TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Un gran toro de Valdefresno"

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Llevaba en los corrales de las Ventas dos meses, se había enchiquerado de sobrero en la feria varias veces y completó la corrida de El Ventorrillo. Honores el encaste Atanasio.

Madrid, 22 may. (COLPISA, Barquerito)

Martes, 22 de mayo de 2018. Madrid. 15ª de San Isidro. 17.000 almas. Primaveral, templado, encapotado, cielo despejado en los dos últimos toros. Dos horas de función. Cinco toros de El Ventorrillo (Fidel San Román) y uno -5º- de Valdefresno (José Enrique y Nicolás Fraile) que completaba corrida. Curro Díaz, silencio y aplausos. Morenito de Aranda, silencio y silencio tras aviso. David Mora, vuelta y silencio.

Germán González se agarró bien en varas con el cuarto. José Antonio Carretero, lesionado cuando iba a prender al tercer el par de cierre de tercio. Ángel Otero lidió a modo los dos toros de Mora, tercero y sexto. Óscar Castellanos, que suplió a Carretero, le puso al sexto pares de mucho mérito. Dos brillantes pares de Andrés Revuelta.

NO HA HABIDO TARDE de San Isidro sin toro que llevarse a la boca, Al menos uno. Incluso en las corridas más desabridas o menos propicias. En esta baza de juampedros de El Ventorrillo, tan desigual, los honores vinieron servidos por la calidad, la estampa y las gloriosas hechuras de un toro de Valdefresno, quinto de sorteo, que completó corrida. Un toro Campanero, cinqueño, 550 kilos, hondo y largo, corto de manos y bajo de agujas, cuajo impecable, cuello fantástico, que había entrado de sobrero en varios festejos de feria.

Parece que llevaba en los corrales de las Ventas dos meses. Cuentan que fue sobrero en la inauguración de temporada, cuando la primera de las dos corridas de Victorino apalabradas para Madrid. Los resabios del toro corraleado y más de una vez enchiquerado suelen hacerse patentes y exageradamente ostensibles. Salvo por una mínima carrera inicial lamiendo tablas hacia chiqueros, no fue el caso de este hermoso ejemplar de Valdefresno, en la línea de mejor nota de la ganadería. ¡Aquel toro de Silveti en Fallas, oh…!

Un atanasio al aparato, y un atanasio muy notable. Por la forma de galopar. O de correr de partida con ritmo y ganas cuando, todavía frío, se atuvo a la ley de salida de su encaste, la ley del toro abanto. Morenito de Aranda debió de ver el aire del toro antes que nadie, pues, luego de un sencillo recibo de lances limpios entre rayas, se plantó en los medios para dibujar en el mismo platillo dos delantales preciosos y rematar con larga airosa. El logro más brillante de capa de toda la tarde. Se arrancó de largo el toro al caballo; marró, rectificó y se pasó de castigo dañoso un picador a la defensiva.

En el quite entre varas Morenito pegó muchos capotazos voceados. Un segundo puyazo cobrado fuera de límite pretendió camuflar la clase del toro, que se soltó solo una vez: en el remate por alto de un ajustado quite de David Mora por chicuelinas. Morenito replicó a la verónica, dos y una gran media, de bello dibujo. Tan traído y llevado, y tan mal picado, el toro amagó con renquear antes del quite de réplica. Aguantó. Y galopó en banderillas. No fue en la muleta todo lo apuntado, visto y esperado, pero fue. Prisas de Morenito en un arranque resuelto de faena, pero una faena que abundó de partida más en la filigrana que en el gobierno templado. Mas la forma que el fondo del asunto. Antes de llegar a calentar ya se había enfriado la cosa. Exceso de cambios de mano en mitad de tanda, medios muletazos, un par de claudicaciones si el toro no venía prendido, más de un tirón. Y adiós toro. Un pinchazo, media defectuosa, tres descabellos, un aviso. Ni una palma en el arrastre.

Los tres de terna toreaban su segunda tarde de abono y cumplían feria. Las circunstancias: cuatro toros cinqueños, entre ellos, el de Valdefresno y un cuarto de tremendo remate, grandísimo pájaro negro tizón que llevaba la edad pintada en la expresión o el gesto, se empleó en el caballo con bravura legítima, cobró en varas y salió mermado e incierto del castigo, pero galopó en banderillas.

Nada sencilla la papeleta. Curro Díaz la resolvió con su resolución habitual. Áspero al tomar engaño, el toro acabó obedeciendo, y Curro templándose en un trato suave pero poderoso que tuvo por cima dos tandas ligadas en redondo. Ninguna de los dos tuvo eco. Ni siquiera en los puntos de la plaza donde tan querido se ha sentido de siempre Curro. No contó ni la entrega, que la hubo. O el no esconderse. Le afearon que apuntara al cielo con la punta de la espada antes de irse tras ella con fe.

Los otros dos cinqueños, tercero y sexto, fueron dos juampedros clásicos, sin rematar de cuartos traseros, muy descarado el último, bien hecho el otro. No se sabe con qué criterio se hicieron los lotes. El de Curro fue el más duro de tragar. El de David Mora, el más claro. En el de Morenito, junto al valdefresno, un ventorrillo anchísimo de pechos y popa que se paró y apagó enseguida. Más dispuesto que seguro David Mora con el tercero que, justo de fuerzas, metió la cara por la mano derecha. Los cuatro ayudados por alto con que David buscó la igualada, cosidos con uno de pecho y un recorte a pies juntos se celebraron con ruido. Por salirse de pauta trillada. Y una estocada muy valerosa. El sexto, de malos apoyos de manos, muy sacudido, 530 kilos de tablilla, fue protestado. Llamaron cabra al toro. Ya quisieran las cabras. No contó nada. El toro que partió plaza, castaño lombardo, remangado y reunido de cuerna, muy serio, pegó muchos cabezazos, acusó dos puyazos traseros que cobró cabeceando y blandeándose, y más de los mismo hizo en la muleta. Se revolvió artero. A este lo tumbó Curro Díaz de estocada desprendida sin puntilla, Y al otro también, pero sin desprender.

Postdata para los íntimos.- La arena de las Ventas, que no es de albero y en parte por eso drena tan bien, parecía esta tarde una alfombra. Como una playa al amanecer. Antes de que las gaviotas se pongan vivas.

La invenciòn de las dos rayas de picar, que no es tan antigua como pueda penarse, tiene un lindo efecto estético, porque los círculos concéntricos cumplen con las leyes de la proporción áurea. Ese empeño por repintar las rayas a mitad de corrida, impuesto por el reglamento, es gratuito, pero devuelve al círculo su doble sentido. En Sevilla, ruedo no circular, el efecto es todavía más sensible que en Madrid. Las rayas de la Maestranza se pintan con cal teñida de almagre, y el juego del almagre con la arena de albero -de albero de Alcalá del Río- es espléndido, una pintura todavía más valiosa que la fría geometría de la proporciòn áurea, cuestión capital en la estética del toreo. "Pero sigues hablando de Morante a esta alturas de la noche...?"  Es que Morante fue quien hizo aplanar el ruedo de las Ventas. Para que los toros no fueran ni cuesta abajo ni cuesta arriba. En las rayas de cal de Madrid patinan muchos toreros. Se resbalan.

Los coreanos -y las coreanas- siguen fieles a los toros. Suelen resistir la corrida entera. Las normas protocolarias obligan a los japoneses a salir de la plaza en cuanto empiezan a  repintar las rayas de picar. Creo que hacen bien. Las razones del polvo de arroz. En los toros los coreanos se cansan pero si un coreano ha pagado por ver los toros, hasta el último se queda. Un mar como el de Japón separa dos culturas muy distintas. Y un paralelo separa las dos Coreas.en Norte y Sur. Me llamó la atención esta tarde una dama coreana que tenía sentada en un tendido casi debajo del palco de prensa. Llevaba un tocado de diseño inglés -con velo y bucle- y un vestido de gasas grises tan elegantes que pensé que era una rezagada de la boda del pasado sábado en Windsor Castle. No paró de hacerse fotos. De hacerse hacérselas En Sevilla las mujeres van a los toros muy bien vestidas. Da gusto verlas. En los tendidos de sombra. En Madrid se ha perdido esa costumbre. Aquella elegancia mayúscula de Dolores Aguirre....
Última actualización en Miércoles, 23 de Mayo de 2018 20:53