TOROSDOS

Se torea como se és. Juan Belmonte

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SEVILLA. Cuaderno de Bitácora de Barquerito: "Sus ostritas, caballero…"

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CdBitácora. 22 de abril, 2018. Sevilla

“Sus ostritas, caballero…”, dice un camarero. No a mí, sino a otro que se lo estuvo pensando mucho en la barra de La Moneda. La Moneda, en el Almirantazgo, es de los sitios de categoría del Arenal. La barra de las ostritas es de barco. La madera que la tapiza, también. Hay sitios de Sevilla que parecen tocados por una remota influencia británica, que ha dejado su impronta incluso en la manera de vestir los hombres, y los niños que se visten de señores con chaqueta y corbata y zapatos de postín.

No me las daré de culto, pero por una casualidad tuve que estudiar hace muchísimos años la correspondencia de Jovellanos y Lord Holland. Jovellanos era entones -finales del XVIII- intendente de Sevilla, tanto como un ministro. Lord Holland, el representante del Gobierno de Su Graciosa Majestad (Británica). Intimaron y mantuvieron correos de los de aquella época. No solo se contaban sus cuitas, sino que escribían tratados de todo. Jovellanos admiraba a los británicos por librepensadores. Lord Holland veía en la gente de Sevilla -en sus castas y clases- una representación perfecta del pueblo español y de su ascendencia sobre los pueblos de la Corona española en Ultramar.

 

Yo nunca le habría puesto un diminutivo a la ostra. El aumentativo -ostrón, ostión- sí procede, porque es mayor y, sobre todo, más basto. No parece de la misma familia. Las ostras gallegas cuestan el doble que las de Ayamonte. Por algo será. Me estuve pensando si pedirme el pisto marinero, pero lo ponen con huevo de codorniz, y no. Tenia intención de despedir la feria donde la mayonesa de Mariano García Romero, el Faraón de Canalejas. O sea, en el Donald. La terraza estaba llena. La barra, también. Arriba, tres mesas solamente. Es que la feria se acabó el sábado. Y la paliza del Sevilla en la final de copa - ¡5-0, 0-5! - ha dejado hecha polvo a la gente palangana, y sin ganas de comer ni de salir de casa.

No sabía que en el comedor del Donald hay un rincón dedicado a Jean Cau. Delante del mausoleo gráfico -fotos, retratos a carbón y plumilla- he comido lo de siempre: una copa de gazpacho receta de Camas y una merluza a la plancha con la famosa mahonesa, que se puede tomar hasta de postre. La mahonesa.  Y un flan. El Jean Cau joven o medio maduro parece un artista de cine. Un señor con arte hasta para mirar de frente a la cámara. Mirada profunda.

Las ostritas, sí. Y, luego, unas “arbondiguitas” de atún con salsa de Cantillana, que no he indagado más. Será una salsa naranjera. Porque Cantillana es todo naranjales. Desde la vía del tren a la finca de Manuel Ruiz, Manili, que toreaba muy bien y era, y es, un tipo de primera.

 

Última actualización en Lunes, 23 de Abril de 2018 10:37