites del primer toro dio Julián a Ginés pareció sentenciada la partida. No fue, por chicuelinas, un quite especialmente logrado pero la impresión fue transparente: de no perdonar.

A partir del quite, Ginés pareció sentirse derrotado. O arrepentido de haber lanzado el guante. O haber aceptado un reto que se puso cuesta arriba por todo: en tarde muy ventosa, la muleta diminuta y sin apresto de Ginés no estuvo apenas dominada y, sin defensa, el torero de Olivenza anduvo a merced no del toro pajuno y sin fuelle de Alcurrucén que mató por delante pero sí de los otros dos de sorteo: un cuarto de Garcigrande que galopó en serio pero antes de rajarse protestó mucho al no ir sometido, y lo cogió muy feamente sin herirlo, y un gigantesco sexto de Victoriano del Río, cinqueño, bravo en el caballo, bondadoso y con fijeza, pero que no quiso al torero ni tan encima ni tan por fuera

Tras el arrastre del gran tercero pareció terminarse la corrida, porque el último de los tres de El Juli, cinqueño de Domingo Hernández, estrecho de sienes y muy montado, se lesionó en no está claro qué momento y, descoordinado, se tambaleaba, pero se metía por dentro y por debajo. De Victoriano del Río fue el primero de corrida. El Juli le encontró el cómo. Hasta que, encogido, metió el toro la cara entre las manos.

Postdata para los íntimos.- De los tomates de Almería tuve ayer por la mañana excelente noticia en un reportaje de Radio 5 TN, que es mi emisora predilecta y mi más fiable compañía. Hay reportajes de todo pelaje y la red de corresponsales de Radio Nacional se esmera. Yo creía saber algo de los tomates hasta ayer por la mañana. Y entonces aprendí, de boca de un doctísimo agricultor de la zona de Níjar o de Andarax -es que habló de las dos cunas del tomate de Almería- aprendí que los tomates del país se dividen en cuatro grandes categorías y cada una de las cuatro en subcategorías varias según la estación. Porque el tomate de Almería era fruta de una sola estación -.la primavera adelantada- hasta que una prueba del año 62 o 63 dejó claro que se podían hacer dos cosechas. Y las dos igual de buenas. El tomate pera, el arrugado, el de toda la vida y unas cuantas cosas más. Se le hacía la boca agua al sabio tomatero. Y a mí. Parece que el tomate de la tierra se exporta a medio mundo y que el sol de levante y el frío nocturno se conjugan para que la pieza no se seque nunca. Hasta la hora de romperse en la boca como un maná.

 

Última actualización en Viernes, 25 de Mayo de 2018 10:33