TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Méritos de Joselito Adame en una valiosa faena de recursos"

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Y una oreja de un toro huido y suelto de Alcurrucén. Dos primeros toros espléndidos y de categoría, pero una corrida excesivamente desigual de los hermanos Lozano

Madrid, 19 may. (COLPISA, Barquerito)

Sábado, 19 de mayo de 2018. Madrid. 12ª de San Isidro. 22.000 almas. Primaveral, nubes y claros, a plomo las banderas. Dos horas y diez minutos de función. Cinco toros de Alcurrucén y uno -6º- de Lozano Hermanos (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano). Curro Díaz, saludos y silencio. Joselito Adame, silencio y una oreja. Juan del Álamo, silencio y silencio tras aviso. Óscar Bernal picó muy bien al quinto en la puerta. Brega buena de Tomás López con el segundo. Pares de mérito de Miguel Martín, Roberto Jarocho, Domingo Siro y Fernando Sánchez.

CINQUEÑOS LOS CINCO toros de Alcurrucén y cinqueño también el toro del hierro de Lozano Hermanos que completó corrida, la de más promedio de edad de toda la feria, pero la de menor promedio de peso. Y la de más desiguales hechuras. Los dos primeros fueron de una seriedad particular. Trapío, cara y cuajo por encima del resto. Toros de riguroso, esplendido escaparate.

Las cuadrillas rompieron la costumbre de reservar para la segunda parte los toros con más plaza, y los que completaron lote con los dos primeros parecieron por contraste poca cosa. El cuarto lucía dos cuernos muy respetables, pero el hábito no hace al monje y… Y el quinto, de triste expresión, pues casi lo mismo. El lote sobre el papel más grato fue el de Juan del Álamo, pero las apariencias engañan o confunden. Una preciosidad el tercero: salinero de pinta, bajo de agujas, sacudido pero badanudo, un cromito. Frenado, apalancado, brusco y distraído, fue el menos ganoso de todos y el único que murió de manso barbeando las tablas.

El sexto fue, como los dos primeros, peso pesado -570 kilos- pero, abrochado, mazorcas gruesas, no tuvo para nada el remate de cualquiera de los otros dos. Hay anunciados ocho toros más de Alcurrucén en la feria. Para compromisos de mayor cuantía: dos en el mano a mano de El Juli y Ginés Marín, y seis en la Beneficencia, con Ferrera, Perera y el propio Marín. Cualquiera de los dos primeros alcurrucenes de esta baza habría cabido como capítulo mayor en cualquiera de esas dos otras corridas.

Esos dos primeros, con su aire de toros de Bilbao -donde se han jugado corridas de Alcurrucén de muy alta nota casi por sistema-, fueron los dos únicos que se emplearon en el caballo. Peleando pero también soltándose. Todos los demás se blandearon sin excepción. El sexto se escupió de cuatro picotazos. El son tan distraído de salida es parte de la sal de la ganadería y de enaste Núñez de origen. Como el dolerse al hierro de la puya o el volver contrario. O el interés muy justito por los capotes de grana y oro. En banderillas empieza a cambiar el signo y en la muleta el toro es otro.

Lo fue ese sexto, que metió la cara por la mano derecha y solo pasó que Juan del Álamo decidió cambiarse de mano cuando con más cadencia estaba toreando por el pitón dulce. Lo fueron los dos primeros, que dieron tan buen juego. Caro el primero por el pitón izquierdo, pero pidiendo distancia, pero Curro Díaz optó por el otro, que es el de su mano buena, y por ella regaló sus chispazos y su garbo, solo que en faena de son menguante. Un tropezón al salir del primer muletazo con la izquierda se saldó con una voltereta salvaje: del suelo lo recogió y empaló el toro para lanzarlo por el aire. No fue el toro sino un azar fortuito, y la mano mejor del toro apenas se vio. Nada más que en un brevísimo final de faena.

El segundo vino planeando por la diestra y Joselito Adame, brillante en el arranque de faena en una madeja de ocho pases, estatuarios los cinco primeros, se animó en una tanda en distancia corta pero lograda. Cambio de mano precipitado: tocó perder pasos por la izquierda, se torció el signo de la faena, Adame la retomó, pero, sin faltar los vivas a Aguascalientes, con un corito de censuras. Una estocada notable.

La faena mayor de la tarde llevó la firma de Adame, de su oficio y su buena cabeza, de su listeza no nueva y de su sentido del toreo para buscar, encontrar, encauzar y gobernar las embestidas del quinto toro, que estuvo huyendo de su sombra hasta el momento de sentirse, frente a toriles, en su querencia. Incluso en querencia pretendió soltarse de engaño.

Adame lo obligó, la muleta puesta, la salida tapada, la planta posada, los brazos sueltos, la mano baja. El efecto fue singular, porque, con su manso estilo, el toro llegó a tragarse ocho y hasta diez de tanda, que fueron tres muy vibrantes. Gran jaleo. Muy bonitos los cuatro muletazos de igualada, abrochados con el de pecho, y una estocada de pan y tomate. Petición mayoritaria, una oreja a ley ganada. El cuarto, que tuvo de bravo la prontitud, pegó muchos taponazos. Sin el golpe del riñón imprescindible para el famoso tranco de más de los núñez. Pasó página a la fuerza Curro Díaz, que vuelve el martes.

Postdata para los íntimos.- De vuelta a los paisajes urbanos del ferrocarril y al despilfarro de los soterramientos, una breve recapitulación, Como el dinero escasea, será de justicia que, antes de soterrar las vías del tren de Atocha a Fuenlabrada o lo que todavía queda del llamado Pasillo Verde Ferroviario de Madrid -operación llena de trampas inmobiliarias-, se destinaran partidas preferentes a la línea de Canfranc, que es el sueño imposible de todos los aragoneses bien nacidos, que son la inmensa mayoría. O a la segunda parte del Canfranero -el tren de Zaragoza a Canfranc- que es el tren de Zaragoza a Teruel, y de Teruel a Valencia. El castigo de Teruel: ser la única capital española peninsular de provincia que no está unida sin transbordos a Madrid por vía férrea. No culpemos a Hartzenbusch de todos los males de la patria. Teruel también existe, dice un eslogan que se pretende poema maldito.

Por no hablar del problema ferroviario de Extremadura, que es tierra paraíso. Y lo sería más con tren. Como aquel de la Plata que subía desde Mérida a Salamanca y Gijón, y donde llegué a viajar ya medio maduro. Todavía te ofrecían compartir comida los viajeros de departamento. "¿Gusta...?" "¡Que aproveche...!" (Me moría de hambre, pero...)
Y el tren de Calatayud a Ciudad Dosante, y su segunda parte hasta Castellón. Y el de Valladolid a Ariza. Y el de Soria a Castejón. Y el tren de Almorox, donde Domingo Ortega, en dos capeas brutales de agosto, se convenciò de que podía ser figura del toreo. En 1929.
Papá, ven en tren. A Teruel. No me soterréis. Bajo tierra pienso seguir clamando como un grillo. He leído en El Progreso -de Lugo. que las estaciones del tramo entre Vivero y El Ferrol empiezan a ser abandonadas. Y los trenes no paran. Están tristes las vacas, no dan leche.
Última actualización en Sábado, 19 de Mayo de 2018 20:58