TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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MADRID. Crónica de Barquerito: "Tres toros distinguidos de Baltasar Ibán"

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Francisco José Espada, premiado con la oreja del tercero. Sergio Flores cumple bien con un descarado segundo. Alberto Aguilar se despide de Madrid con un notable cuarto

Madrid, 13 may. (COLPISA, Barquerito)

Domingo, 13 de mayo de 2018. Madrid. 6ª de San Isidro. 14.000 almas. Soleado, fresco, algo ventoso. Dos horas y diez minutos de función. Seis toros de Baltasar Ibán. Alberto Aguilar, silencio y silencio tras aviso. Sergio Flores, saludos y silencio. Francisco José Espada, una oreja y silencio tras dos avisos.

El Legionario picó al sexto por derecho y se celebró el detalle. Brega buena de Raúl Ruiz y José Daniel Ruano. Notables pares del propio Raúl, el Tito Robledo y Jesús Arruga.

DE HECHURAS DESIGUALES, la corrida de Baltasar Ibán salió muy seriamente armada. Los dos primeros, bajos de agujas, escurrido el uno y llamativamente corto el otro, fueron toros muy descarados. Puro nervio los dos. El primero, muy geniudo, se blandeó en el caballo, esperó y cortó en banderillas, escarbó, midió y se frenó por sistema. Un toro muy difícil. El segundo, que se volvió de salida, galopó de partida -lances seguros de Sergio Flores para fijarlo y sacarlo de rayas afuera- y al caballo de pica acudió al galope también y pronto. Se agarró demasiado trasero un picador tan certero y preciso como Óscar Bernal. Una segunda vara trasera y demasiado severa vino a resultar algo lesiva.

 

Codicioso, fijo en los engaños, bravo estilo, este segundo resultó el más noble y el de más alegre son de la corrida. Fue el primero de lote de Sergio Flores, tantas veces de novillero en las Ventas cuando alumno distinguido de aquella generación de mexicanos recriados y recluidos en Valdemorillo. No había toreado de matador de alternativa en San Isidro. Trastos diminutos: capote ligero, muleta mínima. Pero con esa muleta pequeña le pegó al toro del estreno muletazos bonitos, ligados en serio y en tandas cortas de ajuste y asiento. Molestó el viento en los momentos más inoportunos. Aguantó Sergio entero dos parones del toro antes del remate de pecho. Y, atracándose, una estocada contraria que bastó. Buena impresión, firmeza. El torero de Tlaxcala conserva intacta su espontaneidad tan original. Es torero expresivo.

El cuarto ibán, escupido de la primera vara tras blandearse con fiereza, pero entregado y encelado sin dolerse en una segunda larguísima, fue toro a más en la muleta y sacó nobleza parecida a la del segundo. No la misma elasticidad. También el tercero, cumplidor en el caballo, y bien picado por David Prados, fue toro de buen juego y repetidor. En el remate de un quite por tafalleras a ese tercero, Alberto Aguilar remató con revolera de alta escuela. Alberto tenía anunciada su despedida de Madrid, porque este va a ser el año de su retirada y ese lance fue, después de todo, la marca mejor de su adiós a las Ventas. El aire tan violento del primero, la casta antigua de toro digamos frío y calculador, no consintió ni el menor alarde. Al público brindó la muerte del cuarto, que tuvo gobernado en la muleta, pero sin propiamente templarse. Al toro, celoso por la mano izquierda, se le quedaron cosas dentro. Cuatro pinchazos, tres descabellos. Costó cruzar el fielato. Pesaría la pelea tan entregada del toro en la interminable segunda vara, saldada con medio derribo del caballo contra las tablas y un picador descabalgado e inerme. Un capotazo de Sergio Flores y otros tres de Raúl Ruiz resolvieron la situación. El quite de la tarde.

De pobre nota los dos últimos ibanes. Cuarto y quinto se llamaban igual, Lastimoso. Pues ningún parecido ni en pinta ni en son. Sí la traza de toros largos y lustrosos. El quinto no se empleó en el caballo y solo pegó en la muleta cabezazos. Se defendía y protestaba. En el lote de Francisco José Espada se juntaron los dos de más romana. 570 kilos le dieron al tercero. 560 al sexto, que se volvió de salida y atacó de partida con ganas, llenando plaza. No se había visto en toda la feria picar por derecho un solo toro. Moviendo el caballo y citando de frente. Lo hizo El Legionario, picador de dinastía, de la excelente cantera de piqueros de Salamanca. Y lo hizo en una vara, la última de la tarde, que se celebró. Por la belleza de la suerte.

No por la entrega del toro, que se repuchó y fue, al cabo, un saco de problemas: por revolverse, descomponerse, apoyarse en las manos y soltar tralla. Espada, que había andado lindamente entonado, inspirado y templado con el tercero en faena habilidosa, improvisada y segura, trató en vano de someter al sexto en cortísima distancia y cruzado. Imposible. Muy amargo el trago con la espada. Se empeñó en atacar contra razón en la suerte contraria, soltaba el engaño antes de clavar o reunirse, llegó a afligirse, sonó un segundo aviso. Un final inesperado.

Postdata para los íntimos.- En la puerta del metro -solo hay dos en la estación de Ventas- estaba el jueves un hombre repartiendo los programas de la feria que todos os años edita y regala La Giralda. El dueño de La Giralda, Carmelo Espinosa, fue novillero en los años sesenta. Si queréis verlo torear, acercaos a La Giralda de la calle (de) Hartzenbusch número 12. Toreando en un par de fotos muy expresivas y su nombre en carteles de la época. La Giralda debe der ser el único negocio de hostelería que respeta en Madrid la tradición de editar un pequeño tríptico a cinco tintas con todos los carteles de San Isidro. Llegó a haber cuatro Giraldas en Madrid. Una de ellas, la de la Avenida Donostiarra, se desgajó del tronco hace muchos años. Yo la conocí cuando daban lomo embuchado de Andújar en raciones muy generosas.."¿Y de dónde traen ustedes este lomito tan sabroso...?" No te lo decían. Eran matanzas caseras.
De las dos Giraldas de Hartzenbusch, la una estaba enfrente de la otra y Carmelo cerró la que menos le interesaba. La que sobrevive es una delicia. Calidad, precio muy razonable, pescado fresco, tranquilidad, no hay ruido. Limpieza. Fritura sin grasa. Si tiene un rato, Carmelo se para con los clientes taurinos. Es de José Tomás, y de José Tomás, y... Pero es fijo de las Ventas en un tendido de sombra. En Hartzenbusch se come sentado pero en carta, como dicen los ingleses, más casual. En La Giralda de (la calle de) Claudio Coello 24, barrio de Salamanca, amplio local, se come de categoría y en clásico: excelentes arroces, el caro marisco e Huelva o las Rías Bajas, las carnes, los quesos, las verduras y, sí aquel lomo de Andújar que tengo grabado en la memoria como un viaje a otro planeta. Hay que cortarlo muy finito. Como el jamón.
Hartzenbusch fue secretario perpetuo de la Real Academia Española. Erudición admirable. A su inspirada pluma se debe lo que algunos atrevidos llaman el Romeo y Julieta español. O sea, Los amantes de Teruel, que en paz descansen.

 

Última actualización en Domingo, 13 de Mayo de 2018 22:00